Me dijeron que existe una oficina
situada en las afueras del recuerdo
donde van a parar, quién sabe cómo,
los sueños y paraguas
dejados en las barras de los bares.
Tendré que preguntar
si alguien ha recogido aquel abrazo
que cayó por descuido
en el abismo de la desmemoria;
no pude sospechar que con el tiempo
me fuera a resultar tan necesario.
Tal vez algún honesto ciudadano
entregó la mirada
que me olvidé en el metro con las prisas
porque llegaba tarde a ningún sitio.
A nadie logrará sacar de pobre,
pero a mí me vendría muy bien en esta hora,
cuando casi he llegado
a la última estación y sólo veo
muchos pares de ojos a punto de morir.
O puede que un taxista, en el asiento
de atrás haya encontrado
los versos de esperanza
que comencé a escribir en una noche
—son más de treinta años—
que volaban banderas como pájaros libres
y tú me diste un beso mientras canturreabas
no sé qué de los parias de la tierra.
Me dijiste
que a partir de aquel día
iba a cambiar el mundo.
El beso caducó igual que las banderas,
igual que la esperanza, y la famélica
legión jamás se puso en pie.
Quizá en esa oficina de las causas perdidas
alguien nos dé razón de nuestra historia.
martes, 24 de septiembre de 2013
miércoles, 18 de septiembre de 2013
NO CREAS
No creas, que me cuesta
mantenerme en mi sitio,
esperar a que suene mi teléfono
y me pidas que vaya,
no te creas,
no es fácil
asimilar que no soy necesaria,
que la madre eres tú
y yo me quedo aquí, mirando desde lejos
cómo aprendes tu oficio
doloroso y sublime.
No creas, no es sencillo
hacer como si nada,
saber de tus desvelos,
de tus noches repletas
de las mismas preguntas
que nos hicimos siempre
y escuchar en silencio
como si fueran nuevas.
No es tan fácil saber lo que te ocurre
y quedarme callada,
saber que llorarás por cualquier cosa
y que serás también la más feliz del mundo
sólo por su sonrisa.
Pero yo estoy aquí,
sólo observando cómo le descubres,
cómo le aprendes, cómo le adivinas.
Y esperando el momento
en que me digas ¡ven!
para dejarlo todo.
Igual que en el bolero.
mantenerme en mi sitio,
esperar a que suene mi teléfono
y me pidas que vaya,
no te creas,
no es fácil
asimilar que no soy necesaria,
que la madre eres tú
y yo me quedo aquí, mirando desde lejos
cómo aprendes tu oficio
doloroso y sublime.
No creas, no es sencillo
hacer como si nada,
saber de tus desvelos,
de tus noches repletas
de las mismas preguntas
que nos hicimos siempre
y escuchar en silencio
como si fueran nuevas.
No es tan fácil saber lo que te ocurre
y quedarme callada,
saber que llorarás por cualquier cosa
y que serás también la más feliz del mundo
sólo por su sonrisa.
Pero yo estoy aquí,
sólo observando cómo le descubres,
cómo le aprendes, cómo le adivinas.
Y esperando el momento
en que me digas ¡ven!
para dejarlo todo.
Igual que en el bolero.
lunes, 9 de septiembre de 2013
TEORÍA DE LA RELATIVIDAD
Cuando ya he olvidado todo lo inolvidable
y hasta lo imperdonable lo tengo perdonado,
y he transferido a otros mi alma intransferible
y he renunciado a tantas causas irrenunciables,
aprendo a comprender lo incomprensible
y me llena de dudas lo indudable.
Como lo razonable es pura sinrazón
ya no puedo prever lo previsible
pero albergo esperanzas de encontrar un remedio
a tanta irremediable pesadumbre
y terminar por fin este largo camino.
Interminable.
Puestas así las cosas se me ocurre
que todo es relativo.
Tal vez pueda vencer a lo invencible.
y hasta lo imperdonable lo tengo perdonado,
y he transferido a otros mi alma intransferible
y he renunciado a tantas causas irrenunciables,
aprendo a comprender lo incomprensible
y me llena de dudas lo indudable.
Como lo razonable es pura sinrazón
ya no puedo prever lo previsible
pero albergo esperanzas de encontrar un remedio
a tanta irremediable pesadumbre
y terminar por fin este largo camino.
Interminable.
Puestas así las cosas se me ocurre
que todo es relativo.
Tal vez pueda vencer a lo invencible.
domingo, 8 de septiembre de 2013
ESE VIENTO
Esta noche quisiera
escribir un poema que describa
la extraña confusión
que me bulle por dentro.
Pero no sé muy bien de dónde viene
la soledad que invade los rincones,
ese viento que arrasa las palabras
y y las llena de tierra.
Esa nube que enturbia las ideas,
ese dolor difuso pero cierto
que no tengo muy claro dónde nace.
Ese fracaso que nos sobrevuela,
la sensación de no ir a ningún sitio
donde alguien nos espere,
tu soledad, la mía, los dos solos
cada uno en un mundo lejanísimo.
¡Qué difícil amar!
¡Qué difícil, amor, llenar vacíos!
escribir un poema que describa
la extraña confusión
que me bulle por dentro.
Pero no sé muy bien de dónde viene
la soledad que invade los rincones,
ese viento que arrasa las palabras
y y las llena de tierra.
Esa nube que enturbia las ideas,
ese dolor difuso pero cierto
que no tengo muy claro dónde nace.
Ese fracaso que nos sobrevuela,
la sensación de no ir a ningún sitio
donde alguien nos espere,
tu soledad, la mía, los dos solos
cada uno en un mundo lejanísimo.
¡Qué difícil amar!
¡Qué difícil, amor, llenar vacíos!
domingo, 25 de agosto de 2013
MIS CUERPOS SUCESIVOS
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
-prolongándome, vivo, hacia la muerte-
se pasarán de mano en mano.
(Ángel González)
Te han amado los cuerpos sucesivos
que alojaron mis sucesivas almas
desde que fui consciente de ser cuerpo;
desde la virginal adolescencia,
la triunfal juventud, tan inconsciente
de su fugacidad,
la poderosa redondez fecunda,
el maduro declive
que intenta camuflar el maquillaje
y la decrepitud,
que acabará llegando sin remedio.
Te han amado con todas mis edades,
con la ilusa inocencia de los quince,
la fogosa pasión de los cuarenta
y el gris escepticismo que hoy me asola.
Te han amado de espaldas y de frente,
a gritos y en silencio, de lejos y de cerca,
junto a ti y a distancia;
te han amado mis cuerpos sin permiso,
en contra de mis almas sucesivas.
Te han amado con risas y con llantos,
desde el dolor y desde la alegría,
te han amado en pasado y en presente
y en un futuro que no llegó nunca.
Mis cuerpos te han amado ciegamente,
locamente, desesperadamente.
Sin preguntas, desde la sinrazón;
igual que aman los niños y los perros.
Hoy, me atrevo a decir que te han amado
como una ensoñación, como una huida
como la única forma de vivir
o de sobrevivir a la tristeza.
Una entelequia
a la medida exacta del vacío.
sábado, 24 de agosto de 2013
VOSOTROS
No sé cómo aprendimos a querernos,
qué hubo en vosotros de mí, qué nos dimos.
(Leopoldo Alas Mínguez)
A pesar de nosotros,
se han ido entrelazando nuestras vidas
a lo largo del tiempo,
hemos dejado tantos desgarrones
enredados en aquellos que fuimos,
que aunque nuestros caminos después se bifurcaran
en el mío ha quedado vuestra huella
grabada para siempre.
Cómo podría dejaros de querer
si sois mi propia esencia; mi pasado
no sería el que es sin vuestros rostros
sin vuestra trayectoria paralela
-u oblicua en ocasiones-.
Si lo que no recuerdo de mi vida
me lo contáis vosotros
porque estabais allí
y todo lo sabéis desde el principio,
si, aunque lo intente, no tengo secretos.
Y cómo no dolerme como si fueran míos
los dolores que os duelen,
cómo esconderme tras la indiferencia
si me hieren la piel vuestras heridas,
si somos parte de la misma historia.
Si cada vez que se despide alguno
incinero con él mis días más felices
y se torna en ceniza lo que vivimos juntos,
si se lleva a la tumba
un pedazo del tiempo de los sueños
y me quedo más sola.
miércoles, 21 de agosto de 2013
UNA VEZ MÁS, LA LUNA
Ladran algunos perros a lo lejos
y los grillos desgarran el silencio
con descaro de niños malcriados;
el reloj de la torre
se empeña en dar los cuartos cada cuarto
recordándome el tiempo.
Pero a mí no me importa qué hora marca
porque a según qué horas ya no hay horas,
solo queda
la soledad sonora de esta noche
una luna imposible y un gin-tonic.
Y una pereza inmensa para pensar en nada
porque quizá me sobran cosas en que pensar.
Una se agarra al vaso y a la luna
y se deja llevar y acaso llora
sin saber bien la causa,
por el placer malsano de llorar
sin dar explicaciones.
Explicaciones hay más que de sobra
pero han dado las tres en el reloj,
será mejor dejar las cosas como estaban.
Ocurre que la noche de mañana
esta luna infinita empezará a menguar
si no viene algún dios a remediarlo.
y los grillos desgarran el silencio
con descaro de niños malcriados;
el reloj de la torre
se empeña en dar los cuartos cada cuarto
recordándome el tiempo.
Pero a mí no me importa qué hora marca
porque a según qué horas ya no hay horas,
solo queda
la soledad sonora de esta noche
una luna imposible y un gin-tonic.
Y una pereza inmensa para pensar en nada
porque quizá me sobran cosas en que pensar.
Una se agarra al vaso y a la luna
y se deja llevar y acaso llora
sin saber bien la causa,
por el placer malsano de llorar
sin dar explicaciones.
Explicaciones hay más que de sobra
pero han dado las tres en el reloj,
será mejor dejar las cosas como estaban.
Ocurre que la noche de mañana
esta luna infinita empezará a menguar
si no viene algún dios a remediarlo.
domingo, 18 de agosto de 2013
LA PRIMERA VEZ
Sé bien
que nunca más podré
volver a ver el mar sin recordarte.
En el fugaz instante
en que extiende en la arena
sus sábanas de encaje
rememoro tus ojos y tu asombro
de la primera vez.
-¡Cómo mola, mamá! -creo que me dijiste;
y luego me arrancaste la promesa
de volver otra vez el próximo verano.
Te contesté que sí, que volveríamos
-hubiera ido a la luna con tal de ver de nuevo
tus ojos y tu asombro-.
Ya no hubo más veranos ni más olas.
Te quedaban apenas unos días,
quién iba a imaginar tal despropósito.
que nunca más podré
volver a ver el mar sin recordarte.
En el fugaz instante
en que extiende en la arena
sus sábanas de encaje
rememoro tus ojos y tu asombro
de la primera vez.
-¡Cómo mola, mamá! -creo que me dijiste;
y luego me arrancaste la promesa
de volver otra vez el próximo verano.
Te contesté que sí, que volveríamos
-hubiera ido a la luna con tal de ver de nuevo
tus ojos y tu asombro-.
Ya no hubo más veranos ni más olas.
Te quedaban apenas unos días,
quién iba a imaginar tal despropósito.
viernes, 2 de agosto de 2013
CITA A CIEGAS
No sé cómo serás a tu regreso,
a quién me encontraré vestido con tus ropas.
Tampoco estoy segura de ser yo la de antes,
si reconocerás
mis manos, si mis ojos
sabrán cómo mirarte, si mis labios
pronunciarán alguna palabra con sentido.
No sé cómo llenar las horas que me faltan,
si preparar gazpacho,
si poner otras sábanas,
si pegarme dos tiros
o pintarme
las uñas de los pies.
O tan solo escribir este absurdo poema.
Es una desazón como de cita a ciegas,
la torpe incertidumbre de lo nuevo
como si no existiera nuestra historia,
como si a estas alturas
fuéramos a inventar los personajes
que dejamos morir.
O que matamos.
a quién me encontraré vestido con tus ropas.
Tampoco estoy segura de ser yo la de antes,
si reconocerás
mis manos, si mis ojos
sabrán cómo mirarte, si mis labios
pronunciarán alguna palabra con sentido.
No sé cómo llenar las horas que me faltan,
si preparar gazpacho,
si poner otras sábanas,
si pegarme dos tiros
o pintarme
las uñas de los pies.
O tan solo escribir este absurdo poema.
Es una desazón como de cita a ciegas,
la torpe incertidumbre de lo nuevo
como si no existiera nuestra historia,
como si a estas alturas
fuéramos a inventar los personajes
que dejamos morir.
O que matamos.
domingo, 28 de julio de 2013
EL LUNAR
Ni en corazón ni en alma
te pareces
a la que amaba sólo
hace un instante
(Ángel González)
Rebusco en mi memoria y no recuerdo
cuándo el lunar aquel que tanto amaste
se trastocó en verruga,
cuándo fue que a tus ojos muté en otra.
Soy la misma de entonces,
ni antes era la mujer perfecta
ni ahora soy el colmo de la perversidad.
Seguramente
no merecía que me amaras tanto
pero tampoco es justo convertirme
en la suma de todas las maldades.
Me pregunto
qué extraño mecanismo se desata
en el fondo más negro del amor
para trocar en rana al más apuesto príncipe
o a la más ideal de las princesas.
Me pregunto
por qué tanta indulgencia con los otros
y tan dura mirada
para quien nos regala sus noches y sus días,
respira nuestro aire y duerme en nuestro lecho.
Me pregunto
-y no tengo respuesta-
qué clase de veneno se inocula en el alma
que agiganta las sombras a tal punto
que acaban por cubrir las luces más brillantes.
Sobre todo pregunto
qué siniestro resorte
nos incita a hacer daño a quien amamos,
qué oscuridad perversa nos ofusca.
Qué demonios nos pasa...
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