miércoles, 17 de septiembre de 2008

EL POST FANTASMA

Acababa de publicar un post y se me ha perdido en los abismos de internet. Era un post raro, tan raro que no tenía título. Cuando lo he querido editar para ponerle el título ha desaparecido del mapa virtual; no importa, algunas cosas es mejor que se vayan por el desagüe de la conciencia. En realidad me había sentado sin saber muy bien lo que quería escribir. O sabiéndolo, pero sin querer decirlo. Las cosas cuando se ponen por escrito adquieren una entidad que quizá no tienen mientras no se verbalizan o se escriben.

La cosa es que por esas extrañas simas se ha perdido la contradictoria sensación de ser a la vez espectadora y protagonista -o al menos una actriz de reparto de cierta importancia- de la misma película. Las gentes del cine cuentan que cuando ruedan una película, muchas veces no conocen el resultado final ni saben como encajan sus escenas con las de los demás personajes. Sólo el director, el guionista y el prota-prota que sale en todas las escenas conocen la historia entera. Algunos, como Woody Allen o Clint Eastwood, asumen las tres funciones como dios, uno y trino; y en cada secuencia, según con cuál de los personajes actúen, representan un papel distinto. Los demás se limitan a interpretar su trocito de guión, la piececita del puzle que luego acaba encajando en su sitio.

Esto en el cine parece que funciona. Pero en la vida real, cuando cada uno de los personajes no conoce la historia entera, corre el riesgo de quedarse sólo en eso, en un papel mejor o peor representado. Ocurre que cuando a alguien le ofrecen el papel de su vida, ese con el que soñaba cuando sólo le ofrecían mediocridades para ir tirando, pone todo su empeño en que le salga bien, en que la película sea un éxito de crítica y público y, sobre todo, en que el director siga contando con él para la película entera de su vida. Y puede pasarse de revoluciones y creerse con derecho a tener un papel en todas las películas. Pero hay guiones en los que no cabe todo el mundo, todos los personajes están cogidos y ya no hay más papeles. Y no se puede cambiar el guión, ni crear más personajes porque entonces sería otra película.

Los actores no deben ir a ver esas películas en las que no había un papel para ellos; pueden salir del cine llorando y con muy mal cuerpo. Es mejor que se centren en la suya y procurar que tenga un final feliz.


sábado, 13 de septiembre de 2008

TIEMPO TORMENTOSO

El martes fue fiesta en Madrid, Santa María de la Cabeza, esposa de San Isidro Labrador, según cuentan las crónicas. Otros años ese día ha pasado sin pena ni gloria, pero este ha cobrado protagonismo; la Almudena cae en domingo y en vista de lo cual Gallardón ha tirado de banquillo. Quizá por eso la santa ha querido hacerse notar, no pasar desapercibida y de madrugada se retiró dejándonos un pedrisco descomunal, a costa de cargarse todas las cosechas que tanto cuida su esposo, además de los coches de los pringaos madrileños que no tenemos garage. El mío en concreto, que lo acababa de sacar del taller de chapa, amaneció el miércoles con el capó y el techo plagados de pequeñas cavidades redondas.

Ya por la tarde, unas nubes negras y curvilíneas como rocas en el cielo, anunciaban que se atormentaba una vecina. Y era grande su tormento porque yo estaba tumbada en el sofá sin meterme con nadie cuando entró en mi cuarto de estar un relámpago azul y un vientecillo fresco empezó a correr por mi casa, soplando la ceniza de los ceniceros. El vientecillo, primo hermano de Ike, antes de darme cuenta se había convertido en vendaval acompañado de un estruendo como un bombardeo; unas piedras gordas y blancas golpeaban los cristales sin piedad. Me asomé a la ventana porque el espectáculo era grandioso, no quería perderme la furia del cielo desatada en mi barrio; pero fue imposible, aquellas bombas de hielo amenazaban con dejarnos a la intemperie y no tuve más remedio que bajar las persianas y conformarme con mirar por una rendija los ríos de piedra que corrían por mi calle. Fueron diez minutos, quizá menos, fastuosos, inmensos, dramáticos, que me situaron en mi insignificante pequeñez.

Salí a la mañana siguiente y el suelo estaba cubierto de hojas verdes, caidas cuando todavía no tocaba, con el otoño robado.

Las tormentas es lo que tienen, que dejan el alma a estrenar. Barren los malos sentimientos, las iras contenidas, las rabias antiguas y podridas. Pero tienen que estallar y pasar para que luego huela a tierra mojada y salga el arco iris. Y que dejen de atormentarse las vecinas, please.

lunes, 8 de septiembre de 2008

MOHAMMED ABUBAKAR BELLO

El tipo de la foto tiene un problema. Mejor dicho, uno no; para ser exactos, tiene ochenta y dos problemas. El tipo de la foto, que es nigeriano, tiene ochenta y cuatro años y se llama Mohammed Abubakar Bello; lo de Mohammed parece claro por el gorro, lo de Abubakar, pues bueno, también le pega; pero lo de Bello es discutible. Bello o no, que para gustos están los colores, el caso es que está felizmente casado con ochenta y seis mujeres y tiene ciento setenta hijos, que no me parecen tantos, la verdad. Ni a dos por barba tocan, conozco gente que ha tenido quince sólo con una -y sólo con uno, que ya es mérito- o sea que menos presumir.

La cuestión es que Mohammed Abubakar Bello debe divorciarse de ochenta y dos, así, de una tacada, si no quiere morir; por lo visto lo dice la Saharia, que digo yo que se podía haber leido la Saharia, aunque fuera un poco por encima, antes de meterse en semjante berenjenal. Las autoridades de su país le han dicho que con cuatro va sobrao y que se ha pasao muchos pueblos. Le han amenazado con la pena de muerte si no se divorcia de ochenta y dos. Envidia cochina es lo que tienen las autoridades. El responde que el Corán no pone límites, que todo depende de lo que le permita su fuerza, sus atributos y su habilidad. Por lo visto, fuerza le sobra porque le viene directamente de Alá y él no sabe lo que es la disfunción eréctil; menos mal, porque no iba a ganar para viagra -también Alá ya podía repartir su fuerza con un poco más de justicia, habiendo como hay tanto necesitado, que esto no es égalité ni es ná- los atributos, pues oye, cada uno tiene lo que tiene y la habilidad es cuestión de práctica y de poner interés. También dice que lo que el Corán castiga es fornicar sin fundamento y cometer adulterio; por eso se ha casado con las ochenta y seis, para no cometer adulterio.

Lo mejor de todo es que ellas se han casado por amor. Una de sus mujeres, de veinticinco años llamada Ganiat Mohammed Bello, dice que cuando le conoció se le curaron los dolores de cabeza. Antes estaba casada con otro y siempre le dolía la cabeza pero fue conocer a Mohammed Bello y mano de santo. Ganiat ahora es la mujer más feliz de la tierra, con permiso de las otras ochenta y cinco, claro. Antes de casarse pensó con mucho sentido común que un hombre que tiene ochenta y seis esposas, sabe como cuidarlas. Eso es ir con garantía, qué demonios.

Para colmo en esa familia inmensa no trabaja nadie. El ya no tiene edad, las cosas como son; pero si está tan en forma para según qué cosas, también podía hincarla de vez en cuando. Pero no; ha pensado que si cada uno de sus ciento setenta hijos consigue mendigando 1,69 dólares al día de media, que tampoco es pedir mucho, pues se saca un capitalito y tiene toda la razón.

Con esta organización tan bien montada, el pobre Mohammed ahora tiene que divorciarse de ochenta y dos, con lo duro que es un divorcio no quiero ni imaginar lo que deben ser ochenta y dos de golpe. Que los divorcios son muy malos y nunca se hacen bien, por más que uno ponga buena voluntad y quiera dejarlas a todas contentas. Luego sale la cosa del amor propio, todo lo que cada una ha tragado y se arma la de Alá. Yo no sé si se lo jugarán a los chinos entre ellas o directamente se agarrarán del burka y a ver quién puede más.

Yo que él me plantearía lo de la pena de muerte. Al fin y al cabo tampoco es un niño y por lo menos le llorarían ochenta y seis viudas, que no es moco de pavo.

sábado, 6 de septiembre de 2008

PRIORIDADES

Hoy, por fin, llueve. Y yo estoy en la oficina a pesar de que es sábado, a pesar de que huele a tierra mojada, así es la vida. Acabo de ver el número premiado en el cuponazo de ayer y no es el mío; dudo si guardarlo por si se trata de un error y dentro de un rato publican el correcto, el 29759, un número bonito donde los haya, con los mismos merecimientos por lo menos que el 72436, que digo yo que qué más daba uno que otro.

Pero será que el dinero casi no importa, es como la matrioska chiquitina que apenas se ve al final de la fila; sólo sirve para hacer ruido cuando se agitan cerradas, cada una engullendo a la anterior y al final queda únicamente la gorda con sus mofletes rojos y sus colores vivos, pero guardando dentro las felicidades y las desazones, las risas y los llantos que nos hacen ser los que somos. Y eso que no sé si la matrioska chiquitina es el dinero, quizá sea la política que esa sí que hace ruido.

Cuando se peinan canas y la vida se compone de tantas cosas, no se puede estar en todo al cien por cien y en el corazón y en la cabeza se establece de forma natural un orden de prioridades; eso no quiere decir que dejen de interesar las cuestiones que en otro momento parecían tan importantes, sino que una no dá para más y prefiere utilizar sus energías en cosas más cercanas, más inmediatas, más reales o más carnales. Lo que me quiero venir a referir, que diría quién yo me sé, es que soy muy egoista y en este momento me interesa mucho más mi vida personal que la nueva ley del aborto, por poner un ejemplo de actualidad. Yo no digo, como Rajoy, que eso no le importa a nadie -oiga, no me cambie de conversación que aquí hay que hablar de la crisis y sólo de la crisis- que es que para algunos lo que no les interesa, no existe; simplemente digo que en ese orden de prioridades la política está ahora muy atrás en la lista. Cualquiera que haya seguido mínimamente este blog sabe que no soy apolítica -todos los apolíticos que conozco tiran para el mismo lado, qué cosa más rara- sólo que estoy llegando a la conclusión de que esas discusiones son absolutamente estériles, cuando no dañinas; nunca he visto que nadie convenza a nadie, ni en los bares, ni en los salones ni en el Parlamento, ni que nadie se plantee alguna vez que el otro pueda tener un poco de razón. Lo del Parlamento es puro teatro -tú me das esto y yo te voto los presupuestos- ahora digo diego donde antes dije digo y dejo a mis votantes con el culo al aire, que de eso saben mucho todos los que salieron a las manifas de los sábados bandera en ristre. Por alguna razón que se me escapa, en esta legislatura no conviene hablar de terrorismo, ni de aborto ni de la madre que lo parió; ahora toca hablar de la crisis, de la crisis y de la crisis. Eso en cuanto a los políticos, que en los bares y los salones se suele acabar en bronca. Y yo, pues mira, no estoy para broncas.

Así que aquí diré en cada momento lo que me pida el cuerpo, por ejemplo, que tenemos un ministro de Trabajo e Inmigración al que desde el primer día se le vió el pelo de la dehesa xenófoba -bombero pirómano- y ya no lo puede disimular, yo diría que ni siquiera lo intenta. Eso u otras cosas, vengan de donde vengan; pero me limitaré a dar mi testimonio, a dejar constancia de lo que pienso, sin que me vaya la vida en ello. Porque yo, afortunadamente, no vivo con ZP ni con Rajoy -quita,quita- y mucho menos con Rouco Varela, que eso si que sería un pecado gordo.

Yo quiero conservar a mis amigos, que los tengo de todo tipo. Ayer, sin ir más lejos, me llevé la alegría de que me llamaran Enrique y Soledad. Enrique es mi maestro de poesía, al que debo en gran medida mi adicción al vicio solitario de escribir y Soledad, su chica, también escribe muy bien y es un dulce de persona. La vida nos había llevado por vericuetos distintos y hacía como cinco años que no sabía de ellos. Pero nos hemos vuelto a encontrar por mediación de Marina, otra gran poeta y amiga común. También quiero pasarlo bien con mis nietos, tener buen rollo con mis hijos -que igualmente son de todo tipo- con mi madre y con quien está a mi lado. Y que la matrioska gorda guarde dentro a todas la matrioskas y matrioskitas que la componen -unas sonríen y otras fruncen el ceño, incluso a veces se les escapa una lágrima- y que cuando no tenga más remedio que desdoblarse y dejarlas salir a respirar, toda esa gente que quiero las sepa aguantar.

Y es que hoy, a pesar de que llueva y de que me haya tocado ir a trabajar, puede ser un gran día.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

LO DE GARZÓN Y OTRAS COSAS

Después de leer el post de Manolo Saco sobre el tema, francamente -digo, realmente, pero de "realidad", no de "realeza"- poco queda que decir sobre semejante obviedad: que en ambos lados hubo muertos, que en ambos lados se cometieron barbaridades, pero que sólo un bando pudo honrar a los suyos y llenar las plazas y las alamedas de cruces a los caídos -a unos caídos- y de placas con los nombres de sus fusilados las tapias de los cementerios de media España. Lo menos que se puede pedir es poner nombre a los otros muertos, sacarlos de la fosa común del olvido y que sus familiares sepan dónde tienen que ir a llevar flores. Parece de cajón, pero hay gente a la que, francamente, le molesta; vaya usted a saber por qué. Es muy loable no querer revolver el pasado ni abrir heridas, sobre todo cuando se tiene el pasado perfectamente colocado en su sitio y las heridas han sido convenientemente curadas. Pero hay a quien nadie ha curado nunca las heridas y siempre ha tenido el pasado hecho una leonera y está en su derecho de querer colocarlo también en su sitio para que sus heridas puedan cicatrizar. No tengo ni idea de si Garzón tiene o no competencias en la materia ni tampoco sé si su probada vocación mediática ha influido en su decisión, pero creo que es una deuda que el Estado está tardando demasiado en pagar y si esto sirve para que se pague, bienvenida sea la iniciativa.

Por lo demás, mis temas personales me hacen afrontar el curso político con infinita pereza. Lo de la economía y la crisis está dando mucho juego; se utiliza en la publicidad para anunciar desde productos de limpieza hasta pólizas de seguros, es que me sobrepasa. Mientras tanto, la pesadilla del paro crece de forma exponencial y ya son dos millones y medio las familias que no pueden permitirse el lujo de pensar en la memoria histórica porque se están exprimiendo la sesera en ver cómo sobrevivir.

Yo por mi parte, estoy embarcada en un proceso de adaptación al medio, al nuevo medio, emocionante. Y he elegido con cuidado el adjetivo "emocionante" no por casualidad; sino porque estoy enferma de hipersensibilidad y las emociones se me amontonan, a veces se me depositan en un punto concreto, justo encima del estómago, y me dificultan la respiración. Tengo mucho que aprender sobre cómo se comparte la individualidad, ver lo que se me quiera mostrar sin mirar por el ojo de la cerradura del alma y no analizar cada gesto ni escuchar el murmullo del silencio. La naturalidad es condición clave para conseguir algo parecido a la felicidad.

La canción de hoy también es fácil, en cuanto a la primera parte del post.

viernes, 29 de agosto de 2008

TÚ ES QUE ERES MUY FUERTE

El otro día me supo a poco la salida, sobre todo porque me quedé con la cosa de que yo quizá había chupado demasiada cámara en la reunión, que es que estoy pesadísima con mis cosas. Por eso quise volver a ver a Ybrim. Le propuse quedar a comer antes de que volviera a Donosti y ella enseguida me dijo que sí.

Comimos en un italiano muy tranquilo, con poca gente y poco ruido, propicio a la conversación sosegada. Y fue fácil hablar de la vida y de la muerte, de nuestras vidas y de nuestras muertes; del continuo proceso de adaptación al medio que es esta vida, a veces tan absurda. Ybrim, ella dice que no, pero transmite una serenidad que estremece. La inmensidad del dolor sin descomponer la figura, desnudo de aspavientos, químicamente puro.

Es de esas mujeres -a algunas nos cae ese sambenito, nos toca ese papel en el reparto de la película- que, como yo, está un poco harta de que le digan eso de que tú es que eres muy fuerte. Y debe de ser verdad, después de todo, porque ahí seguimos y, a veces, hasta lo pasamos bien y le arrancamos unas gotas de felicidad a esta puta vida.

Tú es que puedes con todo. Sí, qué pasa, puedo con todo. Pero es que ya no quiero más, no me da la gana de poder con más; a veces quiero huir, desaparecer, morirme, dejar de tirar de un carro que no sé a dónde tengo que llevar.

Y le asoma un punto de rebeldía a sus ojos grandes, castaños, sin maquillar.

Hablamos de cómo nuestras raices, tan distintas, han influido en las que somos ahora, no tan distintas, sin embargo. Hablamos, hablé, de experiencias pasadas, de equivocaciones, de los errores que me han traido hasta aquí. No sé si son errores cuando se pone el corazón. Hablamos de las cosas que dejan de importar cuando se pierde lo que importa.

Pese a todo, incluso pese a nosotras mismas, ahí seguimos. Es que tú eres muy fuerte.

Hoy es muy fácil elegir la canción.

domingo, 24 de agosto de 2008

ENCUENTRO A CUATRO

Aguamarga nos quiso engañar; nos dijo que llegaba un cuarto de hora más tarde para ser ella la que nos esperara en el andén de Méndez Alvaro. Pero le salió mal porque nosotras habíamos quedado media hora antes y yo, que padezco de puntualidad patológica, me presenté allí a las doce menos cinco como un clavo. Así que, cuando a las doce y cuarto entró el autobús en la dársena 35 ya me había fumado dos pitillos. Ella bajó y me dijo pero tú que haces aquí, si os dije que llegaba a las doce y media, no hay manera con vosotras. En esto vimos llegar a Ybrim; yo todavía no la conocía pero acerté a la primera. A que es esa que viene por ahí, la del pelo cortito. Y sí, era ella. Los abrazos ya nunca más serán virtuales, aunque sean por escrito. Porque ahora ya sé a quién se los mando, conozco su volumen y su corporeidad. Conozco el timbre de sus voces y sus acentos, -ya había percibido por teléfono el deje vasco de Ybrim- sé cómo se ríen. Ya he escuchado sus silencios, ya me he mirado en sus ojos. A mí me parece que esto ya no hay quien lo pare.

Hacía un sol de justicia por la avenida de Méndez Alvaro y cuando llegamos a Atocha necesitábamos una cerveza en vena. O dos, si eran pequeñas. Para aliviar la sed y para soltar la lengua que, al menos la mía, estaba deseando quitarse la faja y largar. Y nos la quitamos, quizá yo más que ninguna, sorry, pero últimamente estoy aquejada de verborrea aguda cuando me encuentro cómoda; y me encontraba cómoda. Esto de la blogosfera está muy bien, porque cuando se conoce a la gente en persona uno ya viene despelotada de casa y todo fluye con naturalidad, decíamos ayer. Y no sé por qué, pero se da por hecho el entendimiento y la complicidad, aunque lógicamente haya matices. Aquí no hay más lazos que los que voluntariamente hemos elegido y eso da mucha libertad.

Elefancia entró a saco, según apareció en el bar -y quién es él, me preguntó casi sin saludar- y a las tres nos dió mucha risa. Elefancia es descarada y tierna a la vez. Elefancia es joven, es lista y es feliz. Elefancia es Elefancia. Y está guapa para aburrir. Yo conté mi historia tal cómo es, tal cómo ha sido. Aguamarga desde el principio intuyó todo, pero es una tumba. Después hice el signo de pasar una cremallera sobre mis labios, ya está bien de hablar de mí, ahora os toca a vosotras.

Y nos reímos y nos pusimos serias; y hablamos de libros, de la vida, de la muerte, de cosas. Y filosofamos un poco. Y comprobé que algunas veces la edad no existe; yo les llevo a Aguamarga y a Ybrim aproximadamente los mismos años que ellas a Elefancia, que tiene la edad de mis hijos; pero me sentía entre colegas, entre amigas.

El café nos lo tomamos en el Jazz Bar. Una llamada de Ana me cortó un poco el rollo, la gorda está mala y me pongo mal cuando los niños están malos, no sé qué extraños miedos me acometen.

Cómo decía antes, esto yo creo que no hay quien lo pare. Y no quiero que se pare. Tengo unas nuevas amigas que valen la pena. Para hablar o para estar en silencio. Para acompañarnos o para discutir cuando haga falta. No os vayáis de mi vida.

Tócala otra vez, Sam...


viernes, 22 de agosto de 2008

LA VIDA DE LOS OTROS

Como esta cosa del amor es el menos racional de los sentimientos -y ya de por sí la palabra sentimiento parece la opuesta a razón- se corre el riesgo de que la emotividad nos domine hasta el punto de anular a la lógica y nos hagan daño las cosas más descabelladas; porque en el fondo a veces somos tan vanidosos que tendemos a albergar la absurda pretensión de que con nuestra sola presencia, con nuestra sola existencia, baste y sobre para llenar todos los recovecos del otro y conseguir que se sienta permanentemente el más feliz de los mortales. Y, no contentos con eso, nos creemos que el amor es un salvoconducto que nos da derecho a entrar a saco en cada pliegue de su alma, a destripar sus sentimientos y a analizar sus contradicciones, sus titubeos y sus incertidumbres. Y lo que es peor, nos sentimos heridos sólo porque existan esas contradicciones, esos titubeos y esas incertidumbres.

Una persona ecuánime y razonable normalmente entendería con claridad meridiana que cada uno tiene su propia vida, que el pasado forma parte del presente y no se puede ni se debe borrar de un plumazo, que somos fruto de lo que hemos vivido y, si un amigo le manifestara inquietud por esas cosas, sería capaz de aconsejarle con sensatez y de tranquilizarle; pero cuando esa misma persona ecuánime y razonable es parte de la cuestión tiene que hacer un gran esfuerzo de humildad para no perder la perspectiva. Y aceptar que el amor es un maravilloso privilegio que alegra mucho la vida y la pinta de colores, pero por sí mismo no anula todo lo demás, sólo ayuda a sobrellevarlo; sobre todo si estamos hablando de personas adultas que llevan a cuestas un gran equipaje.

El amor, pese a la leyenda, es egoísta por naturaleza; atrevido, insolente y un poco prepotente. Por eso conviene aderezarlo con una guarnición de generosidad y una buena dosis de discreción. Porque el amor también es un regalo y cada uno regala lo que puede según los recursos de que disponga en cada momento. Y los regalos nunca se deben exigir, es de mala educación.

Está bien intentar hacer la vida lo más agradable posible a la pareja. Pero hay que procurar no ser tan plasta como para no dejarle ni siquiera estar jodido en paz.

No sé si me explico.

sábado, 16 de agosto de 2008

BEGIN THE BEGUINE

Podría volver a repetir punto por punto lo que escribí el año pasado por estas fechas cuando conté el comienzo de las fiestas de Sigüenza, que coincidía con el final de mis dos semanas allí con Jesús y Sara y los niños. Porque sí, la cabalgata ha sido igual de cutre aunque quizá menos despendolada. Este año no estaba la monja en la ventana del asilo tapándose la boca para ocultar su risa y en general todo me pareció como más mortecino, con un aire de rito que hay que cumplir, pero escaso entusiasmo. Yo me bajé a verla como siempre al bar Gayusa donde todos los años me encontraba con mis amigos y hacíamos unas risas tomando cañas, pero esta vez sólo estaba Pedro Cabrera, el marido de Fajas, y gracias a él no sucumbí a la melancolía que produce la alegría prefabricada y programada en una fecha y hora concretas. Porque Pedro es un tío divertido donde los haya que siempre se las arregla para crear buen rollo a su alrededor. Y no es que yo lo diga, que es opinión unánime en los lares seguntinos. Los gemelos vestidos de Pepinillos sí han sido una novedad en estas fiestas, que ellos solitos eran la atracción de la Alameda.

Para mí también ha sido una agradable novedad el duo "LIBRA", que aunque me han dicho que ya vinieron el año pasado yo no los ví, no sé dónde me metería. A Eva y Roberto los ha traido la peña El Grupo Mixto que, como su nombre indica, acoge a todos los que no están encuadrados en ningún grupo concreto y que precisamente por eso reciben bien a todo el mundo y encima nos dan salmorejo y jamón de Jabugo a los que pasamos por allí. Pues el duo LIBRA nos amenizaba los aperitivoscon su música y su buen humor. Eva creo que es cubana -ella me corregirá- pero habla como los de Madriz y lo mismo le da a la copla que al son, al merengue, al blues o a la chanson française en la línea de Edith Piaff, todo con una calidad y un estilo muy superior a lo que estamos acostumbrados en Sigüenza. Tiene una bonita voz, estilo y swing que le sobran; es elegante y sensual a la vez sin caer en la chabacanería. Roberto la acompaña de cine con el saxo, la trompeta o la flauta, según pida la pieza y entre los dos se llevaban de calle a la peña, no había hora de irse a comer. Estos chicos merecen una oportunidad. Y también merece una oportunidad la pareja de críos -de siete u ocho años- que salió a bailar y nos dejó a todos boquiabiertos. Bailaban vals, pasodoble, fox-trot o rock and roll como dos profesionales, no sé por qué no van a "Mira quién baila" en vez de la Bordíu o similares. También les saqué un video pero lo he borrado sin querer, patosa que es una.

No todos los que han actuado en las fiestas de Sigüenza son como LIBRA. Se organizó una pequeña movida político-religiosa con un grupo punky denominado OSTIA PUTA, así, sin H ni nada, que actuó en la plaza de toros. Mi hermana, como representante del sector más ultra del personal, redactó un escrito dirigido al Ayuntamiento protestando por subvencionar a un grupo con semejante nombre, que parece ser que ofendía su sensibilidad, con la correspondiente recogida de firmas. Yo lo firmé más que nada por no discutir -mi hermana me lo puso a la firma según entré por la puerta de su casa a ver a mi madre- y sobre todo porque sonaban horroroso y me machacaron la cabeza con el concierto de marras, que parecía que los tenía metidos en mi cuarto, ¡la ost... put.. que noche me dieron!

Pero todos los días no han sido de fiestas. Después de lo que conté en el anterior post me tuve que ir a Sigüenza, pues eso ya estaba planeado desde siempre y Jesús y Sara contaban conmigo; habrá que ir viendo cómo compaginamos la nueva situación con todo lo demás. Me fuí un poco con la muerte en el alma y con sentimiento de culpa, dispuesta a repartirme entre Madrid y Sigüenza, entre la familia y el amor. Vine un par de días y otro tuve visita y así han pasado las dos semanas, mal que bien. Aparte de los nietos y de acompañar a mi madre, he estado flotando en una soledad que no era tal porque cuando se echa a alguien de menos, cuando las ausencias tienen nombre y rostro, son menos ausencias. Además, buscando el lado bueno, quizá fuera conveniente dejar espacio para que las ideas, los pensamientos y los sentimientos encontrados se acomodaran y este revoltijo de emociones fuera tomando forma.

Y ahora volver a empezar, una vez más. Con las maletas a cuestas porque la vida no ha pasado en vano por ninguno de los dos, pero con ilusión y con fuerza para cargarlas. Cuatro brazos pueden más que dos, aunque la carga sea doble.

martes, 5 de agosto de 2008

EL ATERRIZAJE

El aterrizaje en el mundo real fue, está siendo, accidentado y doloroso. Los daños colaterales han sido cuantiosos, espero que sean recuperables. De cualquier manera, ahora empieza otra vida; una vida llena de promesas y llena de obstáculos que tenemos que ser capaces de superar.

No es normal que a mi edad surja una oportunidad de ser feliz, de empezar de nuevo; a estas edades todo el mundo tiene los deberes hechos, mal que bien, y está un poco de vuelta o un poco instalado, acomodado, en una realidad que puede no ser perfecta pero que es la que hay y así se toma. Sin embargo a veces ocurre que aparece el amor, como un ciclón. Al principio uno se cree que lo puede controlar, que puede mantener compartimentos estancos en los que no se mezclen los distintos componentes de cada vida y que todo siga más o menos igual. Pero el amor tiene vida propia y a veces tira por la calle de enmedio y arrasa con todo lo que encuentra a su paso. Y puede causar mucho dolor y mucha desolación.

Y se mezclan y se sobreponen los sentimientos. Y unas veces ganan unos y otras ganan otros. Y la felicidad se entrevera de culpas y de miedos. Y en un momento se hacen unos planes que en el momento siguiente son otros distintos. Incertidumbre, miedo, dudas. Periodo de adaptación que exige una gran capacidad de comprensión y mucho, muchísimo cariño. Por mí no va a quedar; tengo casi sesenta años y me siento como a los treinta, pero con mucha más sabiduría y mucha más paciencia. Soy afortunada, lo que me ha ocurrido a mí no le ocurre a todo el mundo.

Llevo diecisiete años viviendo sola y estoy llena de mañas. Ahora mi tiempo y mi espacio ya no son compartimentos estancos porque el amor es invasivo, salta los diques y lo ocupa todo. Hay que aprender a ser dos, sin dejar de ser uno más uno.

Yo sé que estas cosas nunca se hacen bien y uno no sabe cómo acierta. Se podía elegir vivir eternamente en la mentira; se podía haber renunciado al amor e intentar construir algo desde los escombros. Se podía, se podía...Y en un momento los acontecimientos se precipitan y nos pilla un poco el toro a todos. Ahora es el tiempo el que tiene que hacer su trabajo, con nuestra colaboración, naturalmente. Para que las cosas se centren y todos encontremos nuestro lugar.

Yo no pido nada más. Pretender caer bien, encima, va a ser pedir demasiado.

En Sigüenza, un gajo de luna creciente a lo lejos, apenas flotaba sobre la silueta de un chopo seco. Yo llevaba a mi madre del brazo a la vuelta del paseo y le venía contando todas estas cosas, que me estaban oprimiendo el pecho.