jueves, 12 de agosto de 2010

EL AMOR VERDADERO (Vamos a ponernos clásicos)

Tú has querido un amor dulce y amable,
sin altibajos, hecho de hermosura.
Yo te lo voy a dar tan adorable
que jamás vas a ver su zona oscura.

Forjaré un corazón impermeable
que no muestre la más leve amargura,
pero nunca te va a salir rentable
si a cambio sacrifico mi ternura.

Olvida ya cómo te amé primero.
Has conseguido mi metamorfosis:
ya no preciso ni decir te quiero.

Tal vez sea imposible la simbiosis
amor-felicidad, casi prefiero
sufrir mono de ti a la sobredosis.

lunes, 9 de agosto de 2010

CALMA CHICHA


Pesa la tarde,
las hojas ya no pueden con su alma
sin un soplo de aire que las mueva;
los minutos corren con parsimonia
y se me caen los párpados
esperando que vuelvas.

Cuando llegues
no sé si seré yo la que te aguarde
o me habré convertido en árbol seco,
sin fruto de palabras ni de abrazos;
quizá esta calma chicha
pueda acabar conmigo.

Solo pido
que de una vez estalle la tormenta
y nos deje desnudos y de frente,
empapados y limpios,
que nos lave la culpa
o acaso nos arrase sin remedio.

lunes, 2 de agosto de 2010

ANTES, AHORA, SIEMPRE

Una vez más me encuentro entre tus piedras.
Nunca me fui de aquí, vivo escondida
detrás de cada esquina erosionada.
Aquí están mis edades y me miro
desde el otero fiel de la existencia,
una vez alcanzado mi futuro imperfecto.

Me tomo de la mano
y juego al escondite por tus pinos
esquivando tristezas
-tiempo habrá de que lleguen
y de que tú las veas-
y lloro sobre el hombro de la luna
con lágrimas de broma, porque llorar
era un juego de niña enamorada,
una manera de pasar el tiempo.

Vuelvo a soñar los sueños que soñaba
por tus mismos caminos, en veranos exactos;
suenan las diez en el reloj de siempre
y, a regañadientes, me acompaño a mi casa.

Hoy, los mismos parajes
me ven pasar apoyada en mi brazo;
ando a pasitos cortos, descansando
sobre cualquier peñasco que me acoja,
mirándome los pies mientras camino
no vaya a tropezarme con mi historia.

sábado, 17 de julio de 2010

EN EL CALOR DE LA NOCHE

Suele ocurrir en noches ateridas
que el corazón se aparca en cualquier sitio,
medio esquinado, apenas intuyendo
que vendrá el desencanto con la grúa,
costará un dineral recuperarlo
y deberán pagarse las multas atrasadas.

Y quedará en la boca
un empacho de besos fronterizos
entre el sueño y el blues,
una resaca más, de color sepia,
con un sabor eléctrico
a ginebra barata.

lunes, 12 de julio de 2010

ISLAS, FÚTBOL Y BESOS

No cabe duda de que pasar las vacaciones cada año en un sitio tiene su gracia porque se conocen nuevos lugares y nuevas gentes y se amplían horizontes, pero uno no deja nunca de ser extranjero y de moverse como un guiri con la máquina de fotos a cuestas intentando apresar rincones y momentos; y cuando esas vacaciones son de tan solo una semana y se quieren ver demasiadas cosas, al final no se ve ninguna con el mínimo de profundidad y de detalle necesario para recordarlo. Bueno, habrá opiniones para todos los gustos, pero nosotros hemos repetido por tercer año consecutivo el mismo lugar de Galicia, la misma casa rural y hasta se me ha olvidado la máquina de fotos, porque hemos ido sin ánimo de hacer turismo, solo de descansar, relajarnos y hacer un poco lo que nos diera la gana en cada momento, sin planes ni programas. El año pasado nos reconocieron por haber estado el anterior y fue gratificante; este año no nos han reconocido, sino que nos conocen y nos han recibido casi como a unos amigos. El gallego, hablando en general, es más bien cerrado y le cuesta intimar, pero nosotros, erre que erre, hemos conseguido de algunos un trato personal -o personalizado, no sé- casi familiar.

Además el tiempo se ha portado y los primeros tres o cuatro días nos ha regalado un calor impropio de la zona, con lo que yo, que soy como de raza calé ya de mi natural, vengo como un auténtico conguito. Tanto calor hacía que calculé mal y me fui a la isla de Ons solo con lo puesto; lo puesto era un bikini, un pantalón corto y una camiseta y, en la travesía a la isla, me resultó a todas luces insuficiente contra la brisa que soplaba en cubierta por barlovento, que a medida que nos alejábamos de la costa se iba haciendo cada vez más fría. A pesar de envolverme en la toalla no tuve más remedio que instalarme bajo techo si no quería arribar a puerto con un trancazo más que regular. Mis antepasados marinos se hubieran avergonzado de mi falta de previsión para la cosa de los vientos.

La isla es una delicia, totalmente enxebre que dicen los gallegos, que es algo así como de verdad, auténtico en el sentido más idem de la palabra, sin ningún tipo de artificio mercantiloide para turistas. Al arribar al muelle ya divisamos el Checho donde nos habían recomendado comer y, tras reservar la mesa, emprendimos la ruta, yo con ánimo de visitar el Buraco do Inferno que, por lo oído, es un agujero entre las rocas por el que se ve el fondo del mar. Pero después de caminar durante media hora bajo el sol y con aquellas playas maravillosas a nuestra izquierda llamándonos a gritos, nos cruzamos con un paseante que nos informó de que nos quedaba casi otra hora de subida; no nos daba tiempo a llegar, darnos un baño y volver a comer, así que desistimos y nos quedamos en una playa de ensueño, de arena blanca de esa que no mancha, como de conchas trituradas y un agua transparente y gélida.

Fernando se dio un baño y se fue al chiringo, pero yo me quedé allí tirada un rato y volví despacito, mirando cada piedra y cada planta y dejando que mis pensamientos se fueran por ahí a su bola. No hay papeleras en la isla por el impacto visual y las complicaciones para la gestión de los residuos, sin embargo está todo como a estrenar y no se ve ni un papel, ni una colilla en el suelo. Todo un ejemplo de civismo. La iglesita encalada con adornos en añil tiene una inscripción en su frontispicio dedidicada a su patrón San Xoaquin, que en una caligrafía como de párvulo, dice literalmente así: San Xoaquiniño, dainos un ventiño en popa pra llegar a noso porto, pues teño a vela rota. Me pareció enternecedor.

En casa Checho nos apretamos un pariente del pulpo Paul, empanada de zamburiñas y un sargo que saltaba, todo regado con alvariño. Queríamos volver a tiempo de ver la semifinal contra Alemania, por lo que habíamos reservado el barco a las cinco y media, pero se estaba tan bien allí que lo cambiamos por el de las siete y media, a riesgo de perdernos los himnos, y volvimos a la playa. Cuando uno está en la gloria el tiempo pasa muy rápido y antes de darnos cuenta ya era la hora del último barco hacia Bueu. No tardamos ni dos minutos en preguntar al Checho si alguien alquilaba habitaciones y nos puso en contacto con la Puri que nos proporcionó una para pasar la noche.

De manera que vimos el España-Alemania en la Isla de Ons, dando cuenta de otra botella de alvariño y unos percebes y con los aaaay, pufff, ¡vámonos!, ¡fuera de juego! coreados con acento gallego. Cuando Puyol propinó al balón aquel cabezazo magistral, el ¡¡¡GOOOOOOL!!! resonó por toda la ría y yo me abracé primero a Fernando y luego a un pescador que tenía al otro lado. Los truenos que me despertaron luego, mucho más tarde, creí que eran fuegos artificiales de celebración, pero no; era el cielo el que lo cebraba con un pedazo de tormenta que cambió el panorama climatológico; al día siguiente llovía y hacía frío y nosotros seguíamos con lo puesto, así que cogimos el primer barco que salió.

Entonces apareció en escena Enrique. Enrique es todo un personaje; con su melena entrecana, su sombrero, sus vaqueros, su camiseta negra con el estampado de unos ojos de mujer palestina tras una alambrada y su chaqueta también negra, desestructurada y de firma cara; con su voz profunda y su mirada miope, luce un aspecto entre intelectual y vividor, entre enigmático y seductor, francamente atractivo. El primer día me resultó cercano y tierno y se desmelenó con mucho desparpajo; pero al siguiente, no sé si por la resaca o porque un exceso de lucidez le hizo arrepentirse de haber mostrado su vida con demasiada sinceridad delante de mí, estaba distante y me pareció que con un puntito de cierta animosidad; igual fue una apreciación equivocada por mi parte, fruto de mi conocida hipersensibilidad, pero me gustaría tener ocasión de conocerle más.

Y al llegar a Madrid, la Roja. Yo me la enfundé en el alma desde que me levanté y en el cuerpo desde el medio día, con la pertinente bandera colgando a mi espalda. De semejante guisa me fui a comer a un restaurante muy elegante. Vimos el partido en casa de Arturo, con Pitoya también de rojo y Almu con la bufanda enrollada a la cintura. Y así estuvimos, sufriendo en nuestras carnes durante casi ciento veinte minutos la leña que la naranja mecánica repartía entre nuestros chicos ante la inoperancia de un árbitro inútil o bien pagado, no sé. El patadón en el pecho a Xabi Alonso me dolió en el mismísimo esternón. Sin embargo cuando ese chico -llamado Andrés
Iniesta y nacido en Fuentealbilla, Albacete, de una familia humilde- tímido, bajito, paliducho y casi calvo pero que trata al balón con el mismo mimo y delicadeza que si fuera un bebé, con la habilidad de un malabarista y con la potencia y precisión de un misil, chutó aquel derechazo para la historia, el grito de ¡¡¡GOOOOOOOOOOOOOOL!!! recorrió España entera, desde la Isla de Ons hasta la más pequeña de las Canarias, desde Cádiz a Barcelona, desde Valencia a Badajoz, desde La Coruña a Almería, desde Gerona a Sevilla, desde San Sebastián a Huelva; estremeció las capitales y los pueblos, la costa y el interior, la montaña y la llanura, los campos y las ciudades; entre los españoles que están fuera y los extranjeros que están aquí, entre los militares que andan por ahí, entre los presos de las cárceles y los enfermos de los hospitales. Y todos nos echamos a la calle; y en la calle reinaba la alegría, el buen rollo, el optimismo y la complicidad entre viejos y jóvenes, entre rojos y azules, entre obreros y empresarios. Y nos besamos y nos abrazamos con íntimos desconocidos, y agitamos las banderas y las bufandas y nos quedamos felizmente roncos. Nos hacía mucha falta algo así. Me dio mucha pena no tener allí a Marta que hubiera disfrutado como una enana y la pobre está en Francia; lo tuvo que ver rodeada de gabachos envidiosos de España y cabreados por el papelón que ha hecho su selección en el mundial.

Yo comprendo que haya gente tan intelectual, tan profunda, tan transcendente, tan culta y tan seria que no se emocione con estas cosas e incluso las desprecie, pero yo me lo paso muy bien siendo tan simple y tan primaria. Y el beso de Iker a su chica olvidándose de la entrevista y de las cámaras, casi me salta las lágrimas.

TELECINCO pide dos millones de euros por sus derechos sobre el video y a mí este mes no me viene bien con tanto gasto, pero gracias a Cock que me lo ha mandado, lo tengo en mi ordenador, y ahí no creo que puedan meter mano. Espero.

jueves, 24 de junio de 2010

EL FLACO VOLVIÓ A LAS VENTAS

El prestigioso crítico musical Fernando Miranda, de El País, califica lo que hizo antes de ayer Joaquín Sabina en Las Ventas de faena de aliño. Bueno, es una opinión. El Mundo por su parte, da una cumplida reseña del concierto en el Palacio de los Deportes de la mítica y legendaria banda de rock estadounidense Kiss -cuya existencia yo desconocía, supongo que por una cuestión de edad o de incultura musical o de ambas cosas- y al de Úbeda ni le nombra, como si lo de las Ventas hubiera sido una ensoñación de algunos nostálgicos, qué cosas. Sin embargo fue verdad; Joaquín, un vez más -probablemente la última, como él mismo nos anunció- volvió a maltratar nuestros corazones en la plaza de Las Ventas, ensanchándolos y encogiéndolos como a un acordeón durante tres horas macizas, poniéndo nuestras vidas, las de los que como él peinamos canas en el alma, delante de un espejo inmisericorde; enseñándonos nuestras miserias, nuestros sueños rotos, nuestra realidad sin disfraz. Dicen que ya no es el que era y es verdad. Ya no es el que era, es mejor, mucho mejor. Porque su voz ha adquirido la textura triste indispensable para decir cosas como que amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño. Porque antes se lo imaginaba pero ahora sabe muy bien de lo que habla.

-¿Cómo estás?
-Mal; llevo cuatro años sin escribir una puta canción. Es que soy feliz.
-Pero... ¡cómo has podido caer tan bajo!

La felicidad no es creativa. Es para vivirla, para disfrutarla, pero no para contarla porque es un coñazo para el que escucha; al que escucha le gusta oír sus miserias en rima consonante, con ritmo de rock o de balada, da igual. Sabina es un pedazo de poeta que ha tenido la inteligencia de rodearse de grandes músicos, como Pancho Varona y Antonio Garcia de Diego para que pusieran sus magníficas letras en un pentagrama. Las pantallas gigantes nos enseñaban en primer plano los surcos que la vida ha dejado en sus rostros y lo cierto es que todos han ganado con los años: en expresividad, en solidez, en verdad. Y sacando toda la fuerza que le han dado tantos años de oficio Pancho Varona era el más intrépido conductor suicida que jamás hubo.

La presencia femenina recae en Marita Barros que mueve muy bien el culo haciendo de la puta de La Magdalena y en su minuto de gloria canta aquello de me lo dijeron mil veces pero nunca quise poner atención en plan Perlita de Huelva y así, con mucho grito y mucho quejío; nada que ver con la sensual voz y el buen gusto de Olga Román, que ahora vuela por su cuenta; una pena pero así es la vida.

Y esa noche le levantamos otra vez la falda a la luna, que se dejaba. En el ruedo miles y miles de brazos jóvenes señalaban un cielo sucio de humo -aquí huele a porro, dijo alguien- y en las gradas los padres de esos jóvenes -por un día, aunque solo fuera- no nos preguntamos por qué lo hiciste, ni quisimos contigo ni sin ti, solo quisimos, muchacha de ojos tristes que murieras por mí. Porque teníamos muchas ganas de jugar por jugar y corromper al puritano que todos llevamos dentro. Y muchas damas de noche nos dejamos seducir en el asiento de atrás de un coche, por una vez y sin que sirviera de precedente, mientras nos envenenaban los besos que íbamos dando y nos fugábamos por los tejados como gatos sin dueño; lo malo es que llovía sobre mojado, sobre unas vidas que ya están chorreando -son muchos treinta años recibiendo chaparrones- y de vez en cuando suspirábamos de nostalgia.

El pirata cojo nos dejó una sombra de dolor en la rabadilla de tanto moverla. Pero perdimos la vergüenza tapados por la persiana que corregía la aurora y el fin del mundo nos pilló bailando.

Dice que se va, que es el último concierto. Y yo tengo la sensación de que con él -que es tan viejo como yo- se me va el último aliento de juventud y de rebeldía, aunque esto que acabo de escribir dé mucha risa y resulte patético a los lectores jóvenes de este blog, si es que hay alguno. Porque a partir de ahora ¿cómo vamos a huir, si ya no quedan islas donde naufragar?

sábado, 19 de junio de 2010

RECICLAJE

En tiempos de apretarse el cinturón
es bueno reciclar los sentimientos
y no andar por ahí dilapidándolos.

Revolver en el cuarto de los trastos
y pegar los pedazos de esas noches
que se hicieron añicos.

Tapizar el sofá desvencijado
y rellenar con besos
la soledad que hunde sus extremos.

Poner en la cocina unos geranios
y comerse el orgullo que sobró de la cena
aliñado con salsa de ternura.

Dar la vuelta a los trajes, brillantes ya de hastío,
dejarlos como nuevos
solo con un pespunte de ironía.

Son muchos los recursos para ahorrar amarguras;
tarde o temprano
ha de llegar el tiempo de gastarlas.

miércoles, 16 de junio de 2010

OBJETOS PERDIDOS

Me dijeron que existe una oficina
situada en las afueras del recuerdo
donde van a parar, quién sabe cómo,
mil paraguas y sueños
dejados en las barras de los bares.
(Autor anónimo)


Por mi mala cabeza voy dejando
pedazos de la vida en cualquier sitio...

una tarde de lluvia perdí un sueño
en la barra de un bar, con el paraguas;
cuando volví no estaban y mira que lo siento...
el paraguas...aún tenía un buen uso
pero el sueño...
¿quién lo aprovechará con tantos rotos?

He perdido también -creo que fue en el metro-
una mirada larga, inacabada,
que olvidé con las prisas
porque llegaba tarde a la rutina.

Y tras mucho buscar por los cajones
el beso que me diste
lo encontré con tres multas y algunas fotos viejas.

Casi seguro ya habrá caducado
mas lo conservaré porque... quién sabe,
tal vez me pidas que te lo devuelva.


jueves, 10 de junio de 2010

INDOLENCIA

Esta inmensa desgana
que me invade la edad de arriba abajo
no encuentra un clavo ardiendo
donde agarrarse para dar un grito.

Pasó el tiempo
de perseguir las causas imposibles
y las posibles
tampoco ya interesan casi nada.

A estas alturas
sólo el vago recuerdo
de tu boca rotunda,
y tu modo de andar destartalado
le podría arrancar a mi indolencia
un mínimo temblor,
fugaz escalofrío apenas lujurioso.

En estas condiciones, si yo fuera
seria y profesional, escribiría
una simple canción desesperada
-al menos obtendría algún provecho-
en lugar de esconderme

tras la esquina más triste de la noche
para evocar a tientas
tu memoria.

martes, 1 de junio de 2010

DANIEL COHN BENDIT EN EL PARLAMENTO EUROPEO

Yo quiero esta clase de políticos.