miércoles, 27 de abril de 2022

CARTA A UN HIJO DE TREINTA Y OCHO AÑOS

No sé si te avergüenzan mis derrotas, 
si te ofende mi beso y si te duele 
mi contumacia de sobrevivirte. 
(Francisco García Marquina) 

Debería pensarte a estas alturas 
en un cuerpo de hombre, 
con voz grave de hombre 
y ancha espalda de hombre 
pero me es muy difícil, 
nunca he sido muy buena con la imaginación. 

Tendría que contarte muchas cosas 
que han ocurrido desde que te fuiste; 
que no soy la de entonces, 
que estoy cansada y sola 
y me duele este cuerpo derrotado; 
tus hermanos se fueron cada cual a su vida, 

de alguna me separa un océano inmenso, 
tienen trabajos, sueños, hipotecas, 
estudios, hijos, hijas con novios y guitarras 
que son sobrinos tuyos 
aunque tú no los hayas visto nunca. 
Y lo que son las cosas, después de treinta años 

he vuelto a aquella playa en la que viste el mar 
por vez primera y última y fuiste tan feliz. 
Qué poco imaginábamos lo que iba a suceder, 
que ya nunca jamás dirías abrazándome 
¡cómo mola, mamá! Me hiciste prometer 
que el siguiente verano volveríamos,

mas ya no hubo veranos ni colegio ni reyes 
ni balones de fútbol, mi promesa 
se quedó sin cumplir. 
Yo vivo en una casa pequeña y luminosa 
sin jardín ni balcones con geranios, 
tan solo con un tiesto de gardenias, 

y algunas siemprevivas medio muertas. 
Muchos libros y música para ahogar el silencio 
y esa tristeza dulce de las fotos antiguas. 
Y hay días, casi todos, que no cambio 
ni una sola palabra con otro ser humano. 
Lo peor es que no lo echo de menos, 

diría que me gusta esta soledad muda, 
esta droga benéfica que me aparta del mundo. 
Tengo miedo al futuro, soy consciente 
de que van a ser años repletos de amenazas, 
de dolor y de pérdidas. 
Pero también veo acortarse el tiempo, 

el tiempo aprovechable, me refiero, 
en el que mi cabeza rija mínimamente 
y mi cuerpo sea autónomo. 
Y no quiero perderme ni un instante 
que me procure algo parecido 
 a la felicidad, por mínima que sea. 

Así que me debato entre la prisa 
por disfrutar lo poco que me queda 
y esta desidia que me va comiendo 
poco a poco, sin tregua y sin piedad. 
Y en cuanto a los amores qué contarte, 
ahora me quieren mucho como hermanos 

los que antes me soñaban en su cama. 
Y hoy, en sus sueños húmedos, 
les acompaña alguna jovencita 
que te amaría a ti, casi seguro. 
Aún no te he contado que los cuatro jinetes 
han venido a la tierra todos juntos, 

la nieve nos heló hasta el corazón 
y una peste asesina se llevó por delante 
los sueños y las vidas de miles de personas; 
y después despertó en lo más profundo 
de la tierra un dragón, bellísimo y furioso, 
que vomitaba fuego devorando 

la isla más hermosa hasta casi matarla. 
Y el jinete que monta el corcel de la guerra, 
cabalga desbocado por Europa. 
Una guerra sangrienta −valga la redundancia− 
mucho más cruel que la naturaleza 
−en crueldad nada gana a la mano del hombre− 

está matando niños como tú y más pequeños. 
Pero no te preocupes, que cuando duele mucho 
cambiamos de canal y lo olvidamos. 
Yo no sé si tú ves lo que ocurre en el mundo, 
lo que ocurre en mi casa que es la tuya, 
porque también aquí, en mi entorno más íntimo, 

ha venido el dolor de nuevo a visitarme, 
un dolor tan intenso y tan injusto 
como el que me dejaste, pronto hará treinta años. 
Hoy, cuando cumples treinta y ocho, sigo 
depositando un beso cada noche, 
en la foto que tengo en la mesilla, 

ya sabes, la que estás sentado como un indio 
con esa camiseta blanca y roja de rayas 
y una sonrisa pícara que me llena de luz. 
Ya no sé cómo debo imaginarte, 
si como un niño alegre y chispeante 
o como un hombre joven aprendiendo a vivir, 

a desatar los nudos de dolor y de dicha 
que la vida te hubiera reservado. 
Quisiera refugiarme en tu abrazo de hombre 
pero sin renunciar a esa risa de niño 
que aún consuela mis días, hijo mío. 
Ahora esperaré a que pasen los meses 

y el veintiséis de abril llegue de nuevo. 
Te escribiré otra carta, que no contestarás, 
en la que vuelva a darte 
el parte de la guerra de mi vida. 
Hasta entonces, mi amor. 
No olvides que te quiero igual que antes.

viernes, 11 de marzo de 2022

RADIO UTOPÍA

Esta tarde, a las 19 horas, estaré en Radio Utopía recitando poemas contra la guerra.

Podéis seguirlo en este enlace.

miércoles, 2 de marzo de 2022

ODIO

 

No hay volcán, terremoto ni tsunami 
que pueda compararse a la barbarie humana 
no hay monstruo más terrible que ese monstruo 
que nos despierta el odio a la gente decente. 

Escribimos poemas y vamos a la compra 
y llevamos al médico a nuestra gente enferma 
y nos enamoramos y vivimos 
y pensamos qué hacer en el futuro, 
dónde irán nuestros hijos, dónde irán nuestros nietos. 

Y hablan en la radio de no sé qué partido, 
de fútbol o político, 
 mientras ruedan los tanques con su carga de muerte, 
y el mundo mira atónito, paralizado y mudo 
su propia destrucción. 

Confieso que le odio y no me da vergüenza, 
es legítimo odiar al rey del odio. 
Quiero matarle, quiero torturarle, 
quiero verle temblar y defecarse encima, 
deseo que se ahogue con su vómito, 
que le exploten los ojos como globos 
de los niños que yacen muertos entre cascotes. 

Si supiera rezar, rezaría al diablo 
para que le mandara un rayo ardiente 
que achicharrara al genocida infame 
y muriera despacio entre alaridos 
que no escuchara nadie. 

Pero eso no será. 
Se morirá de viejo y en su cama 
como un buen ciudadano, 
le darán un sepelio con salvas y con himnos, 
con honores de Estado. 
Y una vez más la Historia será pisoteada.

domingo, 27 de febrero de 2022

PERDEDORES


Ayer presenté en ROMPEOLAS mi nueva novela PERDEDORES, una novela urbana que relata varias décadas en la existencia de un alcohólico; una historia ciertamente cruda que emplea un tono realista para indagar en el problema de las adicciones, pero que, no obstante, mantiene siempre una sensibilidad exquisita y una humanidad que llegan a conmover. 

Si la queréis pedir, podéis hacerlo aquí o en todas estas librerías: 



domingo, 21 de noviembre de 2021

UNA TARDE

Son las seis menos diez, 
en esta tarde fría de noviembre 
ya empieza a anochecer. 

Hoy no se viste el cielo de rojos imposibles, 
simplemente oscurece sin dar el espectáculo, 
sin el fugaz instante de gloria de otras tardes. 
Quizá luego la luna ilumine algún sueño 
o vierta sobre mí su luz prestada 
para que pueda ver con más detalle 
la larga oscuridad de mi impotencia. 

Que quieres estar sola, 
me dices sin siquiera un pestañeo. 
Yo me voy con mi música a otra parte, 
a mirar esta noche prematura, 
a llorar unas lágrimas estériles, 
y pienso una vez más, por pensar algo, 
que va quedando menos de este invierno.

viernes, 12 de noviembre de 2021

LA COPA ROTA

Amistad, una copa de cristal delicado, 
brillante, transparente, seductora, 
pero también muy frágil, 
con el más leve roce se hace añicos 
y se derrama el vino de las complicidades. 

Confidencias y risas y sueños imposibles
compartidos un día 
que te soltó la lengua el segundo gintonic, 
kilómetros, paisajes, madrugadas, 
misteriosos sonidos de la noche 
se vierten por el suelo de repente 
y te quedas desnuda y vulnerable 
en medio de la nada, 
en mitad de un abismo de silencio. 

Luego miras las fotos y no sabes 
quién es, quién te acompaña 
en esa luminosa atardecida, 
ni tampoco con quién desayunaste 
todavía en pijama. 

Y piensas que esa copa 
de cristal tan finísimo y tan frágil 
no era tan importante, 
lo que importa es el vino derramado. 
Es mejor cualquier vaso de grueso y tosco vidrio 
pero que no se quiebre con el más leve roce.

domingo, 7 de noviembre de 2021

Encuentro poético musical para la Feria Iberoamericana del Libro de Canadá. Con Rodolfo Serrano, Ismael Serrano y Fran Fernández.



martes, 19 de octubre de 2021

OBJETOS PERDIDOS

Por mi mala cabeza voy dejando 
pedazos de la vida en cualquier sitio. 
Ya no sé dónde puse mi pasado 
 en el que se forjó la que ahora soy. 

Mi cerebro, en legítima defensa, 
ha borrado momentos que sé que sucedieron 
y que eran importantes porque en ellos se basa 
todo lo que más tarde sucedió. 

Pero solo me quedan 
unos cuantos recuerdos inconexos, 
como hojas caídas de las ramas desnudas 
del árbol de mi vida. 

He perdido un sinfín de amigos queridísimos, 
unos porque murieron sin permiso, 
otros porque… no sé, he olvidado por qué. 
Tal vez les ofendí con algo imperdonable. 

Cierto es que tengo otros que antes no tenía 
y que sé que me quieren y los quiero 
y agradezco al destino haberlos encontrado, 
pero nadie suplanta a los que ya no están. 

He perdido palabras que nunca pronuncié 
por miedo a que chocaran contra un muro 
y volvieran a mí, igual que un boomerang, 
a golpearme allí donde más duele. 

He perdido las lágrimas que sanan, 
he perdido tequieros y besos y pasiones, 
he perdido el deseo de esconder en un cuerpo 
esta cruel soledad, tanto y tanto dolor.

martes, 31 de agosto de 2021

VIVIR. MANUAL PARA PRINCIPIANTES

La vida algunas veces nos golpea 
y otras nos regala los mejores presentes 
que no los valoramos casi nunca, 
la cotidianeidad tranquila y sin sorpresas, 
los días que transcurren sin ningún sobresalto. 

No es nada aconsejable juntar todas las penas 
en un solo paquete indivisible, 
como una maldición que nos ha caído encima 
enviada quién sabe por qué dioses  
y sentirnos las víctimas del mundo. 

Cada dolor es uno, independiente 
de todos los que antes nos mataron, 
y hay que hacerle frente como si fuera el único, 
como si nunca antes hubiéramos sufrido, 
como si el corazón no estuviera agotado. 

Tampoco es conveniente volver, volver, volver
a reprochar mil veces aquel daño
que hace tiempo dijimos perdonar
pero se quedó ahí, como un rencor podrido,
pestilente, como un tumor maligno

Valoremos también las cosas bellas, 
esos días en que éramos dichosos 
y el mundo una brillante amanecida, 
un camino cubierto de pétalos de rosa 
para pisarlos con los pies descalzos. 

No dejemos pasar un solo beso 
sin abrir nuestra boca y devorarlo, 
que no se nos escape ni un abrazo, 
ni un atardecer teñido de violeta 
ni una canción ni un verso ni una copa, 

que jamás nos cansemos de jugar con los nietos, 
que perdamos el tiempo acariciando al perro, 
que leamos los libros que nos hagan felices 
y caminemos lentos soñando tonterías 
porque no dura siempre el tiempo de cerezas. 

Y cuando nos ataque la tentación del llanto 
y cuando la tristeza se instale en nuestra cama, 
cuando solo sintamos la pena y el dolor 
que parece exclusivamente nuestro, 
miremos solo un rato el telediario.

jueves, 22 de julio de 2021

AMAR LA VIDA

Me dicen los amigos que la vida es hermosa, 
que es necesario amarla y dar gracias al cielo, 
que la felicidad depende de nosotros, 
que está en mi puta mano conseguirla. 

Soy de buen conformar, nunca pido gran cosa, 
ni bienes materiales 
que no voy a llevarme al otro barrio, 
ni éxito literario ni reconocimiento 
por unos pobres versos 
que a lo mejor a alguien consolaron. 

Vivo modestamente de una pensión exigua, 
en mi casa pequeña, humilde paraíso; 
no persigo la gloria  
ni sueño con viajes
a mundos lejanísimos 
que no conoceré por más que viva. 

Al amor renuncié 
tras algunos intentos que trajeron 
mucha más decepción que regocijo 
−según daban las doce siempre se convertía 
el príncipe de turno en una rana− 
y ahora me conformo 
con el dulce calor de los amigos. 

Hace ya muchos años perdí un hijo, 
y hasta sobreviví a ese contradiós 
-no acabé de morirme por entero- 
y su recuerdo ahora 
es un bálsamo tierno y apacible 
para sobrellevar mis soledades. 

Otras cosas pasaron 
que ya no viene a cuento recordar, 
pero tal vez un poco arreglé la memoria 
cuando conté las horas al lado de su cama. 

Y quienes me conocen
saben que, pese a todo,
aún no me ha vencido la tristeza.

Pero esta vieja zorra repintada
a la que por lo visto hay que amar tanto, 
no se cansa jamás de darme hachazos. 
Y yo ignoro a qué dios y en qué concepto 
debo tantas facturas.