jueves, 28 de agosto de 2014

EL TORNADO

El amor acostumbra a andar a ciegas
sin atender apenas las razones
que suele aconsejar el buen sentido.

Ataca casi siempre
por el flanco más débil; se camufla
entre sábanas frías, madrugadas
repletas de derrotas, soledades,
para irrumpir después como una tromba,
un viento enloquecido, una descarga
de vida que descubre de nuevo los sentidos
y despierta al deseo.

Es tan hermoso
que su brillo nos ciega, nos esconde
el peligro, nos engaña;
y nos hace creernos invencibles
para luego matarnos.

Casi nunca sabemos cómo llegó a nosotros,
cuándo y por qué nos inundó los días,
de qué forma caímos en sus redes
para vivir inmersos en un sueño.

Sin embargo
sabemos con certeza cuándo muere.
Y sabemos también que no tiene retorno
como siempre ha ocurrido con la muerte.

sábado, 16 de agosto de 2014

AL FINAL

He llegado al final pero estoy muerta
y no me reconozco en mi cadáver.
Me es tan ajeno
como esas fotos de hace tres mil años
en las que yo reía
y podía llorar todas las lágrimas
que la vida pusiera por delante.

He llegado al final, mas tan exhausta
que no puedo mirarme en el espejo
y volver a vivir mis propias penas,
no digamos
cuando las mismas penas son de otros.

Me he quedado vacía,
ya no siento ni vibro ni palpito,
solo contemplo
cómo pasa la vida
como en una película de miedo
que se olvida al salir con el primer cigarro.

La soledad es esto: la desidia,
la paz siniestra de los cementerios,
el silencio interior sin emociones,
el dolor que no duele, la mirada
perdida en la indolencia.

Pero en algún lugar debe estar escondida
la mujer que yo era.
Solo espero encontrarla una de estas mañanas
en que entra el sol a chorros,
el aire es fresco y huele
a esperanza y a pino.

miércoles, 16 de julio de 2014

EL JARDÍN

Este año están tristes los ailantos,
te estaban esperando con su ropa de gala
pero tú no has llegado
a buscar el lugar de la entresombra
justo al lado del tilo.
Y ahora se desangran en rojo, derramando
color sobre tu ausencia.

Las ardillas también se han escondido,
no están, no las he visto escalando el ciruelo
¿Eran dos o eran tres? Nunca supimos
cuántas jugueteaban en la hierba
y se quedaban quietas, como desafiando,
para luego salir de nuestra vista
¿Dónde se habrán metido?

No sé por qué tampoco se oyen sobre el campo
los cuartos y las medias como antes,
cuando tú los contabas:
las nueve menos cuarto, queda un resto
de sol junto a la tapia,
muéveme allí la silla;
de acuerdo, pero antes
vamos a andar un poco,
una vuelta a la casa de mi brazo.

Y al pasar arrancabas una flor de lavanda,
unas hojas de menta ¡Qué bien huele! 
Decías aferrándote
a los últimos rayos de la tarde.

¿Por qué han enmudecido las campanas?
Quizá se han taponado mis oídos
a todos los recuerdos,
quizá tengo la piel y la memoria
cubiertas de tristeza
y ya no puedo oír los sonidos que amaste.

Quizá a la luna llena siempre le falte un trozo,
el que tu te has llevado
prendido para siempre en tus pupilas.

Quizá hay menos estrellas esta noche
o a mí me lo parece,
pero todo es distinto este verano
y este jardín se ha vuelto
un poco más umbrío.

lunes, 14 de julio de 2014

ORFANDAD

Ahora que ya no soy hija de nadie
¿Quién adivinará mis soledades?
¿Quién sentirá por mí lo que yo siento?

Tú me mirabas desde la atalaya
de tus noventa y tantos...

y lo sabías todo;
por más que yo intentara
camuflar mi tristeza con ramajes
de noticias inanes, de lugares comunes
que llenaran silencios,
tú me mirabas de aquella manera.

Nunca pude evitar
volverme transparente ante tus ojos.

Me mirabas tan dentro
que hacías imposible el disimulo.

¿Qué quisiste decirme la otra tarde
en tu última mirada tan larga y tan profunda?

Ahora de repente llueve a cántaros,
no sé por qué de pronto llueve a cántaros.

YA NO IMPORTA

Ya no importa quién fue el que dijo basta
ni cuánto nos movió la rabia ciega
pero alguien tenía que decirlo.


No está hecho el amor para las lágrimas,
si acaso ha de servir para enjugar
las que vienen de fuera de nosotros.


No está hecho el amor para la lucha
si no luchan los dos por defender
el inmenso tesoro que es amarse.


No está hecho el amor para la inquina
ni para la venganza
de quién sabe qué ofensas
que tan solo conoce el ofendido.


El amor no es poder, es compañía
independientemente de las horas
que la vida permita compartir.


El amor no posee, ama y respeta
y se alegra de ver que aquel que ama
es un poco feliz, algunas veces
en un espacio ajeno.


El amor no es presión sino sosiego;
no es castración sino fecundo gozo,
es confianza, calidez, abrazo,
es una forma de vivir la vida
sin que haga falta ni decir te amo.


No sé si estoy pidiendo demasiado.

sábado, 7 de junio de 2014

DECLARACIÓN DE INTENCIONES

De ahora en adelante
dejaré que la nieve ilumine mi pelo
vestiré ropas anchas y zapatos
con la forma del suelo donde pisen.

Tiraré los relojes donde no exista el tiempo
y jamás haya prisa.

Me volveré más dulce,
mi voz será más tenue,
escucharé el silencio de los que nunca gritan.

Hallaré la belleza en las profundidades
y miraré más lejos del instante inmediato.

Renunciaré a las mieles de las pasiones ciegas,
y abrigaré mi cuerpo con abrazos amigos
sin olvidar por ello que estoy sola.

Reduciré mi espacio a lo más simple
porque seré la dueña de campos infinitos
donde escuchar los pájaros
y respirar la lluvia cuando empapa la tierra.

Dimitiré de halagos, de lisonjas
cargadas de adjetivos tan sonoros
que ensordecen el ego
y se mueren tan pronto se pronuncian.

Y tomaré conciencia de la edad que ya tengo.
Es que se acaba el tiempo, compañeros.
Ya se ha acabado el tiempo de tanta tontería.

martes, 3 de junio de 2014

QUÉ SABE NADIE

Imposible la plena comunicación humana.
Los otros, siempre nos aceptan mutilados,
jamás con la totalidad de nuestros vicios.
(Alejandra Pizarnik)

Qué conocemos nadie de los otros
aparte del perfil más atractivo
con la luz mentirosa de la noche.
El mismo que nosotros enseñamos,
casi siempre en legítima defensa
o, de forma inconsciente, como huida
de algún plano frontal insoportable.

Y qué fácil resulta emitir juicios,
decir "yo no comprendo...",
o "cómo puede ser así de imbécil"
sin probarnos siquiera sus zapatos
ni saber si su piel nos viene grande.

Qué sabe nadie de aquello que guardamos
como un peso insufrible
y a veces escondemos tras la risa
intentando engañar a los espejos.

Qué sencillo dictar una sentencia
con frecuencia implacable
sin preguntar motivos ni atenuantes
y pegar con el mazo en la madera.

jueves, 29 de mayo de 2014

DESDE CERO

...y por fin,
sin pagar el arriendo,
sin avisar a nadie,
irme
donde me dejen ser
una página en limpio.

(Euler Granda)


Empezar desde cero nuevamente
como si fueras joven y la vida
te estuviera esperando.

Y borrarte los miedos y las culpas,
ese cáncer que crece con la rabia,
esa materia extraña que enmudece la risa,
que seca hasta las lágrimas
y corrompe el silencio,
ese hielo que arrasa la lujuria,
esa niebla que enturbia los espejos
y te dibuja surcos de amargura
en la zona más frágil de tu alma.

Y te convierte en otra, si te topas
con uno de esos días que suelen nacer muertos,
la que no quieres ser y quizá eres
por puro instinto de supervivencia.

Y te vuelves deforme y contrahecha,
vieja de pronto, desdentada, fofa,
y ya no tienes ganas de regar los geranios
ni de escribir poemas.

Cuando eso ocurre hay que salir corriendo,
prender fuego al pasado con todo lo que guarda,
apretando los puños aunque sangren
las palmas de las manos
sin emitir apenas un quejido.


Quedarán cicatrices, quién lo duda
pero podrás gritar a voz en cuello.

miércoles, 28 de mayo de 2014

UN CUENTO QUE NO ES DE FÚTBOL

Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral
 y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol". 
(Albert Camus)

Ese día salió de casa con un puño apretándole muy fuerte dentro del pecho, tanto que casi le impedía respirar con normalidad. Se puso unas gafas de sol muy grandes y muy oscuras, quería tapar la tristeza de sus ojos, y se compró una bufanda de su equipo en un puesto de la Castellana. Estaba sola, sola con sus dolores, con sus culpas, con sus angustias, con sus desprecios, con sus agravios, con sus silencios. Estaba sola con su soledad y necesitaba fundirse en la masa, diluir su amargura en una ilusión común y compartida.

El bar era pequeño, un bar de barrio, corriente. Lo atendía un chico joven muy simpático, de una edad parecida a la de sus hijos. Todavía era pronto, faltaba un buen rato para que empezara el partido, pero entró y se sentó en la mesa más próxima al televisor; pidió una cocacola, aún no quería empezar a beber alcohol. Luego se tomaría un gin-tonic durante el primer tiempo y otro durante el segundo, eso si no había prórroga.

De vez en cuando salía a fumar un cigarrillo y charlaba con el chaval:

—¿Eres del barrio?— la tuteó con familiaridad, parecía que le extrañaba que aquella mujer sexagenaria, no habitual del bar, hubiera ido sola a ver el partido precisamente allí.

—No, estoy esperando a un amigo —contestó ella como disculpándose. En realidad no sabía muy bien por qué había entrado a ese bar, sería por bares. Quizá fue porque estaba casi vacío y le daba un poco de corte entrar en un sitio lleno de tíos vociferantes y medio borrachos. Viejos prejuicios de los que aún no había conseguido liberarse.

Poco a poco fue entrando gente, casi todos jóvenes como el propietario. No sabía por qué, pero la fue invadiendo una especie de calidez anónima, como una complicidad sobrevenida con aquellas gentes desconocidas, independientemente de la bufanda que llevaran colgada al cuello o anudada en la cabeza. Entre los de uno y otro equipo se hacían bromas, se atacaban amigablemente, insultaban de buen rollo a unos u otros jugadores. Todo entre sonrisas, entre choques de jarras de cerveza brindando por la victoria o por la derrota de los otros.

Antes de que salieran en la pantalla las alineaciones una periodista entrevistó a Rajoy, que dijo unas cuantas tonterías preelectorales en la tarde de reflexión. Luego, entre el abucheo general de indios y vikingos, el presidente de la comunidad y la alcaldesa vestida de flores, dos grandes próceres . Parecía que ellos dos solitos hubieran eliminado al Bayern y al Chelsea.

Se acercó a la barra:

—¿Cómo te llamas? —preguntó al chico.

—Mario ¿Y tú?

—Por favor, Mario, ponme un gin-tonic de Beefeater —le pidió después de decirle su propio nombre.

Por fin empezó el partido mientras continuaba el ambiente distendido, incluso, a su juicio, con escasa atención de la parroquia, hasta que en el minuto treinta y cinco “El Santo” se salió de sus casillas con un error de principiante y los rojiblancos marcaron en medio de un batiburrillo de piernas delante de los tres palos. Un churro de gol, pero un gol al fin y al cabo. Estalló el lógico júbilo de los colchoneros: abrazos, cervezas en alto, cachondeo del rival.

A partir de ahí, sí. El aire se iba haciendo cada vez más espeso para los merengues que aguantaban en silencio las mofas rojiblancas. Todos menos Mario, que no dejó un momento de animar, de cantar, de meterse con los otros. Y de pedir a la afición blanca que saliese del marasmo.

Pero ni el segundo gin-tonic conseguía hacerla reaccionar. No ya por el partido, sino porque el puño del pecho seguía apretándola, apretándola…

Era el minuto noventa y tres cuando el muchacho de Camas lanzó un cabezazo impecable al fondo de la red a la salida de un córner y el estruendo de ¡¡¡Gooool!!! resonó por todo el local y por la calle, por los balcones, por los cuartos de estar, salió de las gargantas de los niños y de los ancianos.

Ella soltó en su grito todo el silencio de piedra que la ahogaba, toda la rabia contenida, toda la tristeza acumulada durante meses, todo el dolor injusto contemplado tarde tras tarde. Y ocurrió que todos los abrazos que se le estaban pudriendo por dentro encontraron donde anudarse en aquellos jóvenes desconocidos. De repente se vio subida en volandas por los poderosos brazos de Mario.

Después vinieron más goles, más saltos, más gritos, más abrazos.

Luego, al despedirse, le preguntó:

—¿Tienes hijos?

—Sí, cuatro —seguía diciendo que tenía cuatro—. Y seis nietos.

—¡Pues qué más te da cinco! ¡Anda, adóptame, que yo quiero una madre como tú!

Cuando salió de allí ya no le apretaba ningún puño en el pecho, respiraba a pleno pulmón el aire fresco de la noche. Llevaba colgada al cuello la bufanda de su equipo y una sonrisa idiota dibujada en el rostro. Los coches pitaban saludándose y agitando banderas. Parecía que las gentes se amaban.

En el cristal de su bar Mario había escrito con letra redondilla, un pincel fino, un bote pintura blanca y mucha paciencia, los versos de su tocayo Benedetti:

“No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento, porque no estás solo, ¡porque yo te quiero!"

Evidentemente, Mario era uno de esos estúpidos descerebrados que se emocionan con el fútbol.

miércoles, 21 de mayo de 2014

LO QUE QUEDA

Tu le has puesto palabras
a eso que ya andaba sospechando,
que acaba de empezar
lo mejor de lo malo; lo que queda
seguramente irá pendiente abajo.

Hay una mezcolanza de besos y canciones
y lunas voluptuosamente llenas
escondida en la niebla del recuerdo
y una casi no sabe si era feliz entonces,
cuando la vida estaba por hacer
o estábamos haciendo poco a poco
lo que ahora nos hemos encontrado,
un amasijo informe de dolores,
de culpas sin culpables
y de absurdas preguntas a deshora.

Ya no tiene sentido cuestionarse
qué es lo que hicimos mal;
ahora toca vivir con estos mimbres,
exprimir los instantes, la belleza
de esos pocos instantes.

Y tratar de dormir, a ser posible
con un solo Orfidal.