Al salir me emborracha
el aroma dulzón de las acacias
-pan y quesillo, llamábamos de niños
a esas flores de olor empalagoso-
y la infancia regresa unos instantes.
Los árboles del parque ya han perdido sus flores,
una alfombra de pétalos ha cubierto la hierba
y en el cielo aparecen
algunas pinceladas de un rojo inverosímil.
Por lo visto, mañana
se jugará un partido importantísimo
y los americanos han tirado
una bomba magnífica
que mata limpiamente
a cientos de personas de un plumazo.
Es la vida que sigue, indiferente
a lo que pasa en esa habitación,
la ciento trece.
Yo volveré mañana,
porque no se me ocurre
nada mejor que hacer que estar contigo.
lunes, 17 de abril de 2017
martes, 4 de abril de 2017
CEGUERA
Esa expresión de miedo en tus pupilas,
esa perplejidad
que asoma entre tus labios,
esa ceguera -qué me está pasando-
para reconocer el rostro que se acerca.
Tú siempre fuiste un niño
y los niños no piensan en la muerte.
Y yo aquí tan inútil, sin encontrar palabras,
sin poder ofrecerte un clavo ardiendo,
y yo tan impotente
sin dar explicación a tus preguntas,
jugando a echar balones
fuera de los tres palos.
Y yo aquí tan absurda
como un pobre payaso en un entierro.
esa perplejidad
que asoma entre tus labios,
esa ceguera -qué me está pasando-
para reconocer el rostro que se acerca.
Tú siempre fuiste un niño
y los niños no piensan en la muerte.
Y yo aquí tan inútil, sin encontrar palabras,
sin poder ofrecerte un clavo ardiendo,
y yo tan impotente
sin dar explicación a tus preguntas,
jugando a echar balones
fuera de los tres palos.
Y yo aquí tan absurda
como un pobre payaso en un entierro.
LA MISMA MUJER
Conocí a una mujer
que solía vivir entre palabras.
Con frecuencia
se encontraba a sí misma en los versos de otros
que escondían
una emoción idéntica a la suya;
entonces comprendía que no estaba tan sola
y nacía un poema de amor o de fracaso
o de los que pretenden denunciar la injusticia,
que quizá alguien leía y se cerraba el círculo.
No era una mujer triste, mas la vida
la había golpeado con dureza
-más que a algunos y menos que a muchísimos-
y ella enseñaba al mundo
sus heridas sangrantes
y algunas cicatrices poco estéticas.
Sin embargo la noche le borraba
a esa mujer el rictus de amargura;
cuando el cielo lucía su vestido de sangre
volvía a renacer de sus cenizas.
dos gintonics más tarde no existía el reloj;
el llanto de metal de un saxofon,
el bronco rasguear de un contrabajo,
la mirada sin luz de un tal Ray Charles
cantando What'd I say para ella sola
lograban el prodigio.
Estrenaba de nuevo la risa y los abrazos,
la charla y los amigos,
las ganas de vivir y ese deseo
un punto inconfesable.
Volvía a ser mujer en carne viva.
Esa mujer ahora está enterrada
bajo una espesa capa de dolor,
de miedo, de impotencia,
de inmensa compasión y desaliento.
Sus amigos le dicen que debe protegerse,
racionar la tristeza, al fin y al cabo
ya no es problema suyo,
como si una firma ante notario
pudiera transformar la realidad.
No pueden entender que esa mujer
nunca supo vivir de otra manera
y que la intensidad que derrochaba
las noches de gintonics, de charlas y de besos
es la misma que ahora la sostiene.
que solía vivir entre palabras.
Con frecuencia
se encontraba a sí misma en los versos de otros
que escondían
una emoción idéntica a la suya;
entonces comprendía que no estaba tan sola
y nacía un poema de amor o de fracaso
o de los que pretenden denunciar la injusticia,
que quizá alguien leía y se cerraba el círculo.
No era una mujer triste, mas la vida
la había golpeado con dureza
-más que a algunos y menos que a muchísimos-
y ella enseñaba al mundo
sus heridas sangrantes
y algunas cicatrices poco estéticas.
Sin embargo la noche le borraba
a esa mujer el rictus de amargura;
cuando el cielo lucía su vestido de sangre
volvía a renacer de sus cenizas.
dos gintonics más tarde no existía el reloj;
el llanto de metal de un saxofon,
el bronco rasguear de un contrabajo,
la mirada sin luz de un tal Ray Charles
cantando What'd I say para ella sola
lograban el prodigio.
Estrenaba de nuevo la risa y los abrazos,
la charla y los amigos,
las ganas de vivir y ese deseo
un punto inconfesable.
Volvía a ser mujer en carne viva.
Esa mujer ahora está enterrada
bajo una espesa capa de dolor,
de miedo, de impotencia,
de inmensa compasión y desaliento.
Sus amigos le dicen que debe protegerse,
racionar la tristeza, al fin y al cabo
ya no es problema suyo,
como si una firma ante notario
pudiera transformar la realidad.
No pueden entender que esa mujer
nunca supo vivir de otra manera
y que la intensidad que derrochaba
las noches de gintonics, de charlas y de besos
es la misma que ahora la sostiene.
jueves, 2 de marzo de 2017
GRITO
Voy perdiendo la cuenta de los días
sin advertir apenas
que el aire está preñado de un aroma a mimosas,
que tal vez esta noche
revienten en mi cara los brotes de los prunos
y una nube rosada envuelva esta tristeza,
que los parques rebosan de niños y de ancianos
en esa nueva luz de atardecida.
Voy perdiendo la cuenta
sumida en el vacío de tus ojos,
en esa indiferencia
con que cambias el mando de la tele,
en ese abismo oscuro
que intento adivinar en tu mutismo.
¡Si pudiera pasarte
un poco de la vida que me sobra!
A duras penas logro ahogar, sin una lágrima,
sin advertir apenas
que el aire está preñado de un aroma a mimosas,
que tal vez esta noche
revienten en mi cara los brotes de los prunos
y una nube rosada envuelva esta tristeza,
que los parques rebosan de niños y de ancianos
en esa nueva luz de atardecida.
Voy perdiendo la cuenta
sumida en el vacío de tus ojos,
en esa indiferencia
con que cambias el mando de la tele,
en ese abismo oscuro
que intento adivinar en tu mutismo.
¡Si pudiera pasarte
un poco de la vida que me sobra!
A duras penas logro ahogar, sin una lágrima,
el grito de mi pecho.
miércoles, 8 de febrero de 2017
VEJEZ
Cuando ya no emocionan
los poemas de amor
y los "te quiero" suenan
igual que calderilla en el bolsillo
cuando una ya ha aprendido
que no puede engañarse con quimeras
y tan solo ve ranas
al mirar a los ojos a los príncipes
cuando la soledad es un refugio,
una adictiva droga
y no hay mejor abrazo
que el que nos dan las sábanas vacías
cuando salir de casa
en busca de emociones engañosas
no merece la pena, porque luego
la verdad implacable nos sepulta
quiere decir que la vejez asoma
su decrépito rostro y ya no queda
ni un árbol como deben ser los árboles:
con una hermosa rama donde ahorcarse.
los poemas de amor
y los "te quiero" suenan
igual que calderilla en el bolsillo
cuando una ya ha aprendido
que no puede engañarse con quimeras
y tan solo ve ranas
al mirar a los ojos a los príncipes
cuando la soledad es un refugio,
una adictiva droga
y no hay mejor abrazo
que el que nos dan las sábanas vacías
cuando salir de casa
en busca de emociones engañosas
no merece la pena, porque luego
la verdad implacable nos sepulta
quiere decir que la vejez asoma
su decrépito rostro y ya no queda
ni un árbol como deben ser los árboles:
con una hermosa rama donde ahorcarse.
martes, 24 de enero de 2017
TUS MANOS
Intento abrirme paso entre esta niebla,
de verdad que lo intento,
bracear en las aguas oscuras de la noche
y llegar a una orilla
donde brille a lo lejos una luz de esperanza.
Intento recordar cómo es la risa,
saber si alguna vez besé otros labios,
si mi piel se encendió junto a otra piel,
si lloré por amor,
si creí ser feliz, si aquel deseo
que engulló un espejismo revivía.
Pero no reconozco mis edades
en ninguna emoción que haya vivido;
de verdad que lo intento,
bracear en las aguas oscuras de la noche
y llegar a una orilla
donde brille a lo lejos una luz de esperanza.
Intento recordar cómo es la risa,
saber si alguna vez besé otros labios,
si mi piel se encendió junto a otra piel,
si lloré por amor,
si creí ser feliz, si aquel deseo
que engulló un espejismo revivía.
Pero no reconozco mis edades
en ninguna emoción que haya vivido;
de aquello, si ocurrió, no queda nada.Solo puedo observar cómo se afilan
las líneas de tu rostro,
escuchar tu silencio impenetrable,
buscar en tu mirada una señal.
Y mirar y mirar esa blancura,
esa piel transparente de tus manos.
buscar en tu mirada una señal.
Y mirar y mirar esa blancura,
esa piel transparente de tus manos.
domingo, 18 de diciembre de 2016
RESONANCIAS
Todavía me quedan, entre versos
que nunca te escribí,
unos besos perdidos apenas sin usar,
en buen estado.
Y son de buena ley,
de los que no se agrían con los años,
aunque pueden guardar
un antiguo regusto a despedida,
cierto aroma a sarmiento y resonancias
de roble y de derrota
que duran en la lengua
cuando en algunas noches
quema la soledad.
que nunca te escribí,
unos besos perdidos apenas sin usar,
en buen estado.
Y son de buena ley,
de los que no se agrían con los años,
aunque pueden guardar
un antiguo regusto a despedida,
cierto aroma a sarmiento y resonancias
de roble y de derrota
que duran en la lengua
cuando en algunas noches
quema la soledad.
domingo, 11 de diciembre de 2016
FELIZ AÑO
No lo tomes a mal,
lo hago en defensa propia; me hace daño
tu fría indiferencia, esos dos besos
apenas sin rozarnos las mejillas,
que me cuentes que todo va muy bien
y que ni un pestañeo te delate
si me echaste de menos una noche,
no sé, al mirar la luna o escuchando
la voz de Diana Krall.
De sobra me conoces, sabes que no podría
fingir que no me importa, sonreír
y hablar de que este invierno no hace frío
pero ha llovido fuerte por el sur.
Tendría grandes dudas, entre comerte a besos
o arrojarte a la cara el Marqués de Riscal,
ambas opciones fuera de lugar.
Que tengas feliz año y mejor vida,
esa que has elegido y en la que yo no estoy.
Mas no puedes pedirme que te vea,
no sirvo para tanta corrección.
Por cierto,
te olvidaste en mi casa mil abrazos
y una maquinilla de afeitar.
viernes, 9 de diciembre de 2016
DEL SUFRIMIENTO
En esta sociedad tan hedonista en la que estamos inmersos para bien o para mal, el sufrimiento está muy mal visto; a todo trance hay que ser feliz, y si no se es, se finge serlo. Nos bombardean con mensajes que proclaman el valor infinito de la sonrisa, como si la sonrisa se pudiera separar de la sensación que la produce, como si no fuera sino el reflejo de un sentimiento placentero más o menos profundo, más o menos duradero. Se aconseja huir del sufrimiento, evitar las situaciones que nos hacen sufrir, como si no fueran incluidas en el pack de la vida, como si se pudiesen apartar con el tenedor, igual que hacen los niños con los guisantes que se encuentran en el guiso. Como si fuera posible disfrutar el estofado saltándose los sabores amargos.
Incluso hay pensadores ilustres que nos dicen que el dolor es real y el sufrimiento opcional. Y más aún, que el sufrimiento es una pérdida de tiempo cuando hay tantos motivos para disfrutar. A mí que me lo expliquen, porque yo no sé cómo se hace eso, cómo se puede decidir: esto lo siento, esto lo vivo y esto otro, no, porque el sentimiento no es algo voluntario. En lo que se refiere a lo más próximo a nosotros, a los seres que amamos ¿cómo podemos no implicarnos, no sufrir cuando los vemos sufrir a ellos?
En estos casos siempre hay alguna mente preclara que nos dice cosas como "¿Pero por qué te preocupas si no puedes hacer nada? La respuesta me parece obvia: pues precisamente por eso, porque no puedo hacer nada. Si pudiera hacer algo, no me preocuparía, lo haría. Otra cosa es que cuando se trata de una situación dolorosa de larga duración, pongo por caso una enfermedad terminal de un ser querido, no sea necesario tomar de vez en cuando un poco de aire, buscar una evasión momentánea que nos oxigene el corazón y nos arranque una sonrisa, para luego poder seguir al pie del cañón. Es una terapia imprescindible para no quemarnos y poder dar algo bueno de nosotros, para seguir haciendo lo que debemos hacer y estar donde debemos estar. Aunque muchas veces, inmersos como estamos en la dinámica del dolor, tengamos que forzar nuestra voluntad para salir de ella un rato.
Además de los dolores de ámbito privado, los desastres generales con los que nos bombardean las noticias también nos hacen sufrir, pero hay que reconocer que muy poco, mucho menos que lo particular. Podemos contemplar, por poner un ejemplo, las calles de Alepo arrasadas, los niños llorando a gritos sin consuelo, niños que por su edad no han conocido nunca otra vida, que han nacido y crecido entre los escombros y guardan en sus ojos todo el dolor del mundo, adultos como nosotros, con unos sueños y proyectos como los nuestros, a los que les han robado todo obligándoles a huir a otro mundo, un mundo que además no les quiere, y después de ver eso sentarnos a cenar tranquilamente, tomarnos la ensalada y la tortilla de patata e incluso después disfrutar un gin-tonic. En el mejor de los casos, se nos caerán unas lágrimas a los más impresionables y a los que aguantemos unos pocos minutos sin cambiar de canal. Y, con suerte, nos sirve para hacernos comprender que, a pesar de todo, somos afortunados. Y para dejar, al menos por un breve instante, de mirarnos el ombligo.
Sí, el dolor, querámoslo o no, forma parte de la vida. Y por si fuera poco con los dolores que nos vienen dados, nosotros solitos con demasiada frecuencia nos buscamos otros sufrimientos gratuitos y estériles, sobre todo los derivados de las cosas del querer. El amor es una droga alucinógena que nos vuelve adictos e irracionales, porque las sensaciones que produce, tanto las positivas como las negativas, son extraordinariamente intensas. Y ejerce sobre nosotros una atracción fatal que nos empuja a tirarnos de cabeza a una lucha cuerpo a cuerpo -en el sentido literal de la expresión- que en muchos caso sabemos perdida de antemano, a cambio de la remota esperanza de alcanzar una sensación de felicidad, muy intensa, sí, pero fugaz y engañosa, que solo nos deja dolor, pérdida de autoestima y frustración. De este tipo de sufrimiento, previsible y evitable, es del que hay que huir como de la peste bubónica, pero casi nunca lo hacemos. Parece que nos va la marcha. O quizá es señal de que estamos vivos, yo qué sé. Con el agravante de que cuánto más jodidos estamos, cuánto más nos acogota la tristeza, más vulnerables somos y más propicios a caer en las garras de esa droga.
Tal vez la solución esté en la poesía. Celaya nos dejó dicho:
No quedarse en suspenso preguntando
por qué existen los seres y no el cero.
No solo contemplar, neutral y ausente,
el mundo de los hombres y los dioses.
No lavarse las manos ante ciertos
horrores cotidianos. No negarse
y pedir el descanso de la muerte
cuando hay tanto que hacer y tanto fango,
sin haber aportado nada al orden.
Tu deber es vivir: luchar alegre.
domingo, 4 de diciembre de 2016
LA LUZ
Al cabo de mi vida he muerto muchas veces
pero siempre volvía a pesar de mí misma.
siempre nacía una célula rebelde
negando que el dolor fuera mi hábitat,
que la tristeza fuera una costumbre
o un vicio malsano.
Y encontraba un resquicio entre mi carne
para volver al mundo de los vivos,
un fulgor con la forma de un abrazo,
un deseo impreciso o una lágrima
por un tiempo imposible, una sonrisa
que brillaba a lo lejos, que brillaba.
Hoy he muerto, por fin, definitivamente.
Me ha vencido la vida, ya no veo
esa luz redentora allá en límite
de todos los dolores, ni siquiera
cuando miro hacia atrás puedo encontrarla,
ya no me reconozco en ningún cuerpo.
Ya no sé cómo hallar el camino a mi casa.
pero siempre volvía a pesar de mí misma.
siempre nacía una célula rebelde
negando que el dolor fuera mi hábitat,
que la tristeza fuera una costumbre
o un vicio malsano.
Y encontraba un resquicio entre mi carne
para volver al mundo de los vivos,
un fulgor con la forma de un abrazo,
un deseo impreciso o una lágrima
por un tiempo imposible, una sonrisa
que brillaba a lo lejos, que brillaba.
Hoy he muerto, por fin, definitivamente.
Me ha vencido la vida, ya no veo
esa luz redentora allá en límite
de todos los dolores, ni siquiera
cuando miro hacia atrás puedo encontrarla,
ya no me reconozco en ningún cuerpo.
Ya no sé cómo hallar el camino a mi casa.
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