domingo, 30 de octubre de 2016

LA ÚLTIMA VEZ

Cuando nos despedimos
ninguno de los dos imaginábamos
que era la última vez.

Nos dijimos adiós igual que siempre,
con un poco de prisa y un abrazo
que nada hacía pensar que fuera póstumo.

Si hubiéramos sabido que era el último
tal vez hubiese sido algo más largo
o quizá me estrecharas con más fuerza
mientras yo con las uñas, sujetando una lágrima,
te habría acariciado levemente la nuca.

O puede que intentaras convencerme
de que aquello era amor, que era la vida
la que se había puesto en contra nuestra.
Y yo, seguramente, una vez más
me habría conformado con las sobras.

Pero no pudo ser, tú no estabas conmigo
cuando yo me rendía a la evidencia
de que es la soledad mi territorio,
mi hábitat natural, mi única casa.

Y ahora ya es muy tarde, he aprendido
a no esperar prodigios, que las peras
nunca caen de los olmos.

jueves, 20 de octubre de 2016

GRIS

Reivindico la duda
y el color gris con todos sus matices,
la verdad absoluta me da miedo.
Miro a los ojos a esa incertidumbre
que casi siempre esconde la certeza. 

Reivindico el derecho a discrepar
incluso de los míos
y a poner en cuestión todos los dogmas.

Reivindico el derecho a equivocarme,
a tropezar mil veces con la piedra
en la que construí toda una vida
y a caerme de bruces nuevamente.

Reivindico el error
y mis contradicciones sucesivas.
Y mi debilidad. Y mi nostalgia
por algunos hermosos disparates.

Y el grito de la carne.
Y esa necesidad, ineludible 
para sobrevivir, de que me quieran.

domingo, 16 de octubre de 2016

LUNA DE OCTUBRE

Recuerdo aquella noche
de copas y secretos que alguien puso,
en la luna de octubre,
justo en aquel lugar para nosotros.

Recuerdo que yo estaba
levemente borracha, lo preciso
para abrir en canal mis soledades
y derramarte encima
todas esas absurdas confidencias
que tú ya suponías de antemano.

Y recuerdo que hablaba como un loro,
tan pronto me reía sin motivo
y tan pronto lloraba
por todos los motivos de mi historia.

Hasta que me callé. No seguí hablando
porque tú me tapaste la boca con la tuya
mientras me retirabas el pelo de la cara.

Ya no recuerdo más. O sí, quizá no quiera
entrar en más detalles
porque lo más hermoso fue aquel beso
que alguien había puesto,
en la luna de octubre,
justo en aquel lugar para nosotros.

sábado, 15 de octubre de 2016

DYLAN

Cuántas veces debe un hombre levantar la vista
antes de poder ver el cielo.
Cuántas orejas debe tener un hombre
antes de poder oír a la gente llorar.
Cuántas muertes serán necesarias
antes de que él se dé cuenta
de que ha muerto demasiada gente.
La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento.
La respuesta está flotando en el viento.
(Bob Dylan)

Me sorprende cómo ha escocido a algunos la concesión del Nobel de Literatura a Bob Dylan y no acabo de entender el porqué. Los versos que encabezan este post son solo una mínima muestra de las cosas que ha dicho en sus poemas. Repito, en sus poemas, a los que después ha puesto música. Porque Dylan es básicamente un poeta y el hecho de que cante sus poemas no los desmerece como obra literaria. No sé si su obra es merecedora o no de tan alto galardón, pero tampoco lo sé de los otros ciento quince premiados desde que se comenzó a entregar el Nobel en 1901, o por lo menos tengo serias dudas respecto de muchos de ellos. Pero nunca antes había visto que se organizara tal polémica ni que se escribieran cosas tan ofensivas y tan cargadas de desdén de ninguno de los premiados. Lo que me lleva a pensar que esa reacción se debe más a motivos espurios -como la ruptura con el establishment, que eso no se perdona así como así- que a los puramente literarios. Y es que todos somos muy progreso pero que no nos toquen las narices. Vamos a cambiar todo para que todo siga igual, ¿no era así lo de Lampedusa?

Me he tomado la molestia de repasar los ciento quince premiados anteriores a Dylan --entre los que, dicho sea de paso, solo hay catorce mujeres- y debo confesar que de ellos solo conocía a cuarenta y siete. Claro que mi incultura es enciclopédica, pero me atrevo a asegurar que muchos de los que critican este premio conocen a bastantes menos que yo, ni siquiera de nombre. Y de algunos solo han sabido de su existencia cuando les han concedido el Nobel -y seguramente ya los han olvidado-, sin embargo nunca se les ha ocurrido poner en tela de juicio el premio. Pero a Dylan sí, a Dylan hay que machacarle aunque ni siquiera sepan inglés para entender sus letras. Es más, tengo para mi que si Dylan no hubiera sacado los pies del tiesto, si nunca hubiera puesto música a sus poemas y se hubiera limitado a ser un poeta minoritario, solo para "iniciados", sin salir del oscuro e ignoto rincón donde debemos permanecer los poetas, nadie hubiera cuestionado su premio, como ha ocurrido con tantos otros Nobel a los que no conocía ni su vecino.

El Nobel no se lo dieron nunca a Borges ni a Cortázar ni a Rulfo ni a tantos y tantos autores que admiro. Sí se lo han dado, en cambio, a Mo Yan, que no dudo de sus méritos, pero que no he tenido el gusto de conocer ni antes ni después del Nobel, aunque esto sin duda es una imperdonable carencia mía. Sin embargo a Dylan le conoce todo el mundo porque, tan solo armado de su guitarra y de sus versos, ha llevado su grito contra todas las guerras y contra todo tipo de injusticias hasta el último confín de este inhóspito mundo.

¿Por qué, entonces, esta airada reacción a su premio? La respuesta está flotando en el viento.

lunes, 3 de octubre de 2016

NO LLOVÍA EN CÓRDOBA

Quién sabe cuántos días caben en el olvido.
(Rodolfo Serrano)

Aquel fue un día extraño, tan extraño
que en Córdoba llovía
como no recordaban los más viejos.

Pero no hay que volver
nunca al lugar del crimen
porque probablemente no haya lluvia,
el cielo será azul y no estarán
los rincones oscuros por los que nos besábamos
igual que adolescentes
en el barrio judío.
Apenas nos cubría tu paraguas
del chaparrón de besos.

Ocurre que el recuerdo se cambia en otra cosa,
las calles se confunden, no se encuentra
la plaza diminuta donde estaba escondido
aquel hostal con plantas en el patio
y todas las esquinas son exactas.

Los turistas invaden con sus cámaras
la curva infinitud de la Mezquita
donde quedó prendido nuestro asombro,
nuestras manos negaban el presente imposible
sin soltarse al pasar por las columnas.

Y ya no sé, después de algunos meses,
si aquello fue verdad
o fue tan irreal como la lluvia.

Lo único que sé es que quemaba el sol
y este brutal azul no era el de entonces.
Mas yo pisaba charcos
y diluviaban besos por las calles de Córdoba.

sábado, 24 de septiembre de 2016

A MI AMIGO ALFONSO

Me despertó la luz titubeante,
las seis de la mañana
no es hora de empezar a desvivirme.
De nuevo me abracé a un cuerpo que no estaba
y mi escasa consciencia 
se sumergió en el sueño. Luego supe
que a esa hora morías. No sé cuándo
fue la última vez que discutimos,
-tú me llamabas roja y yo a ti facha-
para luego tomarnos unas copas
y reírnos del mundo, recordando
que siempre nos odiamos tiernamente,
que siempre nos quisimos a pesar de la vida.

Yo sé que fuiste fiel, que me acogiste
-seguramente en contra de tu lógica-
cuando me quedé sola a la espalda del mundo,
cuando salí corriendo por la calle de en medio
y todos se apartaban a mi paso.

Miraba al infinito con la mente dispersa 
ante el café humeante y el aroma a tostadas.
Sonaban en la radio las noticias de siempre
pero mi pensamiento andaba distraído
quién sabe en qué entelequias,
aún no había tomado conciencia de mí misma.

Aún no sabía
que ya nunca tú y yo discutiríamos.
Que te fuiste al lugar donde te esperan
tantos, tantos amigos.

lunes, 19 de septiembre de 2016

A MI MANERA




Si lo que quieres es cumplir cien años
no vivas como vivo yo.
(Joaquín Sabina)

Mis amigos me dicen
que deje de fumar, que eso es muy malo
y que si sigo así acabaré muriendo
-parece ser que algunos
piensan quedarse aquí la eternidad entera-.
Pues va a ser que este mundo no merece
tamaño sacrificio.

Y que no corra tanto con el coche,
que más vale llegar aunque sea tarde.
Seguro que alguien los está esperando,
pero a mí no y prefiero
no perderme un instante
de los pocos que quedan
dignos de ser vividos.

Y que no tome copas, 
que si el colesterol y otros horrores
que amenazan mis días. Pero yo no renuncio
a las noches que vienen repletas de palabras,
de vida compartida,
de amigos que me quieren por un rato
-yo sé que es solo un rato, pero ayuda-,
para morir de asco sobra tiempo.

Dicen que haga ejercicio y que duerma ocho horas,
como si una pudiera mandar en el anárquico
reloj de sus insomnios. No pienso regalarle
ni un minuto de más a una existencia
sin ninguna emoción, sin calor y sin frío
ni vivir por vivir, sin más empeño.

Afortunadamente, amigos míos,
no soy imprescindible,
nadie me necesita con apremio
-así es la soledad, es lo que tiene-.
Ya tengo los deberes presentados,
aunque lleven tachones en algún ejercicio
y otros estén borrosos por las lágrimas.

Pues dejadme vivir a mi manera.

lunes, 12 de septiembre de 2016

DEFINITIVAMENTE

Definitivamente
parece confirmarse que este invierno
que viene, será duro.
(Jaime Gil de Biedma)

Hace apenas tres meses
este inmisericorde secarral
era un vergel 
cuajado de retamas y jarales,
el cantueso cubría las praderas
de cintas color malva
y unas flores sin nombre, diminutas,
tapizaban rincones en la umbría.

En pie quedan tan solo las encinas
resistiendo agarradas al rastrojo
el envite brutal de la canícula,
este sol infinito e implacable
que asesina los brotes de esperanza.

Pero vendrá la lluvia y en noviembre
el oro vestirá las ramas de los chopos
compitiendo en belleza con el ocre del fresno
y, una vez más, el paso de los meses
traerá la primavera.

¡Ojalá fuera igual para nosotros!

Hace apenas mil años todos éramos
tenaz, impenitentemente jóvenes,
como si aquello fuera a durar siempre.
Pero no somos chopos ni jarales,
lo que se fue no vuelve, se transformó en dolor
la feliz inconsciencia; cada día
recibimos noticias de la muerte,
la vemos acercarse a los amigos,
se agazapa, ladina, entre las sombras
que cubren el recuerdo de esos años.

No es el miedo a morir lo que me mata.
Es el miedo a vivir esto que queda.
Es el miedo a un invierno amenazante.
A que la primavera no regrese.

martes, 6 de septiembre de 2016

ARREPENTIMIENTO

Si de algo me arrepiento es de haber sido
cobarde cuando entonces,
cuando correspondía ser valiente,
de no haber cuestionado los axiomas,
las verdades eternas que se me dieron hechas,
de haber pecado apenas sin pecar
unos pecados tristes y estreñidos,
de haber amado a medias,
de haber creído en las hadas y en los príncipes
cuando no había más hada que yo misma
y el príncipe besaba a las intrépidas.

Pero de qué me sirve a estas alturas...
He llegado tan tarde a tantas cosas
que aunque intente correr hasta extenuarme
jamás alcanzaré el tiempo perdido.
A no ser que aprendiera
a correr hacia atrás, hacia los años
en que vivir era esperar sentada
el día en que la vida me sacara a bailar
marcándome los pasos, sin salirme
del ritmo establecido
y empujando al deseo con los codos,
no le fuera a rozar la curva de mi pecho.

Si eso pudiera ser
volvería a llorar todas las lágrimas
ahora que sé, por fin, por qué lloraba.

lunes, 5 de septiembre de 2016

EL TIEMPO

A mi nieto Álvaro, que algún día lo entenderá.

El tiempo es un concepto tan extraño
que corre más deprisa que nosotros
cuando más falta hace que se pare
y que nos dé una tregua
en la que remansar la soledad.

Esos días felices
que vienen a avivar nuestra ternura,
a arrancarnos sonrisas
y a pintar la tristeza de colores brillantes,
se marchan tan veloces
que apenas nos permiten disfrutarlos.

Son una suave brisa momentánea.
unas gotas de lluvia que refrescan
por un instante nuestra piel sedienta.

Luego llega de nuevo lo de siempre,
los días largos, tristes y vacíos,
inexplicablemente interminables,
las horas por llenar con algo que nos mueva,
con alguna emoción que nos despierte
de este letargo gris, de esta apatía.

De esta desconcertante sensación
de no pertenecer a ningún sitio.