miércoles, 12 de noviembre de 2008

MADRID Y LA PUTA CRISIS

Estoy tan harta de oír hablar de la crisis y del apocalipsis que viene o que -como la primavera- ha venido y nadie sabe cómo ha sido, que me resisto a ver el telediario o a leer el periódico, sin hablar de las tertulias que constituyen por sí solas un pozo de sabiduría, para mí, insondable. ¡Cuánto cerebro desaprovechado! Lo único que veo, informativamente hablando, son los cinco minutos de Iñaki. Pasé un trauma cuando se fue de la SER porque estaba acostumbrada a inyectarme en vena su palabra inteligente, certera y legal al abrir el ojo por la mañana y el síndrome de abstinencia fue duro. Y ahora, ese ratito de las nueve menos cinco de la noche me reconcilia con el oficio de periodista. Deyanira, que está mucho más al loro que yo en esto de la información, nos transcribe su voz de cuando en cuando. Esta noche ha sido una de esas en las que está especialmente sembrado, no me resisto a hacer un cortipega con su editorial:

"Las mentiras penetran más fácil si se mezclan con insultos: los insultos nos distraen y la mentira cuela. Tras la muerte de dos soldados en Afganistán, los insultos a la ministra Carme Chacón nos han distraído mientras cuajaba la falacia de que España, a diferencia del resto del mundo, no asume su responsabilidad en Afganistán y que, en lugar de reconocer que ha ido a la guerra a luchar, se ha inventado una misión de paz, una cosa hippie de palomas, flores y solidaridad fraterna. Dos líneas sobre los insultos: burlarse de las lágrimas de la ministra en el funeral después de haber alabado las lágrimas de Obama es machismo de baja estofa; aludir a su condición de catalana, militante del PSC, para despreciarla por antiespañola, es roña cerebral. Pero, en relación con el fondo del asunto, las únicas tropas que están en Afganistán en misión de combate son las que desplegaron los Estados Unidos tras el atentado de las Torres Gemelas. Es la operación "libertad duradera", que derrocó en un año al régimen talibán y que ahora se enfrenta a los insurgentes y a los terroristas. Las demás, entre ellos las españolas, constituyen la fuerza compuesta por unos 50.000 soldados de 37 países, puesta en marcha por Naciones Unidas para ayudar al nuevo Gobierno afgano en la estabilización y reconstrucción del país. No se les encomendaban acciones de combate, entonces se creía que no quedaba más tarea militar que estrechar el cerco hasta cazar a Bin Laden y que esa era misión de "libertad duradera". El mandato de la ONU para la Isaf presentaba ambigüedades desde el principio y se ha ido haciendo más complejo y confuso a medida que se complicaban las cosas en el país. Es evidente que ahora debe ser reestudiado y es evidente que Obama se plantea hacerlo. Entonces veremos. Pero sepamos que nos pasa lo que a los otros 37 países y que no es Zapatero quien ha definido nuestro papel, sino Naciones Unidas. Esta es la verdad, por muy bendita que sea la mentira."

¿Alguien da más? Sin comentarios.

Dicho esto, que diría un tertuliano, os comunico que por fin los árboles de Madrid se están quitando la ropa poco a poco, como en un streeptease sensual y decadente y en los jardines del ministerio se han quedado luciendo una lencería de lujo, llena de encajes de colores cálidos. A pesar del frío, da gusto salir a fumar.

En Madrid pasan más cosas; por si lo de los árboles fuera poco, diversas bandas de música han tomado la Puerta del Sol; junto a la boca del metro, Nueva Orleans. Y a los pies del madroño, además del oso, hay una orquestina con jersey a rayas que encadena melodías, arrancando notas de unos instrumentos enormes que me pregunto cómo pueden transportar en el metro.


Madrid es un universo variopinto y cruel, inhóspito y tierno, que rezuma vida por cada adoquín. Que se defiende como puede de esta crisis de mierda y de todas las crisis que llevan -llevamos- a cuestas los que transitan -transitamos- por sus calles. Se defiende hasta de las mentiras benditas y sigue llenando los bares de Huertas y de la Cava Baja.

Madrid es mucho Madrid.

domingo, 9 de noviembre de 2008

AMIGAS ¿PARA SIEMPRE?

No se muy bién qué es esta cosa de la amistad, ni por qué surge con algunas personas y con otras no. Pero creo que es algo que no requiere de grandes aspavientos ni de demostraciones aparatosas para poder reconocerla. Aunque en España tenemos una sociedad excesivamente delimitada por diversos factores como la edad, el sexo o el entorno social, también creo en la amistad entre personas a las que separen muchos años, muchos kilómetros, distinto sexo o diferente ámbito sociocultural. Es algo que, básicamente, nos permite estar cómodos, ser como somos o como estamos en cada momento y no poner cara de nada. La amistad no juzga sino respeta, no invade sino acompaña. A veces habla y otras veces calla, a veces escucha y otras, simplemente, está ahí. Pregunta lo justo, no somete al tercer grado de interrogatorio a nadie y no se acuerda de las contradicciones, tú dijiste que... ¡yo qué sé lo que dije!

Sobrevive a la distancia y al tiempo, aunque eso no quiere decir que siempre sea eterna; tristemente, hay amistades que se disuelven en este trajín que es la vida sin que eso signifique que no fueran auténticas cuando existieron; lo fueron y, como a los amores que se acaban, no podemos borrarlas de un plumazo ni despreciarlas, porque en su momento tuvieron mucha importancia y ya forman parte de esa mezcla de emociones, de inquietudes, de miedos, de ilusiones, de miserias y grandezas de la que estamos hechos.

No hay que pedir a los amigos, a las amigas, que sean perfectos y no nos fallen nunca, porque nosotros tampoco lo somos y fallamos más que una escopeta de feria. Pero creo que, por lo mismo, tenemos derecho a que los amigos, las amigas, no tengan en cuenta las veces que no nos encuentran cuando nos buscan y a que no apunten en el cuaderno del alma el tiempo que hace que no los llamamos por teléfono. La vida de cada uno es un pequeño y enrevesado mundo que muchas veces nos supera y bastante hacemos con pelearnos con él sin salir muy perjudicados mentalmente, para estar pendientes de cumplir con unos y con otros.

No sé, pero algo me dice que la amistad es, sobre todo, confianza en el otro. Y ya se sabe que donde hay confianza, da asco.

Y hablando de amigas, felicidades a Almu, que esa sí que es una amiga.

lunes, 3 de noviembre de 2008

MI MADRE

Pues ahí donde la veis, el sábado cumplió ochenta y siete años. A medida que se acercaba el día iba poniéndose cada vez más triste, y el viernes ya estaba inmersa en una absurda depresión, en la que yo me negaba a profundizar.

-Pero mamá, qué demonios te pasa. Estás estupenda, tienes cuatro hijos que son personas decentes, que te quieren y a los que la vida trata razonablemente. Doce nietos, sí, doce, porque Jaime sigue contando, de los que tampoco puedes tener queja, aunque cada uno haya organizado su vida como le ha parecido bien y siete bisnietos divinos. No pasas calamidades... ¿Qué más quieres?

Yo sé muy bien qué más quiere, aunque no lo diga. Querría cumplir treinta y cinco en lugar de ochenta y siete, -¡toma, y yo!- querría ser tan autónoma y tan independiente como ha sido toda su vida, querría no llevar un bastón ni necesitar agarrarse de ningún brazo para ir por la calle. Y, sobre todo, querría no escuchar a su espalda los pasos de la muerte, hasta casi sentir el aliento en su nuca. Querría no tener miedo a lo que haya después, al otro lado.

El jueves me llamó mi hermana: -¿has hablado con mamá? ¡está fatal! dice que no quiere que vaya nadie a verla el día de su cumpleaños, así que díselo a tus hijos. Le contesté que no pensaba decirle nada a mis hijos, que cada cuál hiciera lo que creyera conveniente y que recibiera a sus nietos si iban a verla. Luego, si no va nadie, para qué queremos más.

Nosotros nos la llevamos a comer por ahí, a la Cava Baja. Salió de casa con la expresión de quien va a la horca pero no descompone la figura ni en el instante supremo. Pero a medida que pasaba la mañana y penetrábamos en ese Madrid castizo que hacía tanto tiempo que no pateaba, se iba animando. -¿Esa es la torre de la Iglesia de Santa Cruz?, -no lo sé, mamá, yo es que no me conozco bien estos barrios. -¡Ah, mira! calle Concepción Jerónima, Tintoreros...el mercado de la Cebada, la plaza de Puerta Cerrada y ahí está, de frente, la cúpula de San Francisco el Grande. Dice que cuando era joven no venía por aquí, que sólo se movía por el barrio de Salamanca y por la Gran Vía cuando iba al cine; fue luego, con mi padre, cuando anduvo un poco por esos "barrios bajos".

La comida fue un éxito. Comió de todo; era día de presentaciones y participó, estuvo cómoda. -No, yo no tomo aperitivo, que luego no puedo con la comida; -¿vino? -no, no, yo no tomo vino. -¡Qué rica está esta ensaladilla! -¿te gustan los callos? -Me encantan. Se comió la ensaladilla, el jamón, los boquerones, los callos; todo regado con rioja de la casa, claro. Sopita de cocido y luego pescado, que es más ligero. Vinieron Marta y Alfonso y hablamos de todo un poco. Nos contó cosas de antes, de la guerra -la guerra nuestra, como ella dice- que coincide con su adolescencia en Madrid y su juventud. Marta le preguntó que cómo había conocido al abuelo y yo metí baza. -Mamá, deja hablar a la abuela; punto en boca. Con el vinito la conversación derivó por derroteros diversos: la religión, las creencias, las no creencias, las maneras de vivir de antes y de ahora, nuestra familia. La vida, la muerte, Jaime, claro, y mi padre. Hubo momentos emotivos y otros divertidos y mi madre, como siempre, dio una lección de inteligencia, de respeto, de sentido común.

La dejamos en su casa y por la tarde fueron a verla nietos y bisnietos.

Ayer me dijo que le dolía todo el cuerpo, pero estaba contenta.

jueves, 30 de octubre de 2008

EL OTOÑO ROBADO

Ha empezado el frío de golpe y porrazo, parece que el tiempo no tiene tiempo, va como loco, atolondrado, no cumple el ritual. Aún no he visto amarillear los árboles de mi calle ni quedarse desnudos después; los plátanos se han congelado vestidos todavía de primavera y las hojas no saben muy bien a qué viene esto ni qué pintan ahí colgadas en lo alto, tiritando de frío. El calendario se ha saltado el otoño sin contemplaciones y a mí me ha pillado en cueros, sin haberme liado la bufanda en el alma. Necesito ese periodo de adaptación al medio, de preparación anímica para lo irremediable, no puedo incorporarme así, de un día para otro, a un entorno tan hostil y tan desagradable.

El curso de corrección se acaba mañana y ahora tengo muchas más dudas que antes; no sé cómo he sido capaz, durante tres años, de escribir en internet para que me lea todo el mundo, haciendo el ridículo ante los millones de lectores que me siguen, supongo que para descojonarse de risa. Y yo que creía que hablaba -e incluso escribía- aceptablemente, sin cometer errores gramaticales de bulto ni faltas de ortografía clamorosas... hasta esta mañana, que ha sido el examen de gramática y no he acentuado "cortaúñas", que hace falta mala leche para poner la palabra "cortaúñas" en un examen. A mí en realidad, lo del cortaúñas me parece una ordinariez, colgado de una cadenita que lo llevan algunos horteras y en cualquier momento lo sacan en el bar para quitarse un padrastro. Esto me ha hundido la autoestima y estoy por cerrar el blog, a dónde va una escribiendo "cortauñas" sin acento; tilde, lo llaman ahora.

Entre esto y que el cambio climático me ha robado el otoño, no sé cómo voy a poder superar la depresión.

Encima he perdido al bridge -dicen que las palabras en idioma extranjero hay que ponerlas en cursiva- y cuando he llegado a casa ni siquiera tenía tónicas para apretarme un gin-tonic y ahogar esta pena negra.

Qué le vamos a hacer; me tomaré un whisky; o güisqui, como dice la RAE, on the rock; u onderoc, yo qué sé...

sábado, 25 de octubre de 2008

HOMBRES QUE SE MOJAN

Lo he oído por la radio y de repente he vislumbrado un rayo de esperanza. ¿Un movimiento de hombres contra la violencia machista? ¿Eso existe? Tengo que ir a verlo, me he dicho a mí misma.

Pensaba pasarme la tarde tirada en el sofá, pero a las seis y media había terminado una película de Steve McQueen y Natalie Wood, absolutamente rompedora para la época -primeros sesenta- en la que la protagonista se queda embarazada en una noche loca -¡quién no tendría una noche loca con Steve!- y se niega a casarse con él porque presiente que solo lo hace por cumplir. Me he levantado del sofá, me he calzado unos vaqueros y me he ido a Atocha para no perderme un espectáculo que hoy todavía resulta exótico y marginal -cuatro calzonazos y unos cuantos maricones, habrán pensado algunos- pero que yo respeto y aplaudo porque ya era hora de que los hombres se empezaran a implicar en esta cuestión, que es de todos. Cuando yo era secretaria de igualdad de mi agrupación socialista -creo que en su momento conté que había dimitido y ya ni siquiera soy militante- puse todo mi empeño en que los compañeros varones -que no barones- del partido hicieran suyo el problema y participaran en la lucha. No conseguí nada, porque los pocos que se mojaron lo habrían hecho igual sin mí y los que no se mojaban siguieron sin mojarse. Nunca he sido partidaria de ese feminismo excluyente que no cuenta con los hombres, creo que cae en los mismos errores que el machismo; al fin y al cabo, no deja de ser sexismo. La igualdad es una cuestión de justicia y de sentido común y ahí debemos estar todos. Pero, como el racismo, todavía no está interiorizada en la sociedad, todavía se hacen chistes machistas con los que, además, se parten de risa muchas mujeres. Si alguien hace un chiste sobre la pederastia o el terrorismo, la gente se escandaliza; sin embargo es muy bien recibida una gracieta a costa del maltrato a las mujeres. Ayer, sin ir más lejos, una compañera del curso de corrección que estoy haciendo, joven y universitaria, se asombraba e incluso se indignaba -dicho por ella misma, no me estoy inventando nada- por que la Academia haya reconocido el femenino de las profesiones. ¿Cómo querrá que las llamen? ¿"Arquitecto hembra", como a los buitres? Es una tontería, qué más dará, locuras de feministas radicales, esas chifladas, dónde vamos a parar.

Pues hoy he visto a unos tíos como castillos desgañitándose contra el machismo. Un poco despistados, sí. Mezclando temas, también. Pero con voluntad de cambiar las cosas, de unirse a una lucha que intuyen que también les beneficia, porque con una convivencia en igualdad ganaremos todos, dejaremos de ser adversarios para ser cómplices. Confieso que me ha conmovido oírlos corear cosas como "el machismo está en nosotros mismos" o "no tenemos derecho a tantos privilegios", "se va a acabar, se va a acabar la dictadura patriarcal", "violencia familiar, fascismo en el hogar". También cantaban "Manolo, Manolito, la cena tú solito" y a alguien se le ha ocurrido cambiarlo por "Mariano, Marianito"... en fin, muchas risas, pero yo creo que el machismo es transversal, que todos y todas lo hemos mamado y no entiende de ideologías; va a costar un güevo quitarnos esa caspa de encima. Por cierto, hablando de güevos, también cantaban "no te los toques, fríelos".

No había muchos, esa es la verdad, pero los suficientes para armar el taco en la calle de Atocha, con buen rollo, con una orquesta de jazz que animaba el cotarro. Se lo han montado bien.

Bienvenidos al club, chicos.

miércoles, 22 de octubre de 2008

PETRIFICADOS

Racionales, por lo visto lo bueno es ser racionales. No importa lo que uno sienta, eso se pasa; hoy estás mal y mañana estás mejor... o peor. Pero no hay que dramatizar; racionalizar, racionalizar, ir a lo práctico. Esto es lo que hay, si quieres lo tomas y si no lo dejas; pero no intentes cambiar las cosas porque te estrellarás contra una pared. Que cada uno se coma su propio marrón sin dar la lata a los demás, ya se sabe que vivimos en soledad. Mirusté, yo también tengo problemas y no doy la vara a nadie. Vamos a hacer unas risas que yo lo que quiero es pasarlo bien ¡alegría, alegría!

Los veo todos los días en la Puerta del Sol. Se han quedado de piedra, la vida los ha dejado de piedra. A uno se le enganchó la mirada en algún punto a su derecha y al mismo tiempo se le dibujó un rictus de escepticismo eterno, mientras extendía la mano para recoger el agua de piedra. El otro tiene los párpados entornados, cubre sus ojos con pestañas de piedra. Solo los abre para mirar un instante a quien echa una moneda en su hucha, también de piedra. Me inquieta esa otra mano, la que asoma por abajo; parece de un moribundo que se hubiera petrificado definitivamente, sin siquiera pestañear.

Hoy no estaban; hacía frío y llovía. El viento me volvía el paraguas que compré en la boca del metro, son una mierda estos paraguas de los chinos. No sé si el agua les habrá disuelto el maquillaje de arcilla. Quizá se hayan quedado en cueros, quizá la lluvia les haya colgado en los ojos lágrimas de verdad, no de piedra.

¡Alegría, alegría!


jueves, 16 de octubre de 2008

CONSONANCIAS DIACRÍTICAS

Estoy aprendiendo a corregir textos, que es una cosa que parece fácil pero que tiene su intríngulis. El caso es que una ya no tiene edad de ir al cole ni de seguir buscándose una vida que hace muchos años que debería haber encontrado, mal que bien; sin embargo ahi estoy, yendo a clase rodeada de treintañeras -todas mujeres, no sé qué lectura hacer - llenas de títulos universitarios, de idiomas y de ganas de comerse el mundo, mientras una trata de resistirse a que el mundo se la meriende sin compasión.

Por si fuera poco un trabajo, una madre casi nonagenaria, tres hijos y cinco nietos, una pareja a la que quisiera dedicar más tiempo del que puedo y las labores propias de mi sexo, me he metido en este nuevo berenjenal por la puta pela y dispuesta a hacerle la competencia a Elefancia.

Haciendo un recuento de mi vida, llego a la conclusión de que cada vez trabajo más y vivo peor. Cuando contaba veintiocho años, allá por el paleolítico superior, tenía dos hijos en edad escolar y una chica de servicio de las de antes, interna; era un ama de casa burguesa que no pegaba un palo al agua. Y, francamente, no me sentía un parásito de la sociedad, cumplía el papel para el que había sido educada y punto. Tú te casarás, me dijo mi padre al acabar el bachillerato, como si el matrimonio fuera una forma de ganarse la vida. Y sí, me casé, pero cuando vinieron mal dadas -dentro y fuera del matrimonio- me encontré con que mis habilidades para conseguir unos ingresos decentes eran bastante escasas. Eso sí, las exprimí al máximo trabajando doce horas diarias repartidas en diversos empleos, pero ni aún así llegaba. Esta situación se convirtió en endémica hasta alcanzar la tierna edad que tengo, en la que continúo inventándome a mí misma cada día.

Entre las erratas, las negritas, las cursivas, las mayúsculas cuando toca minúsculas y viceversa, las comas que sí, los puntos que no, los acentos que la Academia quita y pone cuando le viene en gana, los paréntesis, los corchetes, los guiones y, para remate, la sesión de sonetos a la que sin piedad me ha sometido mi Quevedito particular, tengo la cabeza como el panhispánico de dudas y ya no sé si padezco de diacrisis ortotipográfica o de consonancia inflamatoria aguda.

En fin, una aventura más de la que espero salir con bien. A eso estoy dedicando los días de vacaciones que me quedaban, más unos pocos moscosos, de manera que tengo que sacarle rentabilidad al asunto. Por eso y porque no puedo defraudar a quien me está animando.

Ojalá que cuando termine de escribir mi autobiografía, estos días aparezcan en negrita o, mejor, en letras de oro.

Y esto es todo, de momento.

sábado, 11 de octubre de 2008

LA DIGNIDAD

Gallardón ha prohibido los hombres-anuncio que pululan por la Puerta del Sol. Dice que lo hace para preservar la dignidad de la persona; él solito ha decidido en qué consiste esa cosa tan etérea que es la dignidad de cada cuál, en lugar de preservar la suya propia, que algunos opinamos que hace mucho tiempo que la tiene bastante perjudicada, a base de tragarse sapos y aguantar regañinas de uno y de otra y de dar saltitos para enganchar la zanahoria que le enseñan según les convenga en cada momento y en cada circunstancia política, para no dársela nunca. Pero él sigue ahí, de eterno aspirante a número dos, mientras se lo saltan a la torera las Sorayas y las Gospedales que son mucho más fashion.

Yo creo que cada uno sabe dónde tiene depositada su dignidad y a lo mejor esos chicos con esos seiscientos euros que ganan paseando con "un cartel sobre su espalda y otro sobre su pecho" pueden pagar su habitación a la patrona y comer caliente. Y es que dormir bajo techo y comer todos los días proporciona una cierta dignidad. Señor alcalde, ya ha dicho Pizarro que con las cosas de comer no se juega.

Curiosamente además, casi todos esos anuncios andantes son reclamos de casas de empeño, donde la gente va -generalmente de tapadillo- a entregar las joyas de la familia a cambio de unos pocos billetes que les permitan vivir algún tiempo con un mínimo de dignidad.

Los guardianes de las dignidades ajenas deberían dedicar más tiempo a mirar los problemas de la gente en lugar de quedarse en la superficie y apatrullar la ciudad limpiándola de lo que no les resulta decorativo. En cada parada de autobús, en cada esquina, en cada chirimbolo, hay hombres y mujeres anuncio, muchos con nombres y apellidos conocidos, muchos casi en cueros, sonriendo al viandante sin que parezcan muy preocupados porque peligre su dignidad. Eso sí, suelen estar buenísimos. Por no hablar de los deportistas de cualquier especialidad, que van forrados de rótulos publicitarios de la cabeza a los pies, a pesar de cobrar sueldos mareantes, primas y demás garambainas.

Esto es más complicado de lo que parece. No sé quién está facultado para decidir qué trabajos son dignos y cuáles no lo son, sobre todo cuando no se ha pasado necesidad en la puta vida. Yo, por ejemplo, no me atrevería a pedir la ilegalización de la prostitución en aras de la dignidad de las mujeres. Creo que todos somos mayorcitos -y mayorcitas- para decidir lo que queremos hacer o no. Y la mujer -o el hombre, que haberlos, haylos- que LIBREMENTE decida vender su cuerpo o su compañía a alguien es, como mínimo, tan digna como el que lo compra. No seré yo quien juzgue a uno ni a otra. Otra cosa es que no se persiga a las mafias que se dedican a la extorsión de las personas, trata de blancas que muchas veces son negras. Pero las mafias, ni los especuladores, ni los políticos o alcaldes corruptos se pasean por la Puerta del Sol con un cartel a cuestas.


domingo, 5 de octubre de 2008

LA MUERTE AGAZAPADA

Está ahí, siempre está ahí; aunque no la intuyamos, aunque no contemos con ella; agazapada, camuflada en la maleza del vivir, escondida tras las esquinas, amenazante. Nos olvidamos de ella, pero está ahí, esperando el momento de asestar el golpe; puede venir despacio, ejecutar un trabajo minucioso y lento, de artesano paciente; o dar una puñalada certera, directa al corazón. O hacer una chapuza rápida y siniestra, como ahora, dejando un rastro de sorpresa trágica, de dolor perplejo, de dudas, de porqués.

Me encontré a Ricardo en Sigüenza hace poco más de veinte días, cuando fui en el aniversario de Jaime. Estaba estupendo y se lo dije; algo más gordo -menos flaco, para hablar con propiedad- Es que he dejado de fumar, me confesó con una media sonrisa un poco triste. Por lo visto, todos llegamos a ese momento en que nos hacemos mayores y vemos las orejas al lobo. Ricardo se ha pasado la vida sorteando las orejas del lobo y hasta los dientes. Y siempre ha dejado al lobo con tres palmos de narices. Y ahora, cuando había decidido sentar la cabeza y llevaba una vida apacible y sin riesgos, el lobo le ha pillado a traición; todavía no sé lo que ha sido, de repente se encontró mal, no podía respirar, se fue al ambulatorio. De allí, en ambulancia, a Guadalajara. No quiero hablar de incompetencia porque no tengo los datos, el caso es que llegó en coma. Traqueotomía de urgencia, inútil. A los tres días, muerte cerebral, electroencefalograma plano. El corazón latiendo absurdamente, sin ton ni son, movido por las máquinas; como si fuera de otro. La terrible decisión de soltar los cables.

Mis amigos se mueren en un goteo implacable que ya es un torrente. Un torrente que poco a poco se va llevando mi infancia, mi juventud, mis recuerdos, mi vida. Coro, Paloma, Ricardo -otro Ricardo- Rafa, Antonio, Javier, Marcos, Pepe, los dos José Ignacios, Juan; Chanchi, Laura; mucho antes Tomás y luego Manano, ambos en plena juventud. El accidente de Fran y Maita que fue mi primer encuentro con la muerte cara a cara, de sopetón. No quiero olvidar a ninguno, pero no sé...son tantos que quizá alguien se pierda en algún recoveco de la memoria. Unos, amigos íntimos, de siempre, de los que han crecido conmigo y juntos nos hemos hecho ya casi viejos. Otros los perdí de vista, se fueron por caminos distintos en este laberinto que es la vida, pero todos ocuparon un lugar que sólo ellos podían llenar; todos dejaron un agujero negro en mi pasado y algunos en mi presente. Las fotos de mi adolescencia, de mi primera juventud, de mis años de recién casada, de mi madurez, tienen demasiadas siluetas vacías. Todos ellos juntos constituyen la muerte de una parte imprescindible de mi historia personal, de mi recorrido vital. Pero cada uno es único e irrepetible y en mi recuerdo todos tienen al menos un instante de exclusividad.

Ya nadie va a mirar el mundo tras las gafas de Ricardo, ni nadie puede desdoblar su sonrisa pequeña e irónica, ni nadie va a tener sus ideas geniales, ni su creatividad, ni su irresponsabilidad, ni su locura, ni sus privilegiadas manos artesanas. Ricardo es Ricardo y se va ahora, cuando se estaba convirtiendo en un burgués casi sin darse cuenta.

Sus aciertos y sus errores, él los sabrá. Pero con todos ellos, ojalá haya sido un poco feliz. Yo tengo desde el jueves, cuando me enteré, un nuevo agujero negro en el corazón.


sábado, 4 de octubre de 2008

AHORA LO ENTIENDO TODO

He aquí la explicación para los torpes como yo.