miércoles, 17 de junio de 2009

ALÍ Y LOS DEMÁS

Las jacarandas se deshojan sobre las calles de Marbella y alfombran el suelo de color violeta. Al caer la tarde, una mezcla de olores dulzones emborracha los sentidos y es un lujazo sólo respirar. En esta ciudad que en una mirada rápida y superficial, parece hecha sólo para el ocio y la dolce vita, conviven el glamour y la frivolité con la gente corriente que se busca la vida cada día; pero cuando uno se está metiendo en el cuerpo unos espetos de sardinas asadas con un vinito frío, es muy difícil no comprarle a un senegalés sudoroso que nos mira desde la profundidad de la vida que ha dejado tan lejos, un bolso falso de Dolce y Gabbana. Aunque sólo sea por vergüenza torera y por poder decirle que nos permita invitarle a una cocacola o algo sin alcohol, porque es musulmán y no bebe. Como somos muy listos y estamos de vuelta de todo, hacemos filosofía barata y le decimos que las religiones no nos van a arreglar la vida, que nos manipulan y todo eso. Pero Alí -se llama Alí- nos mira con unos ojos muy negros, anclados en la costa de Senegal, en su mujer y en su hijo de dos años y nos dice que no, que él cree que hay otra vida en alguna parte y no precisamente en las playas de Marbella vendiendo bolsos. Se toma la cocacola de un trago y se va con su cargamento. Alí tiene veinticuatro años y los dientes picados, pero en su mirada guarda toda la eternidad de su raza y de su pueblo. Guarda la conformidad secular con un destino cruel que sabe injusto pero que espera distinto en el más allá. No puedo por menos que desear que al final tenga razón.

Por lo demás, playita, descanso y
dolce far niente. Y viaje a Ronda a ver a María y a Jose, que siempre es una gozada. Vaya pareja maja. Por la mañana yo estaba de los nervios, esperando el resultado de una entrevista de trabajo que sacara a un parado concreto de la cola del paro. Vamos, que saliera mi apellido de la fila de marras. Cuando llegó la noticia me invadió una sensación de felicidad total y absoluta como si ya no existiera Alí ni ninguna otra injusticia en el mundo. Porque así somos, primero los nuestros y luego ya veremos. María me trajo a un amigo suyo, que por lo visto me lee, a que conociera a La Solateras en carne mortal. Y la verdad es que me pilló cuando acababa de hablar con Jesús y no me ocupé en cuidar mi imagen pública. Siento la decepción, Carlos, pero soy tan vulgar y tan miserable como cualquiera; intentaré merecer que me sigas leyendo.

jueves, 11 de junio de 2009

HE VUELTO

Mentira me parece estar aquí sentada, delante del ordenata, sin prisa porque mañana es fiesta y por gusto, por el placer de estar sola conmigo misma, que hace tanto tiempo que no me veo. Llevo tres semanas, tres, inmersa en el Madrid de 1802 a 1814 y he pasado mucha hambre y muchas penurias. Me he librado por los pelos de que me pasaran a cuchillo en la Puerta del Sol o me fusilaran en La Moncloa. He visto las calles de Madrid cubiertas de cadáveres que los devoraban los perros hambrientos. He sido una heroína en el Parque de Artillería de Monteleón, con Daóiz a mi derecha y Velarde a mi izquierda y he recogido en mis brazos al Teniente Ruiz al caer herido; pero también he sido un monstruo de maldad irracional y he acuchillado al Marqués de Perales y después he arrastrado su cuerpo por la calle de Atocha, porque no sabemos hasta qué punto de salvajismo podemos llegar los humanos si nos aprieta el odio.

Las elecciones esas que ha habido el día 7 no me han dado ni frío ni calor, porque yo me estaba debatiendo entre José Bonaparte y Fernando VII y, a ratos, no sabía a qué carta quedarme. Rajoy, por lo visto, ya se siente presidente pero yo no me había enterado de que estas elecciones eran generales; si lo hubieran dicho, a lo mejor había ido más gente a las urnas y entonces, no sé. Pero eso de Europa, como que no nos pone. Voto de castigo a ZP, que ha sido malo y nos ha traído cuatro millones de parados; nos quedamos en casa. Ellos han votado como un solo hombre para que nos saque de la crisis el mismo sistema que la ha provocado. No es mala receta. Luego ya nacionalizaremos lo que sea menester, que para eso está la teta del Estado. Esta primavera se lleva el azul cobalto.


En fin, que he vuelto y que, poco a poco, me iré reincorporando al siglo XXI y dejaré de ser afrancesada, que vaya reyes de mierda tuvimos cuando entonces; el mejor, ya digo, José Bonaparte, que le tocó el trono de España en la bonoloto y, aun así, hizo lo que pudo y trató de defender a este maltratado pueblo de la rapiña de su egregio hermano, Dios le tenga en su gloria.

Y deseo a Inés, mi nueva sobrina nieta, españolita que acaba de venir al mundo, que ninguna de las dos Españas le hiele nunca el corazón.

jueves, 4 de junio de 2009

UN DESCANSO

Por fin he terminado el capítulo II "ESTRUCTURA Y COMPOSICIÓN DEL AYUNTAMIENTO DE MADRID" y me permito una pausa. Creo que no había estado tanto tiempo sin escribir en el blog ni siquiera esas veces que me atacó la locura de abandonar. Y es que una cosa es querer y otra poder. Entonces podía pero no quería y, como mi voluntad es flaca, volví en seguida. Ahora quiero pero no puedo porque estoy sumergida en una corrección que tengo que entregar a plazo fijo y acapara cada minuto de mi tiempo. No veo a mis nietos, como bocadillos y robo al contribuyente dándole al asunto también en la oficina. Mi chico se ha ido, harto de mí y de que no le haga caso.

Durante este tiempo han pasado cosas, el jodío triplete ese, que por lo visto ha hecho feliz a toda España menos a mí y a un taxista que me trajo a casa la tarde del evento. Lo que hace la corrección política; todo el mundo encantado y ellos a la Cibeles a tocar las narices. Y para colmo, cuando paré el domingo para comer sin siquiera quitarme el pijama, vi a un sueco desconocido pegando unos mandobles que echaron de la pista de Roland Garros a mi Rafa del alma, qué pena más grande. Pero buscando el lado positivo, esta situación tiene la ventaja de que no me entero de las estupideces electorales -estamos en elecciones ¿no?- que es que la política en estas ocasiones alcanza las más altas cotas de gilipollez. Aunque me pregunto si esto que vivimos no es una eterna campaña electoral.

Porque mientras nos comen el tarro con la puta gripe esa y todos quieren sacar tajada política del asunto, nadie se ocupa, por ejemplo, de los millones de personas que mueren cada año de malaria, una absurda enfermedad que se podría prevenir con poco más que un mosquitero, o de diarrea o de sarampión o de neumonía, enfermedades corrientes y molientes que en nuestro civilizado mundo son pura anécdota pero que en otros mundos matan a mansalva. Cuando ya todos estemos absolutamente acojonaos con la gripe porcina, saldrá algún cerdo que comercializará una vacuna milagrosa y, por supuesto, carísima, que nos devolverá la calma. Como pasó con el TAMIFLÚ, la pócima milagrosa contra la gripe aviar que ROCHE puso oportunamente en el mercado. A mí todo esto me huele fatal.

Buenas noches. Mañana volveré a mis nuevas amistades: los corregidores, los regidores y los secretarios del ayuntatamiento de Madrid en el siglo XIX. No eran peores que los de ahora, nada nuevo bajo el sol.

miércoles, 20 de mayo de 2009

BENEDETTI

"Cuando muera quisiera desmorirme
tan solo por un rato para ver
como el mundo se lleva con mi ausencia"

Con tu ausencia, maestro, nos llevaríamos mal, muy mal, si fuera ausencia. Pero tu palabra siempre será presencia. Tú no mueres, maestro, perteneces a esa memoria que llena nuestro olvido, estás en todos los inventarios de nuestra vida. Y siempre que te vayas de vos mismo te esperaremos en los tres o cuatro puntos cardinales. Hoy te robo tus versos sin miramientos, maestro, sin ponerles comillas ni cursiva, sin el más mínimo respeto a tu propiedad intelectual. Porque tus versos son de todos los que alguna vez quisimos ser poetas y por tu culpa desistimos del empeño. Imposible aspirar a lo más grande cuando ese puesto ya estaba ocupado. Porque, como los suicidas, todos sabemos dónde nos aprieta la incertidumbre.

No he llorado, maestro; mis lágrimas serían de puro vicio, como las del cocodrilo y las del sauce llorón. No he llorado, maestro, porque no te has ido, porque tengo tus versos en mis manos y en la cabecera de mi cama. Y porque siempre podré refugiarme en tu rincón de haikus para que me besen sin rodeos, a quemarropa, o comprarme un tango en el kiosko de adioses del aeropuerto. Mientras tanto veré todo lo que tus ojos me enseñaron a ver; veré cómo los bombardeos siguen remediando para siempre la sed y el hambre de tantos desdichados y lo solitaria que viene la muchedumbre tras el desfile.

No te has ido, maestro. Los demás nos quedamos velando nuestros escombros.

jueves, 14 de mayo de 2009

VIRUS, HERPESVIRUS, RETROVIRUS

Sólo el título de la tesis ya encierra el planteamiento, nudo y desenlace de la obra; se llama "HERPESVIRUS HUMANO 6 Y EFECTIVIDAD CLÍNICA DEL TRATAMIENTO CON INTERFERÓN BETA 1b EN PACIENTES CON ESCLEROSIS MÚLTIPLE EN BROTES", así, simplemente; y es un tocho de tres centímetros de espesor, tapas azules con letras plateadas y multitud de gráficos y extensa literatura donde, por lo visto, se explica con pelos y señales las reacciones del herpesvirus ese ante el tratamiento antedicho. Marta, muy tranquila y con mucho aplomo, ha hecho una exposición que a mí, desde mi ignorancia y desde mi incontestable parcialidad, me ha parecido brillante aunque no he entendido absolutamente nada. Luego los miembros y miembras, que diría doña Bibiana -en este caso, tres miembras contando a la presidenta y dos miembros- la han sometido durante una hora y sin atisbo de piedad a un cruel interrogatorio sobre virus, herpesvirus, retrovirus, prevalencia, reacciones en suero, reacciones en sangre, segmentos de población por paises, por sexos, por edades, en fin, la leche. Y mi niña ha salido airosa de todas las trampas sin despeinarse y sin descomponer el gesto; disertando sobre todos esos conceptos incomprensibles con la misma naturalidad que si hablara de una receta de cocina. Uno de ellos, por buscar defectos, se ha metido hasta con temas lingüisticos y la ha recriminado que haya utilizado el verbo "testar" para referirse a realizar un test, que testar es hacer testamento. Pues bien, desde aquí quiero recomendar a ese señor tan listo que mire el diccionario de la RAE y verá que la segunda acepción de la palabra "testar" es Someter a test a una persona o cosa para comprobar sus conocimientos o sus propiedades y calidad. Según esa definición, él ha testado a Marta con verdadera saña. Pocos errores ha debido encontrar el erudito para meterse en esa gilipollez.

Cuando ha terminado la tortura de las preguntas, la presidenta ha invitado al público a abandonar la sala para que el tribunal deliberara. Y al cabo de un cuarto de hora nos han vuelto a llamar. Hemos ocupado nuestras butacas y el tribunal se ha puesto de pie. Los espectadores le hemos imitado para escuchar el veredicto con la solemnidad pertinente. Entonces la presidenta lo ha dicho: consideraban que era una tesis magnífica y le otorgaban la más alta calificación: SOBRESALIENTE CUM LAUDE.

Perdonadme las babas. Mi niña pequeña,
aquella que nació en el coche, ya es doctora en biología.

martes, 12 de mayo de 2009

VIVIR

Siempre me sorprende el instinto de supervivencia en muchas personas para las que el mundo es un lugar inhóspito y cruel y a las que la vida trata con dureza extrema, ya sea en el aspecto material, en el emocional o en ambos. Yo, que me considero moderadamente afortunada y que soy consciente de todos mis privilegios, confieso que hay veces, muchas veces, que tiraría la toalla y que contemplo la muerte como una tabla de salvación o como una especie de balneario de reposo. Por eso me fascina que el ser humano –sobre todo, el más desfavorecido- se revuelva tanto contra la adversidad y luche a brazo partido para ganar una batalla, cuya improbable victoria sabe que no acarreará un cambio profundo en su vida sino, acaso, la oportunidad de continuar para siempre en esta lucha sin cuartel. Igual me asombra el terror que suscita una lejana amenaza, como por ejemplo ahora la gripe porcina, en gentes que no parecen tener motivo alguno para aferrarse a la vida, que se sienten inmensamente desdichadas, solas, inadaptadas, desasistidas y abandonadas por el mundo; gentes sin amigos, sin amor, sin familia, sin siquiera recuerdos reconfortantes y que, sin embargo, la idea de la muerte les produce un pánico insuperable.

Quizá sea la creencia de que mientras hay vida, hay esperanza, esperanza en otra oportunidad, lo que les ata a la existencia o quizá el miedo a lo desconocido, a lo que pueda haber al otro lado. Porque ni siquiera la promesa católica de una felicidad sin límites en un cielo eterno y en presencia de Dios, resulta demasiado tentadora, ya que ni a los más píos les seduce la idea de la muerte; como mucho, cuando es inevitable, la aceptan y la ofrecen a Dios como el sacrificio supremo. Tal vez no se acaban de fiar o tal vez la eternidad les resulte demasiado larga, incluso en el cielo; es que es mucho, la eternidad. Más seductor parece el paraíso islámico, a juzgar por la cantidad de voluntarios dispuestos a inmolarse, puede que engatusados por la quimera de un harén de bellísimas huríes dedicadas en exclusiva a colmar de placeres sus sentidos.

Pero son los menos; la mayoría prefiere siempre el infierno conocido a todos los inciertos paraisos que prometen las religiones, aunque este infierno obligue a jugarse a diario esa vida tan apreciada. Y, por supuesto, la mayoría prefiere este infierno a la nada absoluta de los no creyentes. Algunos, en su afán de trascendencia, se agarran a la reencarnación -cualquier cosa, antes de aceptar la desaparición definitiva- pero tampoco convence, porque vaya usted a saber en quién o en qué nos reencarnamos, una lotería.

Y es que, no sé; esto es lo que hay y es lo único que tenemos.

jueves, 7 de mayo de 2009

Y YO, QUE QUERÍA SER RUBIA

Cuando era pequeña quería ser rubia pero la naturaleza me dotó con un pelo negro zaíno que brillaba mucho al sol; también quería cantar muy bien y ser bailarina, sin embargo siempre tuve un oído siniestro incapaz de reproducir la más sencilla armonía y, cuando intentaba bailar el rock, mis piernas y brazos se trababan en unos nudos imposibles y acababa rodando por la pista. Me acuerdo que me encerraba en el cuarto de baño y, mirándome en el espejo, me imaginaba que mi melena negra se volvía dorada de repente y mis ojos se ponían azul turquesa y cantaba y bailaba como Marisol. Yo creo que quería ser Marisol; luego, mucho más tarde, me he enterado de que Marisol no quería ser Marisol sino Pepa Flores, lo que son las cosas.

Ahora ya no quiero ser rubia y en cambio los peluqueros siempre insisten en quitarme este negro zaíno, que me hace muy dura, dicen. Y yo digo que mejor, que a alguien engañaré. Lo malo es que en cuanto me descuido me salen las raíces blancas y asoma la abuela que llevo dentro. Porque ocurre que hoy, 7 de mayo, cumplo sesenta tacos de almanaque.

Y la verdad, no sé muy bien cómo tomármelo. Porque ahora, cuando me miro en el espejo, veo a aquella niña que quería ser rubia y también veo a aquella adolescente tímida, enamoradiza y frágil que quería ser escritora, aunque no fuera rubia. Y veo a la novia del chico más guapo de la pandilla, del más ligón, del más ingeniero y del que mejor cantaba. Veo a aquella chica, poca cosa, que besaba por donde él pisaba y que intentaba ser la que él quería que fuera. En el espejo se sobreponen, una tras otra, las imágenes de todas las mujeres que fui y me pregunto si la que soy ahora guardará todavía algo de aquellas. Porque también aparece la recién casada de veintidós años, niña bien del barrio de Salamanca, que dejó una familia como debe ser y se fue a un monte perdido en las Islas Canarias para emprender la aventura de la vida. Era el año 71 y en aquel monte reseco y polvoriento, con casas desperdigadas aquí y allá, todavía estaban esperando que entraran los nacionales; allí no podía ponerme los modelitos que me había hecho una modista carísima de la calle de Ayala y mi única amiga era la Susita, una vieja desgreñada que me asustó una mañana cuando la vi obsrvándome al otro lado de la ventana, como la bruja de Blancanieves, y la invité a café porque algo me dijo que mejor sería hacerse amiga suya. Desde aquel monte reseco y polvoriento escribía cartas a mi madre diciéndole que vivía en un vergel y que me despertaban los cantos de los pájaros; mientras tanto él trabajaba sin tregua ni descanso en aquella presa inverosímil que algún día se llenaría sólo con agua de lluvia y con las escorrentías que bajaran de más arriba, y anegaría las casitas del valle. Por la noche se asomaba a la ventana a ver si se movía la grúa. En aquel monte reseco y polvoriento, la niña del barrio de Salamanca enseguida vió crecer su vientre y ya no era sólo la Susita su compañía, también hablaba con su niño, al que desde entonces empezó a querer tanto.

En el espejo aparece una madre joven e ilusionada pero también asustada y sola, que quería seguir siendo hija un poco más de tiempo. Y lo que llegó poco después, todo lo que me vino tan grande, tan inesperado, tan absurdo. La perplejidad, las preguntas. E improvisar la vida cada día y vivir a trompicones; salir de cada paso como podía, sin tiempo, sin sabiduría. Me pilló la vida por la espalda. El espejo se empaña un poco con las lágrimas, pero ya no me acuerdo del motivo.

En mis arrugas se esconde todo aquello; y tres o cuatro amores importantes; y tres hijos más. Y Jaime, que se fue. Pero, alrededor de los ojos, también tengo unas arrugas pequeñitas que me han salido de tanto reírme.

Hoy cumplo sesenta años y soy la que soy por todo aquello. Creo que no voy a operarme las arrugas.
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domingo, 3 de mayo de 2009

2 DE MAYO EN EL BERNABEU

Recuerdo una vez, hace algunos años, una noche que el Real Madrid había ganado algo importante, no sé si era la liga o la novena copa de Europa, que nos fuimos a Cibeles tocando alegremente el claxon por la carretera de La Coruña, pi, pi, pipipi, entre otros muchos coches que sacaban banderas blancas por la ventanilla. Uno de aquellos conductores, contestó muy serio a nuestros pitidos que menos fútbol y más leer, como si fuera incompatible. -A mí no me interesa el fútbol, yo leo, nos espetó con infinito desprecio, seguramente era un intelectual. Los que no son futboleros no pueden entender ni la euforia desatada ni la desolación colectiva que se desparramaba por las calles de Madrid este 2 de mayo en el que la carga de los mamelucos nos laminó en el Bernabeu. Los que somos futboleros tampoco lo entendemos ni lo podemos racionalizar. No tiene ningún sentido que una victoria nos haga olvidar -aunque sólo sea por un rato- las angustias y los problemas de cada uno ni que una derrota tan aplastante como la de anoche nos hunda en un pozo de amargura, afortunadamente, también por un rato. -Sólo es un partido, repetimos como un mantra tratando de conjurar nuestra tristeza y nuestra rabia. Y es que esto del fútbol es un vehículo para canalizar las pasiones, sobre todo los más bajas; hasta el punto de que no sé qué nos produce más placer, si la victoria de los nuestros o el hecho de que los rivales muerdan el polvo. Sólo hace falta escuchar con un poco de atención los gritos de las hinchadas ganadoras, que en un altísimo porcentaje están más dirigidos a humillar al contrario que a ensalzar al vencedor. Esto es así, e intentar imbuir de racionalidad al forofo es perder el tiempo, entre otras cosas porque se desvanecería gran parte de su esencia, que consiste básicamente en joder al adversario.

Cuando esta mañana he bajado a comprar el pan a una tienda de mi barrio, el tendero ha despedido a un parroquiano diciéndole con un punto de mala leche: -adios, hombre, que te lo pases hoy mejor que anoche. Y, bueno, así es la cosa.

Siendo políticamente correcta -o correcta a secas- no me queda otra que felicitar a los culés, aunque me ha brotado un sarpullido de envidia en lo peor de mi misma y estos picores sólo se me aliviarán si el Chelsea los elimina de la Champions.

Pues eso, que enhorabuena al Barça y a esperar tiempos mejores, que llegarán tarde o temprano. Por lo menos no marcó Eto'o, hubiera sido demasiado.

No voy a colgar el himno del Barça que sería lo suyo, porque no soy masoquista. Así que entonemos el "Gracias a la vida" que, a pesar de todo, nos ha dado tanto.

domingo, 26 de abril de 2009

TU RISA

¡Muchas felicidades, mi niño! Veinticinco años ya y casi diecisiete sin tí o, mejor dicho, contigo en el recuerdo siempre, todo el rato. Cuando estoy contenta y cuando estoy triste, cuando me duermo y cuando me despierto, cuando salgo de casa y cuando entro, cuando estoy sola y cuando tengo compañía. Siempre. Espero que me oigas cuando te hablo y cuando te pido cosas para todos; para que, desde donde tú estés, nos eches una mano: a tu abuela, que está muy mayor y te quiere tanto -sigue diciendo que tiene doce nietos- a tu hermano, que ahora tiene problemas -no sé si ahí os llega la puta crisis esta, pero aquí ya tenemos más de cuatro millones de parados- a Ana que está muy cansada con los gemelos -son dos soles, pero la agotan y se estresa mucho cuando están malos, con el trabajo y eso- a Marta, que dentro de unos días leerá su tesis y está atacada. A papá, que ya sabes. Y a mí también un poquito. Y otras cosas que no te puedo decir por, bueno, porque no puedo, pero que tú ya las sabes. ¡Ah! y a Fer que pasado mañana también cumple veinticinco años; si has leído el blog, ya sabrás que se ha ido al Líbano a no se qué misión de paz. Ahí estáis en el columpio, los dos juntos como siempre, sólo unos días antes de aquello, parece mentira con esa cara que tienes. Ese cordoncito rojo que llevas por pulsera en la mano derecha, lo llevé yo durante muchos años hasta que se rompió. No me lo quitaba nunca, ni para ducharme; ahora está guardado en una caja que tengo con otras cosas tuyas.

Por lo demás, mi niño, pocas cosas. Visto lo visto, no me quejo de cómo me trata la vida últimamente. La liga, pues eso, que el Barça está intratable y parece que va a ganar todo este año. Yo no le deseo mal a nadie, pero en fin, un esguince a Iniesta -qué máquina de jugar al fútbol-, una tripotera a Messi, nada grave, sólo algo que les quitara de en medio estas últimas jornadas, a ver si...

Pues que te quiero, mi niño. Y que no me quites tu risa.

viernes, 24 de abril de 2009

PEAJES

Y estas ganas que me entran por la noche de hacer cosas. Son las doce y media y a estas horas ya no pienso en entrevistas de trabajo, ni en resultados de análisis, ni en nietos que se ponen malos, ni en hijas que no duermen, ni en madre que le duelen cosas, ni en la cuenta corriente. A estas horas ya no suenan los teléfonos y de alguna forma mi cuerpo se defiende de la realidad y se va por otros mundos. Creo que tengo sueño, me he levantado a las seis y media esta mañana, pero no me voy a la cama porque mi yo verdadero -que diría Aguamarga- reclama su parte, su tiempo, necesita respirar, necesita verse, existir y, seguramente, es la única forma de abordar el día de mañana.

Dejo que bailen los dedos sobre el teclado sin saber muy bien a qué letra dirigirlos, si a la f de felicidad o a la d de dolor o la m de miedo. Quizá esta última sea la que mejor defina esta hora de silencio, cuando sólo oigo el eco de términos médicos incomprensibles y amenazantes. Quizá "Los abrazos rotos" no sea tan mala como me ha parecido, he parado el DVD, me aburría enormemente. Pero igual era yo, que no me he metido en la película, que en realidad me importaban un bledo las andanzas de unos personajes con una vida tan vulgar como la de cualquiera, aunque se calce los zapatos rojos de tacón alto.

El miedo e intentar arrancar a la vida una sonrisa; el miedo e inventarse una noche loca de música y gin-tonic. El miedo y este rato de placer en soledad, el miedo y el regocijo del amor. Siempre está ahí, para aguar la fiesta mayor de los sentidos. Porque el pasado no nos vacuna contra el presente ni contra el futuro y los dolores antiguos no evitan los presentes ni los que puedan venir. -Yo ya he pagado mi cuota, mi peaje por transitar por este jodío mundo; ahora me espera una vía rápida y tranquila, sin curvas peligrosas, sin badenes ni desniveles que no dejan ver lo que hay al otro lado. Pero no, nos esperan más peajes imposibles de esquivar, que no sabemos donde están. Se trata de conseguir que el miedo no nos atenace el alma, no nos paralice la risa, que no nos dejemos robar la cartera de los buenos ratos y sepamos dividir esta puta vida en compartimentos estancos, de manera que cada uno de ellos no derrame su contenido y contamine a los otros. Y cuando toque sufrir, pues a sufrir y a entregarnos a tope, pero cuando toque gozar, pues también a tope, sellando cualquier rendija que permita filtrarse las aguas turbias del dolor. No es fácil, pero se puede conseguir.