Has llegado arrasando como llega
un súbito huracán, como un tsunami
engulliste la vida de repente,
nos robaste la luz, la primavera,
las flores y los pájaros,
el romero, el olivo,
y las palmas de encaje del Domingo de Ramos.
Separaste de un tajo
los cuerpos de los jóvenes amantes,
abortaste sus besos antes de que sintieran
la húmeda dulzura de sus bocas,
y sin piedad cortaste el nudo de sus brazos.
Hoy sus rostros se buscan
detrás de una pantalla y se sonríen
comiéndose las lágrimas.
Pero en cambio reuniste a viva fuerza
un día tras de otro con sus noches
víctimas y verdugos
sin un respiro bajo el mismo techo,
los niños contemplando
el miedo desatado de sus madres,
los insultos, los gritos y los golpes.
Y tal vez no las mate tu veneno,
-se han quedado en su casa a buen recaudo-
antes las matará
la furia irracional de un malnacido
cuando busquen auxilio o compañía
y lloren a través de una pantalla
en un hombro virtual que las acoja.
Convertiste a los muertos en un número,
en fríos porcentajes sin adiós,
sin manos que enlazar,
tan solo una llamada de mañana:
“su familiar ha muerto a las tres y catorce.
Le avisarán, ya sabe, cuando pueda
recoger sus cenizas”.
domingo, 5 de abril de 2020
jueves, 2 de abril de 2020
ALLEGRO VIVACE
Mirando este silencio de la calle
con Beethoven al fondo
me ha dado por pensar si no habrá sido
la tarde de aquel martes de vinos y de bromas,
de libros y de charlas,
y de contarnos cosas de los viejos amores
al calor de los bares y los besos,
si no puede haber sido aquella tarde
que hoy parece imposible,
nuestra última tarde de gozo y de ternura.
Y me agarra a traición y por la espalda
un miedo irracional, insoportable,
de que esta losa triste de silencio
que ha ocupado los parques
se lleve por delante lo poco que teníamos.
Se me ha vuelto insalvable la distancia,
la pequeña distancia de aquí mismo
y la inmensa que cubren los océanos
hasta la Costa Este americana.
¡Es todo tan incierto y tan oscuro!
Y me invade un dolor blando y grisáceo
como esa larga nube que pinta mi horizonte,
un allegro vivace que nunca fue tan triste,
unas voces de niños
jugando al otro lado del tabique.
con Beethoven al fondo
me ha dado por pensar si no habrá sido
la tarde de aquel martes de vinos y de bromas,
de libros y de charlas,
y de contarnos cosas de los viejos amores
al calor de los bares y los besos,
si no puede haber sido aquella tarde
que hoy parece imposible,
nuestra última tarde de gozo y de ternura.
Y me agarra a traición y por la espalda
un miedo irracional, insoportable,
de que esta losa triste de silencio
que ha ocupado los parques
se lleve por delante lo poco que teníamos.
Se me ha vuelto insalvable la distancia,
la pequeña distancia de aquí mismo
y la inmensa que cubren los océanos
hasta la Costa Este americana.
¡Es todo tan incierto y tan oscuro!
Y me invade un dolor blando y grisáceo
como esa larga nube que pinta mi horizonte,
un allegro vivace que nunca fue tan triste,
unas voces de niños
jugando al otro lado del tabique.
domingo, 29 de marzo de 2020
SOLOS
Dicen los optimistas que vamos a vencer,
ignoro a quién incluye el futuro plural
¿Venceremos nosotros? ¿Vosotros venceréis?
¿O es que vencerán ellos, los que ya jamás, nunca
lo han de poder contar?
Los creyentes invocan al dios omnipotente,
ese mismo que, en caso de existir,
nos lo habría enviado sin ninguna piedad.
Rezan a las imágenes de vírgenes y santos,
hacen promesas locas de misas y novenas
y los más atrevidos, de dejar de fumar.
Los ateos, en cambio, consultan al Tarot,
con atención observan los posos del café,
la numerología, bibliomancia,
la forma de las nubes, la energía o el humo
de una hoguera infalible tiene la solución.
El caso es aferrarse a algo sobrehumano
que hasta los más ilusos negaban anteayer.
El caso es no aceptar que estamos solos
con nuestras propias fuerzas y con nuestro dolor.
El caso es no mirar la realidad de frente
y llorar por el mundo lo que haya que llorar.
ignoro a quién incluye el futuro plural
¿Venceremos nosotros? ¿Vosotros venceréis?
¿O es que vencerán ellos, los que ya jamás, nunca
lo han de poder contar?
Los creyentes invocan al dios omnipotente,
ese mismo que, en caso de existir,
nos lo habría enviado sin ninguna piedad.
Rezan a las imágenes de vírgenes y santos,
hacen promesas locas de misas y novenas
y los más atrevidos, de dejar de fumar.
Los ateos, en cambio, consultan al Tarot,
con atención observan los posos del café,
la numerología, bibliomancia,
la forma de las nubes, la energía o el humo
de una hoguera infalible tiene la solución.
El caso es aferrarse a algo sobrehumano
que hasta los más ilusos negaban anteayer.
El caso es no aceptar que estamos solos
con nuestras propias fuerzas y con nuestro dolor.
El caso es no mirar la realidad de frente
y llorar por el mundo lo que haya que llorar.
sábado, 28 de marzo de 2020
PRIMAVERA VÍRICA
Me parece que es sábado de marzo
pero no sé la hora
y tampoco me importa demasiado
parece que hace sol, la primavera
debe estar esperándome, pero yo no he podido
ni siquiera avisarle de que no iré a la cita.
El campo estará pleno de cantueso y de aliaga,
los capullos de jara reventando en blancura
las abejas libando su zumo delicioso.
Y volarán bandadas de atolondradas tórtolas
o se quedarán quietas en las ramas de encina,
no jugarán los niños que puedan espantarlas
ni ladrarán los perros envidiando su vuelo.
Como todos los marzos se ha vestido de gala
el campo que yo antes paseaba despacio.
Se ha vestido de gala
para esperar con todos los honores
al siniestro enemigo que ha venido a matarnos.
pero no sé la hora
y tampoco me importa demasiado
parece que hace sol, la primavera
debe estar esperándome, pero yo no he podido
ni siquiera avisarle de que no iré a la cita.
El campo estará pleno de cantueso y de aliaga,
los capullos de jara reventando en blancura
las abejas libando su zumo delicioso.
Y volarán bandadas de atolondradas tórtolas
o se quedarán quietas en las ramas de encina,
no jugarán los niños que puedan espantarlas
ni ladrarán los perros envidiando su vuelo.
Como todos los marzos se ha vestido de gala
el campo que yo antes paseaba despacio.
Se ha vestido de gala
para esperar con todos los honores
al siniestro enemigo que ha venido a matarnos.
lunes, 23 de marzo de 2020
CÍRCULOS CONCÉNTRICOS
Es absurdo, me digo, con la que está cayendo,
que yo siga pendiente de una simple palabra,
del gesto más pequeño que me indique
que tú buscas mi nombre como yo busco el tuyo
entre los mil mensajes de cariño o de risas.
Ya sé que hay mucha gente que está mucho peor,
que en los cincuenta metros cuadrados de mi casa
tampoco estoy tan mal, al fin y al cabo
es calentita y cómoda y tiene un parque enfrente,
en el que hasta los pájaros se han quedado en silencio.
Pero solo tú puedes sacarme del marasmo,
enjugarme las lágrimas, cambiarlas por sonrisas
si siento que me piensas apenas un instante
y consigo engañar al dolor con nostalgia,
que es igual que la pena pero mucho más dulce.
Y reniego de ti porque te siento ajeno
a la soledad pétrea de mis cuatro paredes.
Y reniego de mí por seguir esperándote.
Pero, en defensa propia, se me olvida muy pronto
y me engaño a mí misma y te invento otra vez,
me apropio tus palabras como si las dijeras
para mí en exclusiva o como si encerraran
algún doble sentido en el secreto idioma
del amor a distancia. Y entreveo mensajes
encriptados en claves que solo yo descifro.
Sé que no debería contarte mis carencias,
minúsculas partículas en el miedo del mundo,
pero somos la piedra que, arrojada en el agua,
expande los dolores como en ondas concéntricas.
Y tú, mal que me pese, estás en la de dentro.
Y así pasan las horas de este domingo extraño
sin paseo, sin perro, sin nietos, sin amigos,
en la montaña rusa que de golpe me lanza
al más profundo abismo desde el sueño más dulce.
Y sin contemplaciones me asesina.
que yo siga pendiente de una simple palabra,
del gesto más pequeño que me indique
que tú buscas mi nombre como yo busco el tuyo
entre los mil mensajes de cariño o de risas.
Ya sé que hay mucha gente que está mucho peor,
que en los cincuenta metros cuadrados de mi casa
tampoco estoy tan mal, al fin y al cabo
es calentita y cómoda y tiene un parque enfrente,
en el que hasta los pájaros se han quedado en silencio.
Pero solo tú puedes sacarme del marasmo,
enjugarme las lágrimas, cambiarlas por sonrisas
si siento que me piensas apenas un instante
y consigo engañar al dolor con nostalgia,
que es igual que la pena pero mucho más dulce.
Y reniego de ti porque te siento ajeno
a la soledad pétrea de mis cuatro paredes.
Y reniego de mí por seguir esperándote.
Pero, en defensa propia, se me olvida muy pronto
y me engaño a mí misma y te invento otra vez,
me apropio tus palabras como si las dijeras
para mí en exclusiva o como si encerraran
algún doble sentido en el secreto idioma
del amor a distancia. Y entreveo mensajes
encriptados en claves que solo yo descifro.
Sé que no debería contarte mis carencias,
minúsculas partículas en el miedo del mundo,
pero somos la piedra que, arrojada en el agua,
expande los dolores como en ondas concéntricas.
Y tú, mal que me pese, estás en la de dentro.
Y así pasan las horas de este domingo extraño
sin paseo, sin perro, sin nietos, sin amigos,
en la montaña rusa que de golpe me lanza
al más profundo abismo desde el sueño más dulce.
Y sin contemplaciones me asesina.
jueves, 19 de marzo de 2020
SUPONGAMOS
Supongamos que es jueves, supongamos
que no tenemos miedo, supongamos
que en Madrid hace sol y que los bares
bullen de gente y risas y de amigos,
supongamos que vamos de la mano
y que en el metro alguien nos empuja
y yo me agarró a ti porque me caigo,
supongamos que entonces nos miramos riendo.
Supongamos que hablamos de las cosas normales,
de libros, de política, de los hijos, los nietos,
supongamos que me emborracho un poco
y te digo no quiero beber más que me emborracho,
si ya estamos borrachos, me contestas,
pues es verdad, ahora que lo dices.
Y te beso y te ríes, supongamos.
Supongamos, amor, que somos libres.
Un rato, solo un rato, supongamos…
que no tenemos miedo, supongamos
que en Madrid hace sol y que los bares
bullen de gente y risas y de amigos,
supongamos que vamos de la mano
y que en el metro alguien nos empuja
y yo me agarró a ti porque me caigo,
supongamos que entonces nos miramos riendo.
Supongamos que hablamos de las cosas normales,
de libros, de política, de los hijos, los nietos,
supongamos que me emborracho un poco
y te digo no quiero beber más que me emborracho,
si ya estamos borrachos, me contestas,
pues es verdad, ahora que lo dices.
Y te beso y te ríes, supongamos.
Supongamos, amor, que somos libres.
Un rato, solo un rato, supongamos…
martes, 17 de marzo de 2020
QUÉDATE EN CASA
Quédate bien tapado con tus cartones
debajo de ese puente
de la Plaza de España,
ya sabes, por lo menos
que un metro te separe de otro indigente.
Quédate en ese piso que compartes
con otros coleguitas senegaleses
─todos bien hacinados con vuestros virus─
y cuida de la manta de bolsos falsos,
cuando esto pase
deberás rendir cuentas.
Quédate en casa, viejo que vives solo,
ahora el parque lo miras por la ventana
no sueñes con el sol, no eches pan a los pájaros.
Y ten mucho cuidado con la calefacción
que luego a ver qué hacemos con la factura.
Afortunado anciano de residencia,
no esperes a tus hijos, que hoy no vendrán
ni tampoco mañana, ni en mucho tiempo.
Se quedarán en casa para no contagiarte,
son muy buenas las chicas que te acompañan
y esconden su sonrisa bajo la mascarilla.
Mujer, quédate en casa muerta de miedo,
no provoques su ira, no le provoques.
Compréndelo, mujer, que está nervioso.
¿No ves que ya no puede ni emborracharse
en el bar de la esquina?
Tú calladita siempre si te da un empellón
porque bastante tiene el pobre hombre.
debajo de ese puente
de la Plaza de España,
ya sabes, por lo menos
que un metro te separe de otro indigente.
Quédate en ese piso que compartes
con otros coleguitas senegaleses
─todos bien hacinados con vuestros virus─
y cuida de la manta de bolsos falsos,
cuando esto pase
deberás rendir cuentas.
Quédate en casa, viejo que vives solo,
ahora el parque lo miras por la ventana
no sueñes con el sol, no eches pan a los pájaros.
Y ten mucho cuidado con la calefacción
que luego a ver qué hacemos con la factura.
Afortunado anciano de residencia,
no esperes a tus hijos, que hoy no vendrán
ni tampoco mañana, ni en mucho tiempo.
Se quedarán en casa para no contagiarte,
son muy buenas las chicas que te acompañan
y esconden su sonrisa bajo la mascarilla.
Mujer, quédate en casa muerta de miedo,
no provoques su ira, no le provoques.
Compréndelo, mujer, que está nervioso.
¿No ves que ya no puede ni emborracharse
en el bar de la esquina?
Tú calladita siempre si te da un empellón
porque bastante tiene el pobre hombre.
domingo, 15 de marzo de 2020
VIRUS
Ha caído sobre el mundo
un manto de tristeza, de incertidumbre y miedo.
Un enemigo oscuro
ha entrado en nuestras casas,
y no entiende de vallas
ni sabe de fronteras.
Pero no es sobre el mundo, perdonadme,
es sobre la soberbia de los ricos,
que de pronto nos hemos dado cuenta
de nuestra pequeñez, y de que somos
igual de vulnerables que los desheredados,
aquellos que dejamos
que los devore el mar y nuestra egolatría
y encerramos en campos a que mueran de asco,
de miseria y de frío.
Y ahora, todos juntos, desde esta Europa enferma
de insolidaridad y de egoísmo,
nos cogemos las manos
y asomados a todos los balcones
cantamos nuestros himnos
y aplaudimos el paso de los ángeles
que velan por nosotros con su sudor y esfuerzo.
A cambio solo piden que miremos,
sin salirnos del cálido refugio,
la hermosa luz dorada que deja la tormenta.
un manto de tristeza, de incertidumbre y miedo.
Un enemigo oscuro
ha entrado en nuestras casas,
y no entiende de vallas
ni sabe de fronteras.
Pero no es sobre el mundo, perdonadme,
es sobre la soberbia de los ricos,
que de pronto nos hemos dado cuenta
de nuestra pequeñez, y de que somos
igual de vulnerables que los desheredados,
aquellos que dejamos
que los devore el mar y nuestra egolatría
y encerramos en campos a que mueran de asco,
de miseria y de frío.
Y ahora, todos juntos, desde esta Europa enferma
de insolidaridad y de egoísmo,
nos cogemos las manos
y asomados a todos los balcones
cantamos nuestros himnos
y aplaudimos el paso de los ángeles
que velan por nosotros con su sudor y esfuerzo.
A cambio solo piden que miremos,
sin salirnos del cálido refugio,
la hermosa luz dorada que deja la tormenta.
martes, 17 de diciembre de 2019
AQUELLAS NOCHES
A veces adivino en otros labios
el rastro de tus besos,
viejas complicidades
que vienen de otro tiempo
en el que yo no estaba.
Y me asalta el recuerdo de mis noches
-mis larguísimas noches
de copas y guitarras
y sapos cancioneros-
cuando de amanecida,
casi naciendo el día entre los montes,
volvía a enamorarme
para siempre. La boca
se me quedaba seca
de tabaco y canciones,
y me bebía el agua de otra boca.
Eran noches hermosas
que vienen de otro tiempo
en el que tú no estabas.
el rastro de tus besos,
viejas complicidades
que vienen de otro tiempo
en el que yo no estaba.
Y me asalta el recuerdo de mis noches
-mis larguísimas noches
de copas y guitarras
y sapos cancioneros-
cuando de amanecida,
casi naciendo el día entre los montes,
volvía a enamorarme
para siempre. La boca
se me quedaba seca
de tabaco y canciones,
y me bebía el agua de otra boca.
Eran noches hermosas
que vienen de otro tiempo
en el que tú no estabas.
ESE VICIO, ESE VICIO
En el silencio helado,
en la quietud del aire
me asaltan las preguntas.
Cuando ha pasado todo
miro cómo esta vida
plagada de sorpresas
se llevó por delante
todo lo previsible
y nada sucedió como esperaba.
Y la recta final
que se extiende ante mí
tan cuesta arriba,
ya no tiene sentido.
Es vivir por vivir, sin más empeño.
Sobrevivir apenas
como una obligación, pasar los días
uno detrás de otro
sin distinguir el lunes del domingo,
procurar no pasarme con los gastos
para seguir así, sobreviviendo
en la nada infinita.
Nada se rompería con mi ausencia,
a nadie ya le soy indispensable,
ni siquiera a mí misma.
No compensa la lucha
cuando ya nada espero.
Y no me estoy quejando, nadie piense
que es una depresión o esas milongas.
Solo dejo constancia
de una realidad irrebatible.
Me quisiera engañar y hablar de planes,
de que haré un gran viaje por islas con palmeras,
de que veré la aurora boreal
o de que bailaré un tango por la Boca...
Pero hay algunas noches
que a mi pesar estoy jodidamente lúcida
y no puedo engañarme ni a base de gintonic.
Para qué escribir versos
que no importan a nadie,
para qué cocinar y comer sola,
para qué hacer la cama y dormir sola,
para qué esa pastilla contra el colesterol
que lo mantiene a raya, como a mí,
en los malditos límites marcados.
Por eso pido a todos
los que tanto me quieren
y dicen ese vicio, ay ese vicio…
tú te vas a morir un día de estos...
Dejadme en paz que fume.
Dejadme. Que mi vida se haga humo.
en la quietud del aire
me asaltan las preguntas.
Cuando ha pasado todo
miro cómo esta vida
plagada de sorpresas
se llevó por delante
todo lo previsible
y nada sucedió como esperaba.
Y la recta final
que se extiende ante mí
tan cuesta arriba,
ya no tiene sentido.
Es vivir por vivir, sin más empeño.
Sobrevivir apenas
como una obligación, pasar los días
uno detrás de otro
sin distinguir el lunes del domingo,
procurar no pasarme con los gastos
para seguir así, sobreviviendo
en la nada infinita.
Nada se rompería con mi ausencia,
a nadie ya le soy indispensable,
ni siquiera a mí misma.
No compensa la lucha
cuando ya nada espero.
Y no me estoy quejando, nadie piense
que es una depresión o esas milongas.
Solo dejo constancia
de una realidad irrebatible.
Me quisiera engañar y hablar de planes,
de que haré un gran viaje por islas con palmeras,
de que veré la aurora boreal
o de que bailaré un tango por la Boca...
Pero hay algunas noches
que a mi pesar estoy jodidamente lúcida
y no puedo engañarme ni a base de gintonic.
Para qué escribir versos
que no importan a nadie,
para qué cocinar y comer sola,
para qué hacer la cama y dormir sola,
para qué esa pastilla contra el colesterol
que lo mantiene a raya, como a mí,
en los malditos límites marcados.
Por eso pido a todos
los que tanto me quieren
y dicen ese vicio, ay ese vicio…
tú te vas a morir un día de estos...
Dejadme en paz que fume.
Dejadme. Que mi vida se haga humo.
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