sábado, 9 de abril de 2011

PEQUEÑOS PLACERES

Está el despertador amordazado
y no sé qué hora es
entra una luz partida en pedacitos
-tendría que llamar al persianero-
me doy la vuelta hacia tu territorio
pero no estás;
a tus espaldas tomo posesión
de tu hueco en la almohada
y mis piernas ocupan el vacío
que has dejado tan sigilosamente.

Y me vuelvo a dormir 
mientras tú me acaricias sin saberlo.

Hoy quiero que el reloj pierda la hora
que no me marque el tiempo
ni me ordene la vida a cada instante.

Luego compraré flores, hoy es sábado.