sábado, 24 de agosto de 2013

VOSOTROS

No sé cómo aprendimos a querernos,
qué hubo en vosotros de mí, qué nos dimos.
(Leopoldo Alas Mínguez)

A pesar de nosotros,
se han ido entrelazando nuestras vidas
a lo largo del tiempo,
hemos dejado tantos desgarrones
enredados en aquellos que fuimos,
que aunque nuestros caminos después se bifurcaran
en el mío ha quedado vuestra huella
grabada para siempre.

Cómo podría dejaros de querer
si sois mi propia esencia; mi pasado
no sería el que es sin vuestros rostros
sin vuestra trayectoria paralela
-u oblicua en ocasiones-.

Si lo que no recuerdo de mi vida
me lo contáis vosotros
porque estabais allí
y todo lo sabéis desde el principio,
si, aunque lo intente, no tengo secretos.

Y cómo no dolerme como si fueran míos
los dolores que os duelen,
cómo esconderme tras la indiferencia
si me hieren la piel vuestras heridas,
si somos parte de la misma historia.

Si cada vez que se despide alguno
incinero con él mis días más felices
y se torna en ceniza lo que vivimos juntos,
si se lleva a la tumba
un pedazo del tiempo de los sueños
y me quedo más sola.  

miércoles, 21 de agosto de 2013

UNA VEZ MÁS, LA LUNA

Ladran algunos perros a lo lejos
y los grillos desgarran el silencio
con descaro de niños malcriados;
el reloj de la torre
se empeña en dar los cuartos cada cuarto
recordándome el tiempo.

Pero a mí no me importa qué hora marca
porque a según qué horas ya no hay horas,
solo queda
la soledad sonora de esta noche
una luna imposible y un gin-tonic.

Y una pereza inmensa para pensar en nada
porque quizá me sobran cosas en que pensar.

Una se agarra al vaso y a la luna
y se deja llevar y acaso llora
sin saber bien la causa,
por el placer malsano de llorar
sin dar explicaciones.

Explicaciones hay más que de sobra
pero han dado las tres en el reloj,
será mejor dejar las cosas como estaban.

Ocurre que la noche de mañana
esta luna infinita empezará a menguar
si no viene algún dios a remediarlo.

domingo, 18 de agosto de 2013

LA PRIMERA VEZ

Sé bien
que nunca más podré
volver a ver el mar sin recordarte.

En el fugaz instante
en que extiende en la arena
sus sábanas de encaje
rememoro tus ojos y tu asombro
de la primera vez.

-¡Cómo mola, mamá! -creo que me dijiste;
y luego me arrancaste la promesa
de volver otra vez el próximo verano.

Te contesté que sí, que volveríamos
-hubiera ido a la luna con tal de ver de nuevo
tus ojos y tu asombro-.

Ya no hubo más veranos ni más olas.
Te quedaban apenas unos días,
quién iba a imaginar tal despropósito.

viernes, 2 de agosto de 2013

CITA A CIEGAS

No sé cómo serás a tu regreso,
a quién me encontraré vestido con tus ropas.
Tampoco estoy segura de ser yo la de antes,
si reconocerás
mis manos, si mis ojos

sabrán cómo mirarte, si mis labios
pronunciarán alguna palabra con sentido.

No sé cómo llenar las horas que me faltan,
si preparar gazpacho,
si poner otras sábanas,

si pegarme dos tiros
                                o pintarme
las uñas de los pies.

O tan solo escribir este absurdo poema.

Es una desazón como de cita a ciegas,
la torpe incertidumbre de lo nuevo
como si no existiera nuestra historia,
como si a estas alturas
fuéramos a inventar los personajes
que dejamos morir.
                               O que matamos.

domingo, 28 de julio de 2013

EL LUNAR


Ni en corazón ni en alma
te pareces
a la que amaba sólo
hace un instante
(Ángel González)


Rebusco en mi memoria y no recuerdo
cuándo el lunar aquel que tanto amaste
se trastocó en verruga,
cuándo fue que a tus ojos muté en otra.

Soy la misma de entonces,
ni antes era la mujer perfecta
ni ahora soy el colmo de la perversidad.

Seguramente
no merecía que me amaras tanto  
pero tampoco es justo convertirme
en la suma de todas las maldades.

Me pregunto
qué extraño mecanismo se desata
en el fondo más negro del amor
para trocar en rana al más apuesto príncipe
o a la más ideal de las princesas.

Me pregunto
por qué tanta indulgencia con los otros
y tan dura mirada
para quien nos regala sus noches y sus días,
respira nuestro aire y duerme en nuestro lecho.

Me pregunto
-y no tengo respuesta-
qué clase de veneno se inocula en el alma
que agiganta las sombras a tal punto
que acaban por cubrir las luces más brillantes.

Sobre todo pregunto
qué siniestro resorte
nos incita a hacer daño a quien amamos,
qué oscuridad perversa nos ofusca.

Qué demonios nos pasa...

miércoles, 17 de julio de 2013

NADA

Nada, no tengo nada, no quiero tener nada,
nada que me hipoteque mi propia identidad,
mi voz y mi manera de habitar en el mundo 
ni nada que me obligue a precintar mis labios.

El amor es un lujo prescindible,
no se debe pagar a cualquier precio
sobre todo porque cuando se paga
deja de ser amor
pierde lo que le otorga el derecho a tal nombre,
se convierte en la sombra de sí mismo,
Dorian Gray destruido en el espejo.

Para poder amar es necesario
saber lo que uno vale
no permitir que el miedo paralice
ni dejarse atrapar en la costumbre
ni tolerar que nadie nos perdone la vida
ni nos cierre la puerta.

Nada, no quiero nada
no me importan las cosas, las alfombras,
ni la vajilla antigua -que, por cierto,
le faltan muchas piezas- ni los muebles,
no me importan los cuadros ni las lámparas
ni el butacón de orejas de la siesta.

Todo tuvo un sentido cuando entonces,
cuando redecoramos nuestra vida,
cuando nos envolvía
la cálida belleza de los sueños;
pero ya no,
ahora se han secado los geranios
todo lo cubre el polvo y la amargura
nuestras cosas
se han vuelto trastos viejos sin oficio,
inútiles objetos testigos del desastre. 

Tengo las alas rotas pero voy a volar
sin lastres ni cadenas.

Porque tan solo así,
desnuda, despojada de todo lo superfluo
podré verme a mí misma en el espejo
y volver a nacer de mis cenizas.

jueves, 11 de julio de 2013

ENTRE LAS MANOS

Tengo que preservar como un tesoro
lo poco que me queda
moldear con mis manos un corazón de arcilla
recortar lo que sobra
hasta que recupere su forma primigenia
como cuando era virgen.

Tengo que descubrir entre las ruinas
la esencia de mí misma
no es posible que se haya diluido
en el agua estancada de mis lágrimas.

Sé que en algún rincón del desencanto
se esconde la esperanza
y me grita
y me llama
pero yo no la oigo
sumergida su voz en los escombros.

Su voz, mi propia voz,
ahogada en este estruendo pavoroso.

martes, 2 de julio de 2013

NO QUIERO

No volveré a tener los ojos tristes
ni lloraré unas lágrimas estériles.
No quiero ahogar mi voz en un sollozo
ni dejaré que mueran mis abrazos
sin estrechar un cuerpo
que los sepa apreciar en lo que valen.
   
No quiero tener ganas de morirme,
tengo mucho que hacer
para perder el tiempo en victimismos
voy a seguir en pie
con la mirada puesta en un futuro incierto
y enseñando los dientes a la vida.

Hasta aquí hemos llegado,
mis ojos están secos
ya nadie podrá nunca hacerme daño.
No volveré a llorar si no es de gozo.

miércoles, 26 de junio de 2013

LA MUJER HABITADA

No sé cuántas mujeres conviven en mi cuerpo
pero se llevan mal pues cada una
reivindica el derecho que le asiste
a ser la mejor madre,
la amantísima hija o la perfecta esposa.

Hay otra que pretende ser la más solidaria,
la que mejor defiende a los desheredados,
la que se desgañita contra los poderosos.

Se disputan mis noches y mis días
y al cabo se reparten

como buenas hermanas mis despojos.
Y, para colmo, todas
intentan a mi costa escribir versos.

Queda la más pequeña
y a ésta no la puedo dejar sola; 

es una irresponsable, una inconsciente
que no persigue nada extraordinario.

Sólo es una mujer que en cuanto me descuido
pierde pie, se resbala
por el borde prohibido de tu boca.

miércoles, 19 de junio de 2013

LA VIDA EN EL METRO

Los viernes a las diez de la noche en el metro de Madrid unos van y otros vienen. Van pandillas de chavales, ellas a un lado, ellos a otro. Ellas se han disfrazado de "Lolitas"; llevan tacones muy altos y falda muy corta y gritan mucho para disimular la vergüenza que les da enseñar un canalillo procaz y unos pechos ingenuos, turgentes y muertos de frío; porque hace frío esta noche para ir así. Todas tienen los labios carnosos y pintados de rojo intenso. Ellos no las miran, pasan; aparentemente están mucho más preocupados por colocarse la gorra con la visera hacia atrás y el vaquero a la altura justa para que no se les caiga, pero casi. Una, bajita y regordeta, decide atacar y se sienta en las piernas de un chaval que está despatarrado en el asiento de enfrente. El, le mete la mano con desgana entre los muslos y le come la boca con oficio como por cumplir, porque es lo que toca. Luego la levanta y le da un azote en el culo como dando a entender. Se bajan todos en la estación de La Latina, ellos delante pegándose empujones y puñetazos de colegas; ellas detrás cuchicheando y tirándose hacia abajo de unas minifaldas imposibles y dando traspiés con los taconazos. Tanta lucha feminista para esto.

La sudamericana vuelve. La melena rubia teñida no oculta sus rasgos indígenas. Ha salido esa tarde y tiene que regresar porque está interna. Se ha despedido en el andén de otras compatriotas que tienen más suerte; están externas compartiendo piso y se pasan la noche del viernes bailando salsa. Ella no; tiene dos hijos en Ecuador o en Perú o en Colombia y manda para allá casi todo su sueldo, no puede gastárselo en pagar una habitación, para eso no se fue de su país. Pero todavía le resuenan en las tripas los ritmos calientes y se le van los pies con los músicos andinos que han entrado en el vagón, mientras dibuja una sonrisa muy triste. Se baja en Argüelles.

La mujer de edad indefinida yo creo que también vuelve; guiña los ojos para leer un texto pegado en la pared del vagón -libros a la calle- y en el rostro refleja un cansancio antiguo. De vez en cuando da una cabezada, apoyando la cabeza en la palma de la mano. Agarra el bolso fuerte, como si llevara dentro todas sus pertenencias. Parece que tiene ganas de morirse. Lleva un periódico que dice que el Gobierno ha dado tropecientos mil millones a los bancos, a esos bancos que le tienen secuestrada la nómina, que le cobran unos intereses que rayan en la usura cada vez que se queda en números rojos; a esos bancos que la tienen asfixiada y que ahora ya no le dan más crédito. Tiene que hacer trasbordo en Cuatro Caminos y casi se pasa de estación. Se aleja del borde del andén, asustada de las ganas de tirarse que le están entrando. ¡Que les den por culo a todos! No tiene nada ¿qué le pueden embargar? Ahora llega a su casa a comerse un huevo frito y un par de birras; mañana será otro día.

Una pareja madura se hace bromas y arrumacos. Igual se han tomado unos vinos y están un poco achispados; no se sabe muy bien si van o vuelven. Parecen dos separados que se han encontrado cuando ya no contaban con ello. Seguramente vuelven de una vida agotada y van hacia otra que se inventan cada día. Al salir en Moncloa se cruzan con un travelo con la hora cambiada; a las diez de la noche, en circunstancias normales, no le tocaría volver, pero vuelve; enseña un escote huesudo y plano y se le ha corrido el rimmel; lleva las medias rotas, los tacones torcidos y ya le apunta la barba, apenas emboscada en el maquillaje. Es delgado y menudo; o delgada y menuda, no sé.

Los viernes a las diez de la noche, va o viene un montón de gente en el metro.