Hoy todo lo que escriba será un plagio
del anónimo verso endecasílabo
que tu aliento derrama por mi espalda
para borrarme el nombre y la conciencia,
las edades, las culpas y los miedos,
el pasado evidente y el futuro
que no quiero soñar por si se rompe.
Sólo soy este instante adormecido
en el cálido abrazo del presente.
martes, 30 de agosto de 2011
miércoles, 24 de agosto de 2011
LOS OTROS
¿Podrías comprender
que no te quiero menos
por amar a la vez a mucha gente?
¿Podrías entender que lo que aprendo
de todos los demás,
de las vidas que amo, me enriquece?
¿Podrías apreciar
que yo soy la que soy
por todo lo que absorbo de los otros?
Ahora llego hasta ti
tan cargada de vida
que me duele la espalda,
tan cargada de muerte
que me sangran las manos
y los ojos me lloran ginebra a borbotones.
Dibujo de Manuel Gago Quesada tomado de la red.
martes, 9 de agosto de 2011
EL ADIOS
Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas.
Por eso no esperes más, hazlo hoy...
(Gabriel García Márquez)
Toda la vida diciéndonos adiós,
siempre llegando tarde a nuestra cita;
nuestros caminos siempre se cruzaron
en el punto preciso del silencio,
ese desde el que no existe el retorno.
Solo una noche estuvimos a punto
de cambiar el sentido a nuestros pasos
y nos faltó valor
para saltar la valla establecida.
Quizá tuvimos miedo a disolvernos
en la gris realidad de la costumbre,
quizá quisimos preservar los sueños.
Nos hicimos mayores
volviendo levemente la cabeza,
diciéndonos adiós como el que muere.
Ahora,
antes de envejecer definitivamente
nos damos el adiós incontestable.
Yo seguiré viviendo, siempre sigo.
Solo queda el intento
de encerrar nuestra historia en un poema.
martes, 26 de julio de 2011
LA FUENTE NUEVA
A mis dieciséis años conociste
la exacta dimensión de mi cintura,
la virginal tersura de mi vientre,
la adolescente fruta de mi pecho
sobre el banco de piedra de la fuente
donde muy poco antes
todavía cazaba renacuajos.
El cielo de Sigüenza en esa noche
dilapidaba estrellas como si le sobraran
y nosotros, en tanto,
perdíamos la cuenta de los besos.
Era todo demasiado perfecto,
despertamos la envidia de los dioses;
de unos dioses siniestros e implacables
que unos años más tarde y sin invitación
vinieron a instalarse en nuestra casa
y a robarnos la vida, el sexo y la ternura.
A ti te arrebataron el futuro,
te dieron el cambiazo
por otro hecho de sombras y amenazas
y te quedaste solo,
acosado en tu mundo indescifrable.
Y de mí consiguieron con paciencia
digna de mejor causa
-les costó veinte años pero al fin lo lograron-
que dejara de ser buena persona.
Perdóname si no estuve a la altura
de tu sin par mente maravillosa.
Perdona que me fuera huyendo de mí misma,
de la maldita suerte, del destino,
de no saber amar lo suficiente
para encontrar en ti
lo que anduve buscando por ahí sola.
¡Qué te voy a contar que tú no sepas
de mis palos de ciego,
de los clavos ardiendo a los que me agarré
para luego caer
de nuevo con las manos abrasadas!
Por si acaso el expolio fuera poco
los dioses del dolor se llevaron al hijo
y no pudimos ni llorarlo juntos.
Hoy,
que han pasado mil años
y la muerte escondida nos acecha,
déjame que reviva al menos esa noche,
saber que hubo un momento en que fuimos felices
sobre la piedra de la Fuente Nueva.
Y el cielo de Sigüenza
dilapidando estrellas a lo loco.
miércoles, 13 de julio de 2011
SUEÑOS
Pero lo que hay en mí que vale algo,
eso, ni lo pudiste sospechar.
(Gustavo Adolfo Becquer)
Me acerco a tu recuerdo con sigilono quiero despertar a tu fantasma,
solo yacer callada a tu costado
y revivir el beso que tú sabes.
Me pregunto
si también tú te pierdes en la noche
cuando las cosas no son como soñamos.
Pero no me lo digas, tengo miedo
a amarte demasiado y que luego no existas.
¡Es tan duro saber que ni sospechas
lo que de mí merece ser amado!
Déjame que te sueñe mientras duermes
con las defensas bajas,
permíteme soñar que tú me sueñas.
martes, 12 de julio de 2011
EL CRISTAL
Voy hacia ti con miedo,
presintiendo el cristal que nos separa.
Sé que está ahí,
que detendrá mi impulso de abrazarte,
pero aun así me acerco por si hay suerte
y me vuelvo incorpórea y atravieso
la barrera de hielo que me quema.
Hace tanto calor en este invierno
que nuestras manos se han quedado mudas
y nuestra voz está paralizada.
Es necesario que una de estas noches
nos asalte una helada que nos funda,
que revienten las nubes,
que sobre nuestros cuerpos llueva a cántaros
y después la lujuria nos cobije.
Es preciso que el hielo nos abrase.
presintiendo el cristal que nos separa.
Sé que está ahí,
que detendrá mi impulso de abrazarte,
pero aun así me acerco por si hay suerte
y me vuelvo incorpórea y atravieso
la barrera de hielo que me quema.
Hace tanto calor en este invierno
que nuestras manos se han quedado mudas
y nuestra voz está paralizada.
Es necesario que una de estas noches
nos asalte una helada que nos funda,
que revienten las nubes,
que sobre nuestros cuerpos llueva a cántaros
y después la lujuria nos cobije.
Es preciso que el hielo nos abrase.
domingo, 10 de julio de 2011
EL DÍA QUE TE MATARON
Hoy te han matado y, rara paradoja,
te han devuelto a la vida
porque tus asesinos han logrado
que de nuevo volvamos a ser jóvenes.
No venimos tampoco nosotros
ni de aquí ni de allá,
somos de cualquier sitio y cualquier tiempo.
desde donde se atisben las razones
que viste con los ojos cegatos de tu perro,
Jhon Parker Dimitrisky.
Jhon Parker Dimitrisky.
Hace miles de años que estás muerto
en la bruma falaz de la memoria
y hoy tu sangre de nuevo te revive.
Te han matado los que vuelan tan alto
que no alcanzan a ver a los que sufren,
a los que viven,
a los que vuelan bajo, a ras del suelo
donde crecen las flores
y los hombres que dicen las verdades.
lunes, 6 de junio de 2011
LOS DÍAS QUE VOLVIMOS A SOÑAR...
Nuestra amiga Rosa Jimena me ha mandado este video. Merece la pena.
Let the SOL in from Arianne Sved on Vimeo.
Let the SOL in from Arianne Sved on Vimeo.
jueves, 2 de junio de 2011
A MIS AMIGOS PIDO:
No me regaléis cosas, que las pierdo
en quién sabe qué ocultos escondrijos
repletos de papeles caducados
e imágenes borrosas que me miran
con los ojos miopes del olvido.
En mi casa ya no caben más cosas
ni prendas en mi armario:
mecheros por docenas
que a veces cobran vida independiente,
conspiran en el fondo de los bolsos
y acuerdan declarar huelga de fuego.
Regaladme palabras o silencios
sin la que me declaro incompetente
para vivir un día tan siquiera.
en quién sabe qué ocultos escondrijos
repletos de papeles caducados
e imágenes borrosas que me miran
con los ojos miopes del olvido.
En mi casa ya no caben más cosas
ni prendas en mi armario:
mecheros por docenas
que a veces cobran vida independiente,
conspiran en el fondo de los bolsos
y acuerdan declarar huelga de fuego.
Pañuelos y fulares de todos los colores,
relojes despistados que ignoran el minuto
y aun el año en que viven,
zarandajas, pulseras, baratijas
y hasta un collar de perlas que me ahoga
y que enajenaré
y que enajenaré
cuando vengan mal dadas.
En el salón tengo unas siemprevivas
que empiezan a morirse de tristeza.
-vosotros, que sabéis lo que preciso
según el viento sople-
abrazos apretados o sutiles caricias
esbozadas apenas en mi mano,
sonrisas insolentes o miradas compinches
que sepan descubrir cualquier secreto.
Y regaladme, al fin, vuestra indulgencia
con las muchas miserias que me adornan,
por el uso y abuso de vuestra compañía,sin la que me declaro incompetente
para vivir un día tan siquiera.
lunes, 16 de mayo de 2011
SARAMAGO
Mañana es la única utopía
Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo...
¡Qué importa eso!.
Tengo la edad que quiero y siento.
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido.
Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo!.
No quiero pensar en ello.
Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo.
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos.
Ahora no tienen por qué decir: Eres muy joven, no lo lograrás.
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
Y otras en un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas... valen mucho más que eso.
¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!.
Lo que importa es la edad que siento.
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.
¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!.
Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.
Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo...
¡Qué importa eso!.
Tengo la edad que quiero y siento.
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido.
Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo!.
No quiero pensar en ello.
Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo.
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos.
Ahora no tienen por qué decir: Eres muy joven, no lo lograrás.
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
Y otras en un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas... valen mucho más que eso.
¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!.
Lo que importa es la edad que siento.
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.
¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!.
Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.
José Saramago <http://cuaderno.josesaramago.org/>
Premio Nobel Literatura 1998.
Premio Nobel Literatura 1998.
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