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martes, 18 de septiembre de 2012

A CUATRO MANOS


Os dejo enlace a CASA DE CITAS, el blog de Manuel María Torres Rojas, donde hemos empezado un relato a cuatro manos, las dos suyas y las dos mías. Se sabe cómo y cuándo empieza. Cómo y cuándo acaba, es otra historia...

viernes, 22 de junio de 2012

DE OTRAS FUENTES

La revista especializada en safaris reales “Solo Cuernos”, en su último y documentado número dedicado a la nobleza, señala que con esta medida se pretende blindar la caza de estos paquidermos en España y conseguir que la UNESCO la declare patrimonio inmaterial de la humanidad. En aras de la transparencia, el jefe de la Caza Real, organismo que se encuentra detrás de la iniciativa, va a presentar al ministerio del ramo un amplio dossier donde, tras exponer las razones para esta propuesta, establece la hoja de ruta que debería seguirse para que esta noble actividad cinegética acceda en nuestro país a tan alta consideración internacional.

Según un sondeo de opinión realizado por tam-tam por el prestigioso instituto de opinión Detuprimo SL por encargo de la Caza Real, el 99,93% de los encuestados se muestra favorable a la medida e incluso estaría dispuesto a aportar dinero para que la nobleza y su entorno siguiera cazando a sus anchas, pero siempre que se realizara en el territorio nacional. Hay que recordar que nuestros antepasados eran ya diestros en la caza del mamut y otras bestias prehistóricas, y se trataría por tanto de poner en valor una actividad con arraigadas raíces e incorporarla sin complejos, una vez modernizada, a la marca España.

Expertos de ADENO (Asociación de Defensa de la Nobleza) una conocida organización conservacionista vinculada a la Caza Real, afirman que el elefante bravo, durante la caza ritual de la que es objeto por un noble, no sufre sino que por el contrario, al observar que la lleva a cabo un homínido superior, se siente orgulloso de su destino y agradece un final a la altura de su bravura.

La elefantomaquia, como ya se conoce esta actividad en los ambientes más cultos del país, debería dotarse de ciertas reglas para adaptarla a nuestra peculiar idiosincrasia como pueblo. Los matadores de elefantes, tanto los nobles como los plebeyos ennoblecidos por el ladrillo, tendrían que estar asistidos por una cuadrilla de cortesanos que acosara al proboscidio durante la faena y lo debilitara con armas cortas de manera que el escopeta de turno pueda, en el momento preciso, ejercitar con garantías el supremo arte de disparar. Solo en el caso de que no acertara en los diez primeros disparos, la cuadrilla estaría autorizada a acabar con el paquidermo para evitarle sufrimientos innecesarios mediante el lanzamiento de granadas de mano. El matador de elefantes que acertara en la ejecución de la suerte suprema sería recompensado con un pabellón auricular, ambos pabellones o cuando la faena concluyera de un solo y certero impacto en la frente, con el máximo trofeo, la trompa del paquidermo. Sería imprescindible que los elefantes conservaran sus colmillos intactos y sin manipular (estaría prohibido el afeitado) para que, una vez extraídos pudieran ser vendidos para financiar el déficit de la Caza Real. Las pieles se podrían donar a sociedades protectoras de peleteros.

Los restos de los paquidermos sacrificados, una vez despojados de su valioso marfil, serían depositados en el cementerio de elefantes que se encuentra habilitado en el Senado madrileño.

Para fomentar la afición a la elefantomaquia habría que impartir en las escuelas una nueva asignatura denominada Educación para la Cinegética que enseñara a las nuevas generaciones a valorar desde pequeños la grandeza de esta innovadora contienda entre nobles brutos.

Convertido en un espectáculo de masas a la misma altura que el fútbol y los toros, algo cada vez más necesario en épocas de recortes sociales, la contemplación de la matanza de elefantes bravos debería estar al alcance de todos. Jubilados, parados de larga duración y menores de diez años pagarían por asistir en la zona de sol del cazadero una tarifa especial ajustada a la baja. Como corresponde a actividades de interés general, la televisión pública en un programa semanal que podría denominarse “La trompa nacional” estaría obligada a emitir en abierto las matanzas más interesantes realizadas por primeras escopetas nacionales e internacionales.

Estamos ante una iniciativa que marcará un antes y un después en la historia de nuestra piel de elefante. Una idea de la importancia del plan cinegético-festivo propuesto la proporciona el hecho de que, según cálculos conservadores de la Fundación Elephantia, su implementación permitirá la creación en los próximos tres años de doscientos mil empleos directos e indirectos, tanto en el sector armamentístico como en el inmobiliario. No en balde esos mismos expertos calculan que los activos inmobiliarios de cualquier urbanización adosada a un cazadero de elefantes se revalorizan un 30% más que los de las urbanizaciones adosadas a un simple campo de golf.

Lupio Bordecorex

(Artículo publicado en la sección Cardos y Avispas de EL AFILADOR de la Alcarria)

sábado, 17 de marzo de 2012

NADA QUE AÑADIR


Me lo ha enviado mi amiga Elisa.



martes, 28 de febrero de 2012

RAFAEL

EN VOZ MUY BAJA TODO
 
Del cristalino al pubis todo es calma

que se altera cuando vas del mentón a la rodilla

y de ahí a la planta descalza de los pies
                                  consecutivos

el izquierdo y su zapato
el derecho y sus temores infundados

para volver fémur arriba al ombligo proletario
a la cintura esquiva
a la médula espinal sin coartada

cuerpo anatómico forense
a minuciosa autopsia sometido y consentido
con otra copa la música sonando.

Del libro  Maneras de volver (Ed. Vitruvio, Madrid 2009)

Yo no sé si esto es poesía erótica, lo que sí tengo claro es que es POESÍA con mayúscula y sobra cualquier etiqueta.

Rafael Soler, como Dios, está en todas partes. No hay recital, presentación o lectura en la que no veamos su apabullante presencia sobresalir un par de palmos por encima de todas las cabezas. Da lo mismo que el protagonista del acto sea uno de los consagrados o un absoluto desconocido, él está allí siempre, apoyándole, con esa generosidad de la que sólo son capaces los más grandes; como dice Paco Marquina, es un pluriempleado del estro ¡Hay que ver lo que cunde!

Bien, pues el próximo viernes 9 de marzo, en el ATENEO, los que estamos en esto tenemos ocasión de devolverle una mínima parte de lo que nos da; él no necesita apoyos -aunque últimamente le hayamos visto con una muleta- pero merece que estemos todos y además será un lujazo escucharle.

A las siete y media presentará con Cabllero Bonald la poesía completa de Ramón Hernández. Y luego él en solitario, a las diez y media, dará lo mejor de sí mismo en una lectura de obra publicada e inédita.

Ya podéis ir apuntándolo en vuestras agendas con un círculo rojo bien grande:

Viernes, 9 de marzo en el ATENEO:

a las 19,30: Rafael Soler y Caballero Bonald presentan la obra de Ramón Hernández.

Y a las 22,30: Rafael salta al ruedo él solito.

¡TORERO!          

lunes, 16 de mayo de 2011

SARAMAGO

Mañana es la única utopía
 
Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo...
¡Qué importa eso!.
Tengo la edad que quiero y siento.
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido.
Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo!.
No quiero pensar en ello.
Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo.
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos.
Ahora no tienen por qué decir: Eres muy joven, no lo lograrás.
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
Y otras en un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas... valen mucho más que eso.
¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!.
Lo que importa es la edad que siento.
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.
¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!.
Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.
 
José Saramago <http://cuaderno.josesaramago.org/>
Premio Nobel Literatura 1998.

lunes, 11 de abril de 2011

SIN COMENTARIOS

Javier Sicilia: Carta abierta a políticos y criminales

MÉXICO, DF., 3 de abril (Proceso).- El brutal asesinato de mi hijo Juan Francisco, de Julio César Romero Jaime, de Luis Antonio Romero Jaime y de Gabriel Anejo Escalera, se suma a los de tantos otros muchachos y muchachas que han sido igualmente asesinados a lo largo y ancho del país a causa no sólo de la guerra desatada por el gobierno de Calderón contra el crimen organizado, sino del pudrimiento del corazón que se ha apoderado de la mal llamada clase política y de la clase criminal, que ha roto sus códigos de honor.

No quiero, en esta carta, hablarles de las virtudes de mi hijo, que eran inmensas, ni de las de los otros muchachos que vi florecer a su lado, estudiando, jugando, amando, creciendo, para servir, como tantos otros muchachos, a este país que ustedes han desgarrado. Hablar de ello no serviría más que para conmover lo que ya de por sí conmueve el corazón de la ciudadanía hasta la indignación. No quiero tampoco hablar del dolor de mi familia y de la familia de cada uno de los muchachos destruidos. Para ese dolor no hay palabras –sólo la poesía puede acercarse un poco a él, y ustedes no saben de poesía–. Lo que hoy quiero decirles desde esas vidas mutiladas, desde ese dolor que carece de nombre porque es fruto de lo que no pertenece a la naturaleza –la muerte de un hijo es siempre antinatural y por ello carece de nombre: entonces no se es huérfano ni viudo, se es simple y dolorosamente nada–, desde esas vidas mutiladas, repito, desde ese sufrimiento, desde la indignación que esas muertes han provocado, es simplemente que estamos hasta la madre.

Estamos hasta la madre de ustedes, políticos –y cuando digo políticos no me refiero a ninguno en particular, sino a una buena parte de ustedes, incluyendo a quienes componen los partidos–, porque en sus luchas por el poder han desgarrado el tejido de la nación, porque en medio de esta guerra mal planteada, mal hecha, mal dirigida, de esta guerra que ha puesto al país en estado de emergencia, han sido incapaces –a causa de sus mezquindades, de sus pugnas, de su miserable grilla, de su lucha por el poder– de crear los consensos que la nación necesita para encontrar la unidad sin la cual este país no tendrá salida; estamos hasta la madre, porque la corrupción de las instituciones judiciales genera la complicidad con el crimen y la impunidad para cometerlo; porque, en medio de esa corrupción que muestra el fracaso del Estado, cada ciudadano de este país ha sido reducido a lo que el filósofo Giorgio Agamben llamó, con palabra griega, zoe: la vida no protegida, la vida de un animal, de un ser que puede ser violentado, secuestrado, vejado y asesinado impunemente; estamos hasta la madre porque sólo tienen imaginación para la violencia, para las armas, para el insulto y, con ello, un profundo desprecio por la educación, la cultura y las oportunidades de trabajo honrado y bueno, que es lo que hace a las buenas naciones; estamos hasta la madre porque esa corta imaginación está permitiendo que nuestros muchachos, nuestros hijos, no sólo sean asesinados sino, después, criminalizados, vueltos falsamente culpables para satisfacer el ánimo de esa imaginación; estamos hasta la madre porque otra parte de nuestros muchachos, a causa de la ausencia de un buen plan de gobierno, no tienen oportunidades para educarse, para encontrar un trabajo digno y, arrojados a las periferias, son posibles reclutas para el crimen organizado y la violencia; estamos hasta la madre porque a causa de todo ello la ciudadanía ha perdido confianza en sus gobernantes, en sus policías, en su Ejército, y tiene miedo y dolor; estamos hasta la madre porque lo único que les importa, además de un poder impotente que sólo sirve para administrar la desgracia, es el dinero, el fomento de la competencia, de su pinche “competitividad” y del consumo desmesurado, que son otros nombres de la violencia.

De ustedes, criminales, estamos hasta la madre, de su violencia, de su pérdida de honorabilidad, de su crueldad, de su sinsentido.

Antiguamente ustedes tenían códigos de honor. No eran tan crueles en sus ajustes de cuentas y no tocaban ni a los ciudadanos ni a sus familias. Ahora ya no distinguen. Su violencia ya no puede ser nombrada porque ni siquiera, como el dolor y el sufrimiento que provocan, tiene un nombre y un sentido. Han perdido incluso la dignidad para matar. Se han vuelto cobardes como los miserables Sonderkommandos nazis que asesinaban sin ningún sentido de lo humano a niños, muchachos, muchachas, mujeres, hombres y ancianos, es decir, inocentes. Estamos hasta la madre porque su violencia se ha vuelto infrahumana, no animal –los animales no hacen lo que ustedes hacen–, sino subhumana, demoniaca, imbécil. Estamos hasta la madre porque en su afán de poder y de enriquecimiento humillan a nuestros hijos y los destrozan y producen miedo y espanto.

Ustedes, “señores” políticos, y ustedes, “señores” criminales –lo entrecomillo porque ese epíteto se otorga sólo a la gente honorable–, están con sus omisiones, sus pleitos y sus actos envileciendo a la nación. La muerte de mi hijo Juan Francisco ha levantado la solidaridad y el grito de indignación –que mi familia y yo agradecemos desde el fondo de nuestros corazones– de la ciudadanía y de los medios. Esa indignación vuelve de nuevo a poner ante nuestros oídos esa acertadísima frase que Martí dirigió a los gobernantes: “Si no pueden, renuncien”. Al volverla a poner ante nuestros oídos –después de los miles de cadáveres anónimos y no anónimos que llevamos a nuestras espaldas, es decir, de tantos inocentes asesinados y envilecidos–, esa frase debe ir acompañada de grandes movilizaciones ciudadanas que los obliguen, en estos momentos de emergencia nacional, a unirse para crear una agenda que unifique a la nación y cree un estado de gobernabilidad real. Las redes ciudadanas de Morelos están convocando a una marcha nacional el miércoles 6 de abril que saldrá a las 5:00 PM del monumento de la Paloma de la Paz para llegar hasta el Palacio de Gobierno, exigiendo justicia y paz. Si los ciudadanos no nos unimos a ella y la reproducimos constantemente en todas las ciudades, en todos los municipios o delegaciones del país, si no somos capaces de eso para obligarlos a ustedes, “señores” políticos, a gobernar con justicia y dignidad, y a ustedes, “señores” criminales, a retornar a sus códigos de honor y a limitar su salvajismo, la espiral de violencia que han generando nos llevará a un camino de horror sin retorno. Si ustedes, “señores” políticos, no gobiernan bien y no toman en serio que vivimos un estado de emergencia nacional que requiere su unidad, y ustedes, “señores” criminales, no limitan sus acciones, terminarán por triunfar y tener el poder, pero gobernarán o reinarán sobre un montón de osarios y de seres amedrentados y destruidos en su alma. Un sueño que ninguno de nosotros les envidia.

No hay vida, escribía Albert Camus, sin persuasión y sin paz, y la historia del México de hoy sólo conoce la intimidación, el sufrimiento, la desconfianza y el temor de que un día otro hijo o hija de alguna otra familia sea envilecido y masacrado, sólo conoce que lo que ustedes nos piden es que la muerte, como ya está sucediendo hoy, se convierta en un asunto de estadística y de administración al que todos debemos acostumbrarnos.

Porque no queremos eso, el próximo miércoles saldremos a la calle; porque no queremos un muchacho más, un hijo nuestro, asesinado, las redes ciudadanas de Morelos están convocando a una unidad nacional ciudadana que debemos mantener viva para romper el miedo y el aislamiento que la incapacidad de ustedes, “señores” políticos, y la crueldad de ustedes, “señores” criminales, nos quieren meter en el cuerpo y en el alma.

Recuerdo, en este sentido, unos versos de Bertolt Brecht cuando el horror del nazismo, es decir, el horror de la instalación del crimen en la vida cotidiana de una nación, se anunciaba: “Un día vinieron por los negros y no dije nada; otro día vinieron por los judíos y no dije nada; un día llegaron por mí (o por un hijo mío) y no tuve nada que decir”. Hoy, después de tantos crímenes soportados, cuando el cuerpo destrozado de mi hijo y de sus amigos ha hecho movilizarse de nuevo a la ciudadanía y a los medios, debemos hablar con nuestros cuerpos, con nuestro caminar, con nuestro grito de indignación para que los versos de Brecht no se hagan una realidad en nuestro país.

Además opino que hay que devolverle la dignidad a esta nación.