Hubo un tiempo, hace tiempo,
en el que era inocente y vivía sin miedo,
también era feliz, aunque no lo sabía,
y tan feliz lloraba cada noche
-sobre todo en verano y luna llena-
sin saber del dolor, de los dolores,
que habrían de venir, inexorables,
a matarme despacio y a la larga.
Hubo un tiempo, hace tiempo, en que desconocía
que odiar era tan fácil, que el cariño
podía diluirse en un instante
sin siquiera un pellizco de memoria
que la palabra amigo era tan leve
como las hojas muertas en otoño.
Hubo un tiempo, hace tiempo,
en que yo no medía mis palabras
ni miraba a los lados con recelo
antes de pronunciarlas. Por entonces
sentía mi país como mi casa
de par en par abierta para todos.
Hubo un tiempo, hace tiempo,
en que la soledad era el ocaso,
esa dulce nostalgia de la tarde
en que los grillos cantan su salmodia
mientras el sol se pone tras los montes,
pero no el abandono ni el olvido.
Hace tiempo hubo un tiempo
en que la gente hablaba de sus cosas
-y no de lo que mandan los que mandan
ni dictan tertulianos mercenarios
pagados por los unos o los otros-
y en el que nadie andaba por la calle
enseñando un cuchillo entre los dientes
y lloraba y reía y se contaba
que tiene al niño enfermo,
que no le llega el sueldo al día quince
que por fin se ha besado con quien ama.
Hace tiempo hubo un tiempo
en que las buenas gentes se querían.
jueves, 22 de febrero de 2018
sábado, 17 de febrero de 2018
DESAYUNO
Con el café humeante mira por la ventana
el parque en el que corren unos perros,
los columpios sin niños; a esas horas
un viejo que se esfuerza
en hacer a su edad los ejercicios
que le ha indicado el médico
en esos aparatos infernales.
Una madre muy joven
empuja la sillita de un bebé
y arrastra de la mano
a otro muy pequeño que se queja
-mamá, no corras tanto, parece que le implora,
pero ella acelera, tiene prisa,
la van a sancionar en el trabajo.
La radio da noticias de política,
de ciertos contubernios vergonzosos,
de juicios a ladrones,
a corruptos chulescos que se ríen
en la cara del pueblo que los vota.
Discuten tertulianos,
periodistas muy listos; solo quedan
unos pocos minutos de programa
y llegan los anuncios de coches y seguros.
Unos segundos antes de cerrar
dicen, como de paso,
que ha muerto otra mujer asesinada
y un chico transexual
se ha suicidado con dieciséis años.
Mensaje de una agencia inmobiliaria
y dan el resultado del partido.
Se sirve otro café. Mira por la ventana
la vida de la gente; parece que hace frío
pero seguramente al mediodía
el sol calentará los corazones.
En el pecho le bulle como una rabia antigua,
que le empapa los ojos. Está sola
y se permite el lujo de llorar sin vergüenza.
Después de tres cigarros,
entre el humo y las lágrimas
casi no ve la calle. Hace recuento
de las obligaciones de ese viernes.
Una vez más hay que empezar el día.
el parque en el que corren unos perros,
los columpios sin niños; a esas horas
un viejo que se esfuerza
en hacer a su edad los ejercicios
que le ha indicado el médico
en esos aparatos infernales.
Una madre muy joven
empuja la sillita de un bebé
y arrastra de la mano
a otro muy pequeño que se queja
-mamá, no corras tanto, parece que le implora,
pero ella acelera, tiene prisa,
la van a sancionar en el trabajo.
La radio da noticias de política,
de ciertos contubernios vergonzosos,
de juicios a ladrones,
a corruptos chulescos que se ríen
en la cara del pueblo que los vota.
Discuten tertulianos,
periodistas muy listos; solo quedan
unos pocos minutos de programa
y llegan los anuncios de coches y seguros.
Unos segundos antes de cerrar
dicen, como de paso,
que ha muerto otra mujer asesinada
y un chico transexual
se ha suicidado con dieciséis años.
Mensaje de una agencia inmobiliaria
y dan el resultado del partido.
Se sirve otro café. Mira por la ventana
la vida de la gente; parece que hace frío
pero seguramente al mediodía
el sol calentará los corazones.
En el pecho le bulle como una rabia antigua,
que le empapa los ojos. Está sola
y se permite el lujo de llorar sin vergüenza.
Después de tres cigarros,
entre el humo y las lágrimas
casi no ve la calle. Hace recuento
de las obligaciones de ese viernes.
Una vez más hay que empezar el día.
viernes, 16 de febrero de 2018
PALABRAS
A veces las palabras me dan miedo
-vida, amistad, amor, esperanza o justicia,
desilusión, dolor, fugacidad, memoria-
las que digo, las que leo, las que escucho,
las que callo y me infectan la garganta,
las que pasan silbando igual que proyectiles,
las que hicieron promesas inviables,
las que dije algún día sin saber
que nunca llegarían a ser ciertas
y las que me dijeron tomándome por otra.
Las que muerden mi boca y luego ríen,
las que no entiendo y las que no me entienden.
Las que veo a través de tu mirada
pero no las pronuncias,
las que intuyo en silencio
al borde de tus labios.
-vida, amistad, amor, esperanza o justicia,
desilusión, dolor, fugacidad, memoria-
las que digo, las que leo, las que escucho,
las que callo y me infectan la garganta,
las que pasan silbando igual que proyectiles,
las que hicieron promesas inviables,
las que dije algún día sin saber
que nunca llegarían a ser ciertas
y las que me dijeron tomándome por otra.
Las que muerden mi boca y luego ríen,
las que no entiendo y las que no me entienden.
Las que veo a través de tu mirada
pero no las pronuncias,
las que intuyo en silencio
al borde de tus labios.
viernes, 9 de febrero de 2018
PANORAMA DESDE EL TREN
En sentido contrario a mi mirada
corre la tierra, el cielo, campanarios
de iglesias de Castilla,
los árboles desnudos y retazos de nieve
como algodones gélidos.
Y escribo en el reverso del billete
que llevo tiempo sin saber de ti,
que te engulló una sima de silencio,
que no sé dónde estás ni lo que piensas
de aquella absurda noche
que atacó por la espalda y nos rendimos.
Y ahora ya no sé si fue verdad
o solo un sueño húmedo.
Me está pidiendo el cuerpo
un beso y un cigarro.
Fumar está prohibido
y tú no estás aquí ni se te espera.
corre la tierra, el cielo, campanarios
de iglesias de Castilla,
los árboles desnudos y retazos de nieve
como algodones gélidos.
Y escribo en el reverso del billete
que llevo tiempo sin saber de ti,
que te engulló una sima de silencio,
que no sé dónde estás ni lo que piensas
de aquella absurda noche
que atacó por la espalda y nos rendimos.
Y ahora ya no sé si fue verdad
o solo un sueño húmedo.
Me está pidiendo el cuerpo
un beso y un cigarro.
Fumar está prohibido
y tú no estás aquí ni se te espera.
sábado, 13 de enero de 2018
DESALIENTO
Qué te voy a decir que tú no sepas,
si ya está todo dicho,
cómo voy a inventar otras palabras
para nombrar de nuevo lo de siempre
cómo voy a escribir poema alguno
que te hable amor sin repetir
esas cosas tan dulces que dicen los amantes,
cómo te voy a hablar del frío de mi piel,
que te invoca aterida entre las sábanas,
sin que me salga un pésimo poema.
Compréndeme, no tengo
ya nada original que pueda enamorarte.
Quizá solo podría ofrecerte un cigarro
y relatarte algunos despropósitos
y una vida cansada
que me ha traído hasta este desaliento.
Sin embargo yo sé que podría quererte
a poco que me dejes, solo con que escucharas
todas las penas que te cuento a solas
sin que tú te imagines
que estás conmigo en muchas de mis noches.
Sin embargo yo sé que podrías quererme
solo con que miraras más dentro de mis ojos,
más dentro de la risa, más dentro del abrazo
y vieras la ternura que a veces se me escapa
como se escapa el agua de una cesta.
Sin embargo yo sé que nunca lo sabremos.
si ya está todo dicho,
cómo voy a inventar otras palabras
para nombrar de nuevo lo de siempre
cómo voy a escribir poema alguno
que te hable amor sin repetir
esas cosas tan dulces que dicen los amantes,
cómo te voy a hablar del frío de mi piel,
que te invoca aterida entre las sábanas,
sin que me salga un pésimo poema.
Compréndeme, no tengo
ya nada original que pueda enamorarte.
Quizá solo podría ofrecerte un cigarro
y relatarte algunos despropósitos
y una vida cansada
que me ha traído hasta este desaliento.
Sin embargo yo sé que podría quererte
a poco que me dejes, solo con que escucharas
todas las penas que te cuento a solas
sin que tú te imagines
que estás conmigo en muchas de mis noches.
Sin embargo yo sé que podrías quererme
solo con que miraras más dentro de mis ojos,
más dentro de la risa, más dentro del abrazo
y vieras la ternura que a veces se me escapa
como se escapa el agua de una cesta.
Sin embargo yo sé que nunca lo sabremos.
ANDANZAS AMERICANAS
Llegué el miércoles 27 a las 15,35 hora americana, lo que quiere decir que en España eran las 21,35 y me había levantado a las cuatro. Con la recogida de equipaje, control de pasaportes y demás trámites, salí del aeropuerto a las 16,30. Me estaban esperando Marta y Álvaro. Cerca de una hora más para llegar a su casa, total que después de la euforia de los abrazos, me di cuenta de que estaba reventada y caí en la cama como una piedra. He pasado aquí Fin de Año y Reyes, que también han venido a USA a visitar a mi nieto.
Día 1 de enero: 12º bajo cero.
Son las ocho y media de la tarde en Silver Spring y me acabo de fumar el tercer cigarro del día en la terraza, a doce grados bajo cero, mientras se me congelaban literalmente los pensamientos, concentrados en un dolor agudo entre los ojos. Aquí es mucho más difícil fumarse un pitillo que comprarse un rifle de repetición y celebrar el año nuevo disparando unas ráfagas a quién quiera que pase por la calle. Me dicen que aproveche para dejarlo, pero es que no quiero dejarlo; fumo porque quiero, porque me gusta y no me da la gana, a la edad que tengo, de renunciar a este pequeño gran placer. Fumar en estas condiciones, poniéndome un abrigo, un gorro, una bufanda, unos guantes y unas botas forradas de borreguito y salir a la terraza a desafiar la más cruda intemperie, es un acto de rebeldía contra la dictadura del no al tabaco, una reivindicación de mi derecho a morirme como quiera.
Mientras fumaba pensaba que todo ha pasado, que han ocurrido muchísimas cosas muy deprisa, y que no sé cuándo me convertí en esto que soy ahora, una señora gorda sin sueños y sin proyectos, porque mientras los tenía la vida iba haciendo sus planes, unos planes que no eran exactamente los míos. Y me acordaba de mi madre, del disgusto que se llevó cuando recién casada me fui a vivir a Canarias; le parecía el fin del mundo y ahora, aquí estoy yo, con una hija y mi nieto más pequeño viviendo a muchos más kilómetros y muchos más euros de distancia. La vida, que nos lleva donde le da la gana y no tenemos nada que decir.
Empieza un año y no he hecho ningún propósito. No pienso ir al gimnasio ni dejar de fumar, ni siquiera escribir otro libro. Para qué voy a hacerlos si luego vienen la vida y la muerte con los suyos. Y siempre ganan.
Día 10 de enero, a las 11,12: 5º bajo cero
Parece que ya han pasado los fríos siberianos y hemos entrado en una normalidad climática, así que he empezado a moverme un poco por Washington. Aunque no he venido aquí a hacer turismo sino a ver a mi hija y a mi nieto, lo cierto es que ellos se van a su curro y Álvaro a la guardería y me sobra mucho tiempo, que lo he utilizado en hacerles guisos con sabor español y en leer una novela muy gorda, la última de Almudena Grandes, que ya comentaré, pero en menudo jardín se ha metido esta mujer. 207 personajes, entre reales y ficticios, algunos con varias identidades y alternando distintas épocas, la verdad es que me está interesando, pero me hago un lío.
Antes de ayer, que fue el primer día que se podía salir a la calle sin convertirse en estatua de hielo, me fui al Museo Nacional de la Historia y la Cultura Afroamericana, para entendernos, el museo de los negros -y perdonen la manera de señalar-. Yo ya lo conocía de mi última visita y me fascinó; tenía interés en volver a la parte donde se cuenta la historia de la esclavitud, la lucha por la libertad, la posterior segregación, el Ku Klux Klan, las matanzas y todos los horrores que padecieron. Los visitantes eran mayoritariamente afroamericanos, o sea herederos de lo que estaban mirando en las fotos, en los videos, en las historias relatadas por los auriculares, y en los ojos de algunos de ellos vi lágrimas, otros se abrazaban y otros apretaban los dientes con rabia. La deuda de este país con la negritud no se va a saldar nunca. Como otras deudas en otros lugares que yo me sé. Aquí los únicos que cobran siempre las deudas -y con intereses- son los bancos.
Luego me fui paseando por la avenida Constitución hasta la 7ª, bajo una nieve finita que no me molestaba, pero llegué a Chinatown con ganas de tomarme una sopa calentita en cualquier restaurante de la zona. Y eso hice, pero no acerté porque pedí una beef soup y me dieron una bazofia vomitiva, con unos fideos finos, largos como espaguetis y unas bolas blancuzcas, repugnantes, que si se las doy a mi perra me las tira a la cara, flotando todo ello en un agua oscura de dudoso origen. Así que me volví a casa y me hice unas lentejas.
Día 10 de enero, a las 13,11
Hace frío, pero un frío humano y se puede salir a pasear por estas callecitas desiertas entre árboles desnudos y pisar el suelo de los parques, donde las ardillas campan a sus anchas sin niños que las persigan. Hay un silencio helado que se mete en los huesos y una se llena de una melancolía antigua, que no sabe muy bien de dónde viene. No sé, igual es soledad.
Día 11 de enero: 0º
La Galería Nacional del Retrato, de la Fundación Smithsonian, refleja la historia de Estados Unidos a través de personajes que han tenido influencia en ella y en su cultura. Hay desde presidentes, escritores, poetas, músicos, actores, a gente anónima, pasando por activistas de los derechos civiles, nativos de reservas indias, asesinos célebres o marginados varios. También había echado una primera ojeada a este museo la última vez que vine pero siempre se queda una con hambre, de manera que esta mañana he cogido el metro en Silver Spring y me he bajado en Gallery Place, justo en la puerta.
Y resulta que, además de la exposición permanente, ahora hay una temporal dedicada a Marlene Dietrich, "Vestida para la imagen", que aquí la adoran por su oposición al nazismo y por haber mandado a Hitler a esparragar cuando le ofreció hacer cine de propaganda de su régimen. Ella dijo NO y se vino a Estados Unidos, donde triunfó de la mano de su compatriota y amante -uno de los muchos- Josef von Sternberg, bajo el paraguas de la Paramount.
Se pasó por el arco de triunfo el puritanismo yankee y siempre hizo lo que se le antojó a su parte contratante, sin distinguir de sexos. Vamos, que se tiró a lo más granado de la época sin hacer ascos ni a diestra ni a siniestra, como a Yul Brynner, Douglas Fairbanks, Gary Cooper, James Stewart, Claudette Colbert, Edith Piaff, Mercedes de Acosta y Jean Gabin, que al parecer la rompió ese corazón que parecía irrompible. Además de Sternberg rodó con Mamoulian, con Billy Wilder, con Stanley Kramer, con Orson Wells. Ernest Hemingway dijo de ella: "Aun si no tuviera nada más que su voz, con ella te rompería el corazón". Pero tenía más, mucho más, como puede verse en esta muestra. ¡Qué manera de posar, qué manera de mirar, qué manera de fumar, qué manera de fo...! Ah, que eso ya lo he dicho.
Pero además fue una activista incansable contra el nazismo. Efectuó más de quinientas presentaciones en Europa en plena guerra, desde el 43 al 46, actuó para las tropas aliadas en el frente, recaudó fondos. Por sus servicios durante la guerra fue condecorada con la Medalla de la Libertad, el más alto galardón que otorga el gobierno norteamericano a un ciudadano civil, y Francia la nombró Chevalier de la Legión de Honor. Lo de "chevalier" parece que le gustaba, aunque ningunar mujer resultaba más seductora pretendiendo ser andrógina.
Y ayer, 12 de enero, teníamos 19º, esta vez positivos. Es decir, que en unos pocos días ha subido la temperatura 30º, pero hoy hemos amanecido otra vez con 2 o 3 grados bajo cero. ¿Cómo se come esto?
Mañana vuelvo a Madrid, con escala en Bruselas y llego el lunes. Me ha encantado venir y, sobre todo, ver a Marta y a Álvaro, que está divino con sus cuatro años. Pero la verdad, ya me llama mi casita.
Día 1 de enero: 12º bajo cero.
Son las ocho y media de la tarde en Silver Spring y me acabo de fumar el tercer cigarro del día en la terraza, a doce grados bajo cero, mientras se me congelaban literalmente los pensamientos, concentrados en un dolor agudo entre los ojos. Aquí es mucho más difícil fumarse un pitillo que comprarse un rifle de repetición y celebrar el año nuevo disparando unas ráfagas a quién quiera que pase por la calle. Me dicen que aproveche para dejarlo, pero es que no quiero dejarlo; fumo porque quiero, porque me gusta y no me da la gana, a la edad que tengo, de renunciar a este pequeño gran placer. Fumar en estas condiciones, poniéndome un abrigo, un gorro, una bufanda, unos guantes y unas botas forradas de borreguito y salir a la terraza a desafiar la más cruda intemperie, es un acto de rebeldía contra la dictadura del no al tabaco, una reivindicación de mi derecho a morirme como quiera.
Mientras fumaba pensaba que todo ha pasado, que han ocurrido muchísimas cosas muy deprisa, y que no sé cuándo me convertí en esto que soy ahora, una señora gorda sin sueños y sin proyectos, porque mientras los tenía la vida iba haciendo sus planes, unos planes que no eran exactamente los míos. Y me acordaba de mi madre, del disgusto que se llevó cuando recién casada me fui a vivir a Canarias; le parecía el fin del mundo y ahora, aquí estoy yo, con una hija y mi nieto más pequeño viviendo a muchos más kilómetros y muchos más euros de distancia. La vida, que nos lleva donde le da la gana y no tenemos nada que decir.
Empieza un año y no he hecho ningún propósito. No pienso ir al gimnasio ni dejar de fumar, ni siquiera escribir otro libro. Para qué voy a hacerlos si luego vienen la vida y la muerte con los suyos. Y siempre ganan.
Día 10 de enero, a las 11,12: 5º bajo cero
Parece que ya han pasado los fríos siberianos y hemos entrado en una normalidad climática, así que he empezado a moverme un poco por Washington. Aunque no he venido aquí a hacer turismo sino a ver a mi hija y a mi nieto, lo cierto es que ellos se van a su curro y Álvaro a la guardería y me sobra mucho tiempo, que lo he utilizado en hacerles guisos con sabor español y en leer una novela muy gorda, la última de Almudena Grandes, que ya comentaré, pero en menudo jardín se ha metido esta mujer. 207 personajes, entre reales y ficticios, algunos con varias identidades y alternando distintas épocas, la verdad es que me está interesando, pero me hago un lío.
Antes de ayer, que fue el primer día que se podía salir a la calle sin convertirse en estatua de hielo, me fui al Museo Nacional de la Historia y la Cultura Afroamericana, para entendernos, el museo de los negros -y perdonen la manera de señalar-. Yo ya lo conocía de mi última visita y me fascinó; tenía interés en volver a la parte donde se cuenta la historia de la esclavitud, la lucha por la libertad, la posterior segregación, el Ku Klux Klan, las matanzas y todos los horrores que padecieron. Los visitantes eran mayoritariamente afroamericanos, o sea herederos de lo que estaban mirando en las fotos, en los videos, en las historias relatadas por los auriculares, y en los ojos de algunos de ellos vi lágrimas, otros se abrazaban y otros apretaban los dientes con rabia. La deuda de este país con la negritud no se va a saldar nunca. Como otras deudas en otros lugares que yo me sé. Aquí los únicos que cobran siempre las deudas -y con intereses- son los bancos.
Luego me fui paseando por la avenida Constitución hasta la 7ª, bajo una nieve finita que no me molestaba, pero llegué a Chinatown con ganas de tomarme una sopa calentita en cualquier restaurante de la zona. Y eso hice, pero no acerté porque pedí una beef soup y me dieron una bazofia vomitiva, con unos fideos finos, largos como espaguetis y unas bolas blancuzcas, repugnantes, que si se las doy a mi perra me las tira a la cara, flotando todo ello en un agua oscura de dudoso origen. Así que me volví a casa y me hice unas lentejas.
Día 10 de enero, a las 13,11
Hace frío, pero un frío humano y se puede salir a pasear por estas callecitas desiertas entre árboles desnudos y pisar el suelo de los parques, donde las ardillas campan a sus anchas sin niños que las persigan. Hay un silencio helado que se mete en los huesos y una se llena de una melancolía antigua, que no sabe muy bien de dónde viene. No sé, igual es soledad.
Día 11 de enero: 0º
La Galería Nacional del Retrato, de la Fundación Smithsonian, refleja la historia de Estados Unidos a través de personajes que han tenido influencia en ella y en su cultura. Hay desde presidentes, escritores, poetas, músicos, actores, a gente anónima, pasando por activistas de los derechos civiles, nativos de reservas indias, asesinos célebres o marginados varios. También había echado una primera ojeada a este museo la última vez que vine pero siempre se queda una con hambre, de manera que esta mañana he cogido el metro en Silver Spring y me he bajado en Gallery Place, justo en la puerta.
Y resulta que, además de la exposición permanente, ahora hay una temporal dedicada a Marlene Dietrich, "Vestida para la imagen", que aquí la adoran por su oposición al nazismo y por haber mandado a Hitler a esparragar cuando le ofreció hacer cine de propaganda de su régimen. Ella dijo NO y se vino a Estados Unidos, donde triunfó de la mano de su compatriota y amante -uno de los muchos- Josef von Sternberg, bajo el paraguas de la Paramount.
Se pasó por el arco de triunfo el puritanismo yankee y siempre hizo lo que se le antojó a su parte contratante, sin distinguir de sexos. Vamos, que se tiró a lo más granado de la época sin hacer ascos ni a diestra ni a siniestra, como a Yul Brynner, Douglas Fairbanks, Gary Cooper, James Stewart, Claudette Colbert, Edith Piaff, Mercedes de Acosta y Jean Gabin, que al parecer la rompió ese corazón que parecía irrompible. Además de Sternberg rodó con Mamoulian, con Billy Wilder, con Stanley Kramer, con Orson Wells. Ernest Hemingway dijo de ella: "Aun si no tuviera nada más que su voz, con ella te rompería el corazón". Pero tenía más, mucho más, como puede verse en esta muestra. ¡Qué manera de posar, qué manera de mirar, qué manera de fumar, qué manera de fo...! Ah, que eso ya lo he dicho.
Pero además fue una activista incansable contra el nazismo. Efectuó más de quinientas presentaciones en Europa en plena guerra, desde el 43 al 46, actuó para las tropas aliadas en el frente, recaudó fondos. Por sus servicios durante la guerra fue condecorada con la Medalla de la Libertad, el más alto galardón que otorga el gobierno norteamericano a un ciudadano civil, y Francia la nombró Chevalier de la Legión de Honor. Lo de "chevalier" parece que le gustaba, aunque ningunar mujer resultaba más seductora pretendiendo ser andrógina.
Y ayer, 12 de enero, teníamos 19º, esta vez positivos. Es decir, que en unos pocos días ha subido la temperatura 30º, pero hoy hemos amanecido otra vez con 2 o 3 grados bajo cero. ¿Cómo se come esto?
Mañana vuelvo a Madrid, con escala en Bruselas y llego el lunes. Me ha encantado venir y, sobre todo, ver a Marta y a Álvaro, que está divino con sus cuatro años. Pero la verdad, ya me llama mi casita.
sábado, 16 de diciembre de 2017
EL FUTURO
No sé qué voy a hacer ahora con mi vida,
te preguntas mirando al horizonte.
Yo no te digo nada, porque pienso
que ya hemos hecho todo; lo que queda
son recuerdos, algunos hasta hermosos,
y fugaces instantes como este
en que tú y yo volvemos a estar juntos
por el gusto de estar, sin objetivos,
sin siquiera jurar amor eterno,
solo vivir, volver a nuestra casa,
a la que, por un rato, nos acoge
en esa calidez de nuestros cuerpos.
Ya no es hora, mi amor, ni de hacer planes
ni de perder el tiempo con reproches.
El futuro está aquí. Y estamos solos.
te preguntas mirando al horizonte.
Yo no te digo nada, porque pienso
que ya hemos hecho todo; lo que queda
son recuerdos, algunos hasta hermosos,
y fugaces instantes como este
en que tú y yo volvemos a estar juntos
por el gusto de estar, sin objetivos,
sin siquiera jurar amor eterno,
solo vivir, volver a nuestra casa,
a la que, por un rato, nos acoge
en esa calidez de nuestros cuerpos.
Ya no es hora, mi amor, ni de hacer planes
ni de perder el tiempo con reproches.
El futuro está aquí. Y estamos solos.
viernes, 8 de diciembre de 2017
PASEO
Tú no lo sabes, pero esta misma mañana
has venido conmigo
a pasear al perro por el monte.
Y te he dicho me gusta
cómo crujen las hojas al pisarlas.
Y te he dicho que escuches
el silencio que guardan las encinas.
Y te he dicho hace frío
y tu me has enlazado la cintura.
Y te he dicho te quiero
porque a veces lo digo sin pensarlo.
has venido conmigo
a pasear al perro por el monte.
Y te he dicho me gusta
cómo crujen las hojas al pisarlas.
Y te he dicho que escuches
el silencio que guardan las encinas.
Y te he dicho hace frío
y tu me has enlazado la cintura.
Y te he dicho te quiero
porque a veces lo digo sin pensarlo.
miércoles, 6 de diciembre de 2017
EL DÍA
![]() |
igual que si llevara el mundo entero a cuestas,
que tendré los pies fríos,
que odiaré los espejos,
que tendré por delante un desierto infinito.
Pero al atardecer se hará el milagro
cuando el cielo se ponga su vestido de luces
pueden cambiar las tornas, pues si ese cielo existe
cómo no va a existir la vida eterna,
quiero decir, la vida por estrenar de nuevo.
Cosas más raras pasan.
Volveré a renacer de mis cenizas,
perderé la cabeza y la vergüenza,
aparcaré en la orilla la edad y los fracasos,
me arrancaré los miedos, me pintaré los labios
con el mismo color que pinta el cielo.
Con la esperanza intacta me marcharé a la calle.
Luego, cuando regrese, quizá fume un cigarro ,
quizá tome esa copa que no tomé contigo,
me meteré en la cama repitiendo tu nombre
y me hundiré en la noche igual que cada día.
sábado, 2 de diciembre de 2017
MUJERES
Porque lo que hay en mí que vale algo,
eso... ¡ni lo pudiste sospechar!
(Gustavo Adolfo Bécquer)
Hay dos grados ahí fuera, me refugio
en una soledad
de manta y de silencio,
sin relojes ni horas.
Regresan a mi casa los recuerdos
en un tropel anárquico
que mezcla los dolores y los gozos,
las risas y los llantos, las pasiones,
las ganas de morir de algunos días
y de otros, sin embargo,
la vida desbocada, esos momentos
en los que cualquier cosa era posible.
Y, como aquel poeta,
confieso que he vivido. Me pregunto
cuántas son las mujeres que me habitan,
y si hay alguien que pueda
querer a todas ellas a la vez
y no estar loco. Siento
que siempre me han querido a pedacitos.
Esa mujer carnal, enamorada,
toda piel y deseo, que se enciende
con el más leve roce de tus uñas,
se sumerge en tus brazos sin reservas,
que se ahoga en el río de tu boca,
que se pierde en la selva de tu pecho,
que se anuda a tus piernas cada noche,
esa mujer, decía, no repudia
a la madre, a la abuela, a la que aspira
a un mundo más humano,
a la que no soporta
el dolor de la gente a la que ama,
lo vive como suyo
y, como suyo, sufre.
Y también soy mujer de soledades,
de reflexión, de libros, de silencio,
de encontrarme a mí misma en las palabras
que otros escribieron
y de escribir las mías para todos.
Esa felicidad de estar conmigo
con unos cigarrillos y una copa.
Este desdoblamiento en mil mujeres
no te roba ni un ápice
de la parte de mí que te regalo,
sino que la enriquece, ¡si supieras
cómo me gustaría
que vinieras conmigo a este viaje,
a este sinsentido que es vivir!
En esta tarde helada de balance
comprendo que tal vez pedí más de la cuenta.
Y que el precio es altísimo,
porque lo más seguro
es que me muera sola.
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