martes, 5 de junio de 2012

EL PAÑUELO

Te utilicé para enjugar mi llanto
y ocurrió que las lágrimas
no me dejaron ver tu desconsuelo.
Te quejaste
de mi desatención, de mi egoísmo
y de mi ingratitud enmimismada.

¿pero es que acaso existe
mayor prueba de amor que quedarse desnudo
ante alguien cubierto de ropajes?

Te enseñé sin reservas los estragos del tiempo
con mi fragilidad a la intemperie.

No sé cómo encajar mi soledad
en el difícil puzle de esta historia
no sé cómo evitar que mis costras te arañen
ni cómo maquillar mis cicatrices
para que no malogren la paz imprescindible.

Habrá que amarse a oscuras y en silencio
con cuidado de no manchar las sábanas
y besarse sin lengua
para no contagiarse los dolores.

Y cuando duela el pecho
y cuando falte el aire
repetir como un mantra
hasta que se nos grabe en la conciencia
que hemos nacido solos.

sábado, 2 de junio de 2012

RENOVACIÓN

Me purifica el mar de pensamientos tóxicos
y las células muertas se desprenden del alma
dejándome la piel como de niña.

La sal escuece en las heridas nuevas
para borrar los restos de amargura.  

Ahora ya estoy dispuesta a la caricia
del sol y de la espuma;
me dejo desnudar por las manos del viento
y renazco de nuevo de mis propios despojos.

viernes, 25 de mayo de 2012

RENACER

Esperad entonces a pisar la tierra
y abrazad a quien os ama sin engaño.
(Mª García Zambrano)

Quiero que me despojes con tu abrazo
del resquemor que anida en cada pliegue
de piel que has ignorado,
en los gritos callados de mis ojos,
en el frío silencio que mi cuerpo
a mi pesar te entrega algunas noches.

Quiero que me descubras palmo a palmo,
que me encuentres inerme cuando llegues
y me salves
de los demonios tristes que me habitan.
Y que de un solo golpe arrojes a la calle
a las incertidumbres que se acuestan conmigo.

Quiero hacerme pequeña e ignorante
y que estrenes de nuevo mi esperanza.
Y que vengas de frente, sin prejuicios,
sin historia vivida a tus espaldas.
Quiero que nos nazcamos mutuamente.

domingo, 20 de mayo de 2012

MAYO

De repente hace un frío improcedente
y, al mismo tiempo, sol
y llueve un poco
y puede que esta noche
me reviente la luna en la memoria
y ya no importe nada de estas horas.

Tengo para mí sola el mundo entero,
la soledad redonda
ha puesto mi universo boca abajo
y se me han vaciado los bolsillos
de esa felicidad insoportable. 

Después de la tormenta todo adquiere
su auténtico color,
el aire quda limpio de impurezas,
y resplandece la verdad desnuda.

Y queda la terrible disyuntiva:
aceptar el dolor de la existencia exacta
o esperar a que el aire se haga un poco más turbio
y de nuevo nos tape las vergüenzas. 

Queridos amigos e hipotéticos lectores,

Quiero daros las gracias, mil gracias, a todos los que pasáis por aquí y dejáis huella de vuestro paso con un comentario, a los que pasáis en silencio y también a los que no pasáis pero me habéis regalado vuestra amistad, que es mucho más importante.

Digo esto porque, después de mucho pensarlo, he tomado la decisión de suprimir la entrada de comentarios a este blog. Y lo hago en defensa propia, aplicando la máxima de "ojos que no ven, corazón que no siente". Porque esto de los comentarios se ha convertido un poco en un rito, un toma y daca, un "póntelo, pónselo", que no acabo de verle el objeto; sobre todo, teniendo en cuenta que todos pensamos que éste no es un espacio para la crítica sino sólo para la alabanza. Y en consecuencia, la ausencia de ellos a veces escuece igual que la crítica. O más, porque de todos es sabido que la indiferencia hace más daño que la censura o el reproche.

No quiero comerme el tarro buscando los motivos de determinadas ausencias, como tampoco quiero alimentar mi vanidad más de lo preciso con los generosísimos comentarios de algunos de vosotros; ni analizar matices ni hacerme preguntas absurdas a mí misma. Creo que todos escribimos lo mejor que podemos y sabemos, dejando, por lo menos en mi caso, un esfuerzo importante en cada entrada. Y escribimos aquí, en internet, para que nos lean; si no fuera así lo haríamos cada uno en nuestro disco duro o en un bloc cuadriculado. Además somos muchos los que estamos en esto y es imposible leer a todos con el necesario detenimiento, no hay más remedio que elegir. Bien, pues en lo que a mí respecta, con que a algunos os apetezca leerme de vez en cuando tengo más que suficiente.

Quería haberlo hecho a partir de esta entrada, conservando a la vista los comentarios anteriores, pero el sistema no me lo permite. Café para todos. Pero todas las palabras que me habéis dejado hasta ahora quedan guardadas ahí, en los entresijos de blogger y en cualquier momento se pueden recuperar. Y, sobre todo, quedan guardadas en mi alma para siempre. 

miércoles, 9 de mayo de 2012

NO ME IMPORTA

Ignoro si recuerdas algo de aquellos días 
pero a mí no me importa
reconocer que extraño 
el cómplice destello de luz en tu mirada,
ese locuaz silencio que tú y yo compartíamos.

No me importa;
soy demasiado vieja
para andarme con gestos arrogantes,
vacíos, fradulentos,
como flores de plástico.

No me importa.
Yo sé que lo mejor de mí te lo llevaste
porque yo quise dártelo.
Y sé que elegí bien:
no había en esta selva
un refugio más cálido que el tuyo.

Hasta que lo cerraste a cal y canto.

Pero me gustaría 
que al menos lo recuerdes con ternura
y con una sonrisa.
Y que no lo malverses, si lo piensas
tal vez a ti también te sirviera de algo.

Escóndelo en el fondo
de uno de esos cajones que no abres casi nunca.
Luego pierde la llave
                                si me quisiste un poco.

martes, 8 de mayo de 2012

YO LO VI AYER

Yo lo vi ayer,
a la hora en que la tarde se remansa
y los ejecutivos se aflojan la corbata
en la barra del bar.

Tenía el aire color de retirada,
una cierta fatiga
de lunes que agoniza entre los algodones
de un barrio moderadamente rico.

Nadie los vio llegar aunque estaban muy cerca
de las terrazas y de los gin-tonics,
tan sólo separados
por la alambrada cruel de la miseria.

Pero estaban allí y sabían la hora
que marcaba su estómago
cuando dos empleados de una gran superficie
sacaron a la calle los desechos del día,
poco antes de colgar el cartel de cerrado.

Un enjambre de hambrientos cayó sobre los cubos
y estalló la violencia de los pobres;
a puras dentelladas se agredían
como depredadores en la selva,
sin distinción de edades ni de sexos. 

Rodaron por el suelo los yogures
con la fecha pasada,
las barras de pan duro
y algunos tetrabricks que rezumaban
leche sin grasa y zumo de pomelo.

Esto ha ocurrido aquí, en el anochecer
de un barrio moderadamente rico
una tarde que olía a primavera.

El hielo de mi copa
se derritió de culpa en un instante.

sábado, 5 de mayo de 2012

CASTA DE POETAS

Ya tengo suficiente privilegio
con ser capaz de perpetrar dos versos
que puedan consolar a algún desconocido
cualquier noche de insomnio
que una emoción, idéntica a la mía,
se derrumbe en su cama.

A lo mejor presiente 
que alguien, quién sabe dónde,
también puede llorar
por boberías que no tienen nombre;
tan sólo es el cansancio,
impreciso cansancio de vivir a empujones,
sin siquiera un instante
para mirar adentro.

No sé si soy poeta o es que sufro
de cierta verborrea incontinente,
un impulso invencible
de proclamar al mundo mis miserias
que son, por otra parte, tan vulgares
como las de cualquiera.

Porque no soy distinta, la poesía
es sólo un desahogo casi físico
del tremendo trabajo de vivir
y de amar a los unos y a los otros
y de lamerse heridas que nunca cicatrizan,
las antiguas, que vuelven a sangrar,
la costra desprendida con el más leve golpe
y las otras, tan recientes y abiertas
que no aguantan el roce del silencio.

No pertenezco a una especial casta
ni soy mucho más lista ni más tonta
que el común de las gentes.
Creo que me trastornan
las mismas sinrazones que al portero.
Sólo que él se las calla, forman parte
del vivir cotidiano, de la alfombra
que barre cada día
para que yo la encuentre inmaculada
cuando regrese a casa
a tomarme una copa en zapatillas
mientras pienso lo mal que están las cosas.

domingo, 29 de abril de 2012

AHORA LO SÉ

Tu me diste a probar el fruto verde
de tus ojos negrísimos.
(José Luis Zúñiga, 27 ciruelos por delante)







Resonaban sus versos en la sala
en las voces de amigos y en la suya
que no hemos olvidado,
que no olvidamos nunca,
que ya es cuerpo en el aire
de Libertad,
voz de la libertad.

La emoción se cortaba entre sonrisas,
entre sonrisas hechas de nostalgia.

Hubo los que lloramos vergonzosamente,
sin vergüenza,
sin pudor ni recato, a moco suelto,
elemental, primario, 
obscena exhibición de una tristeza.
que acaso sin derecho
nos hemos apropiado.

Hubo los que aguantaron como héroes

y leyeron sus versos con el tono preciso,
los que no respiraban
para no profanar la magia del momento.

Ella cantó,
y sonrió tranquila a unos y a otros
y se dejó abrazar miles de veces
sin perder el sosiego de sus ojos.

Cuando todos nos fuimos
ella volvió a su casa. 
                                Sonreía.
Él la estaba esperando
                                  como siempre.

viernes, 27 de abril de 2012

LA MADONNA

(Madonna negra con gemelos Vanessa Beecroft, Museo Guggenheim Bilbao)

Yo podría, quizá,
escribir un poema sobre el hambre
que tal vez revolviera las conciencias
y acaso me brindara algún aplauso
si lograra esmerarme
y le imprimiera el conveniente ritmo.

Podría, sí, lo mismo que la artista
ha elegido con mimo el rojo exacto,
ha colocado el pliegue de la tela,
el ángulo correcto de tu cuello,
el contraste del blanco de tus uñas,
el fragmento de pie que asoma por el borde
y el punto donde debe perderse tu mirada.

El ébano tallado de ese trono,
a juego con tu piel,
no es el suelo de tierra donde yaces de noche;
esos hijos famélicos, prestados por su precio,
dibujan la adecuada simetría
de un artístico encuadre.

Está todo perfecto.
Sólo quiero, Madonna, saber si tu posado,
si la obra de arte fruto de tu tragedia
te ha dado de comer un par de días
y ha librado a esos niños de la muerte.

jueves, 26 de abril de 2012

PERDEDORES Y PERDIDOS


A veces desearía llorar sencillamente

por las cosas que manda la costumbre
-la enfermedad, la muerte, la distancia
o la decrepitud que me amenaza
clavándome sus garras en la carne-
y no por las razones que guardan los silencios,
las miradas huidizas,
la piel imperturbable,
la expresión extraviada en un abismo
de arenas movedizas dispuestas a engullirme.

Resulta indispensable poner nombre a la pena,
no sirven las heridas incruentas,
los dolores dispersos del espíritu,
indicios inequívocos
de algún desequilibrio sospechoso.

Es necesaria una indefensa víctima
y a ser posible un pérfido culpable
para que la tristeza esté justificada.

Y aún es mejor lucir sobre la frente

sello de perdedor;
caminar cabizbajo, perder peso
-unas buenas ojeras suelen dar resultado-
y un cierto desaliño, es casi imprescindible
para excitar los buenos sentimientos
y lograr un abrazo solidario
durante unos instantes.

Sin estas condiciones apenas se consigue
un furtivo reflejo en otros ojos
y una sonrisa cómplice
                                  ...si acaso.