sábado, 8 de diciembre de 2018

EL PRETIL

Asomada al pretil sobre el vadillo
—ese mismo pretil donde nos separamos
después de aquella noche que tú sabes—
contemplo las siluetas de los chopos desnudos
las copas de los pinos como una alfombra verde
y se llenan mis ojos de pasado.

La tormenta furiosa que de pronto
nos sorprendió abrazados
y convirtió la tierra rojiza del camino
en un río de sangre.
El pantalón aquel color naranja
que te gustaba tanto
se me pegaba al cuerpo. Y me besaste.
Tu camisa tan blanca y tus vaqueros
chorreaban igual que mi melena.
Recuerdo que los truenos rebotaban
entre los farallones y nosotros,
empapados y libres, nos reíamos.

Pero desde el pretil también vislumbro
jugando entre las rocas a unos niños
que podría ser yo con mis hermanos
o tal vez son mis hijos o mis nietos.
Y a mi madre de joven —¡tan hermosa!—
sus paseos feliz entre los pinos,
independiente y fuerte,
y más tarde, ya anciana, de mi brazo,
con sus pasitos cortos mirándose los pies
y sus ojos cuajados de memoria.

He comprado en la plaza margaritas
que he dejado en la tumba de mis muertos,
por ellos y por todos los amigos,
por todos los amores
que ya nunca me encuentro por los bares.

lunes, 3 de diciembre de 2018

LA AVISPA

Hay un dolor pequeño que me ronda
como ronda una avispa; yo procuro
hacer como si nada, como si no estuviese
zumbando alrededor de mi cabeza
—dicen que lo mejor es ignorarlas—.

No es un dolor muy fuerte,
—esos los reconozco desde lejos—,
pero sí machacón, perseverante,
apenas un pinchazo, una punzada
diminuta, la sombra de un recuerdo
que sin querer me lleva 
a tu boca, a tu nombre, a tu voz, a tu imagen.

Pero cierro los ojos un segundo,
le doy un manotazo al aire, miro el móvil,
enciendo una vez más
el último cigarro de la tarde.

No sé cómo matarla
sin despertar su ira; tengo miedo
de una reacción furiosa
que me clave hasta el fondo
el maldito aguijón que dejó a medias.

martes, 20 de noviembre de 2018

MIEDO

—¡Me matas! —exclamaste como si en tus espaldas
se hubiera desplomado todo el peso del mundo
cuando yo osé decir lo que te dije.
Debí haberme quedado con la boca cerrada,
pero tengo una edad
que ya me dan vergüenza pocas cosas
y menos que ninguna, enamorarme.
Parecías rezar a ese improbable dios
al que deben rezar los condenados.

Si es el miedo a sentir lo que te aleja,
puedes estar tranquilo, que no intento matarte.
Refúgiate de nuevo en el silencio,
escóndete en la paz de la rutina
e ignora mi existencia. Solo te pediría
que nunca te arrepientas de aquel beso
ni lo arrojes al saco del olvido.

Puedes estar tranquilo, que no es a ti a quien amo,
sino al que yo soñé y puse tu nombre.

sábado, 17 de noviembre de 2018

EL BESO

No fue una evocación
de ningún otro beso del pasado
ni de ningún amor de adolescencia
en un cine de barrio.

Yo te besaba a ti, al hombre que ahora eres,
con tu historia completa,
con tu edad y tu voz, tu mirada y tu rostro,
el que tienes ahora, el que yo he conocido.
Yo besaba
un jodido imposible.

Te besaba mi lengua de ahora mismo,
lo que queda de mí, si vale algo.
No era la de entonces, te besaba
con todas mis derrotas licuadas en tu boca.

Y sí, me hubiera ido a correr autopistas,
a buscar cualquier bar y emborracharnos,
a escondernos en un motel oscuro
donde te habría dado mis despojos
como si todavía fuera hermosa,
como si aún mi cuerpo fuera joven.

Nos dijimos adiós, hasta mañana,
sabiendo que mañana es un concepto ambiguo.
Y me quedó en la boca tu saliva
y el regusto salado de una lágrima.

martes, 13 de noviembre de 2018

MOMENTOS

Aquel silencio, amor, aquel silencio,
el que nos envolvió mirando al valle
en un atardecer del Alto Tajo
y que por no romperlo ni siquiera
decíamos te quiero.
Y ni nos dimos cuenta de que el frío
empezaba a atacarnos por la espalda.

Esas calles de piedra inverosímiles
bajo la luna llena, allí en Medinaceli,
donde apenas cabía nuestro abrazo,
escenario del beso que, guardado
durante treinta años, nos llenó de humedad
el tiempo y el espacio.

Y las noches sin luna de Sigüenza
en las que las que no cabían más estrellas
y nosotros buscábamos a Orión, a Casiopea,
a la Estrella Polar, a las dos Osas;
tumbados en el suelo huíamos del mundo
entre las luces de la Vía Láctea.

Me viene a la memoria una bola de fuego
que cegaba mis ojos
mientras se sumergía muy despacio
en el mar espectral de Cabo Home
en la hora más mágica; y yo solo quería
que todos los relojes se pararan.

Noviembre derramando sus colores
sin nombre en Wheaton Park,
el espejo del lago repetía los rojos,
los ocres, los naranjas y amarillos
y yo lloraba sin venir a cuento
por todos los dolores de mi historia.

Momentos que viví y ahora recuerdo
tras los cristales de mi habitación,
mientras fumo y escucho a Billie Holiday
y miro ensimismada la luz del bar de enfrente
como si fuera ahora y aún estuviera viva.

A DESTIEMPO

Apareces ahora, cuando ya este camino
se acerca sin remedio al último recodo,
cuando solo nos quedan los recuerdos
de lo que hemos vivido cada uno en su mundo.

No compartimos juntos el rumbo de la historia,
ni en las posguerras ni en las transiciones
ondeamos banderas semejantes,
no nos unió la cárcel ni los himnos
ni la derrota cruel ni la triste victoria;
habíamos nacido en trincheras opuestas
y yo llegué muy tarde a casi todo.

Tú no estabas entonces, cuando yo sucumbía,
cuando se abrió la tierra debajo de mis pies
aquel mes de septiembre del año de la Expo,
cuando me daba golpes de impotencia y de rabia
contra cualquier pared imperturbable.

Tú no estabas entonces y yo tampoco estaba
cuando toda la muerte se agazapó en tu cuerpo
y el miedo y la tristeza entraban en tus venas
en noches de hospital; tampoco eran mis besos
los que echabas de menos, ni mi mano en la tuya
tirando de la vida contra todo pronóstico.

Yo no tuve tu abrazo para que me abrigara
en mis noches heladas ni mi cuerpo recuerda
la huella de tus dedos arrancando gemidos
ni tu lengua lamiendo mis heridas antiguas.

No hay nada en la memoria que nos una;
ni una canción ni un beso ni un paisaje
ni los juegos de niños ni las noches
de amor enfebrecido de nuestros cuerpos jóvenes.

No hay nada que nos una en el pasado
y el futuro, ya ves, se nos escapa.

domingo, 21 de octubre de 2018

EL SUEÑO

Necesito decirte tantas cosas
cuando llega la fecha
marcada en el reverso de la vida,
la de caducidad de la esperanza,
y hay que tirarla al cubo, aunque parezca
que aún podría ser aprovechable
y me la coma en una de esas noches
que encuentro la nevera desolada.

Necesito decirte que fue hermoso
despertar cada día con tu nombre,
ser una adolescente al menos por un rato,
resucitar antiguas emociones,
que volviera a alumbrarme algún destello,
un sentimiento dulce entre mi carne rota .

Yo sé que aquí se muere
una historia que no llegó a nacer,
que a partir de ahora mismo ya no podré salvarme
acudiendo a tu imagen guardada en la memoria,
que volverá lo cierto, lo tangible,
la desnuda verdad sin horizonte.

Mi sueño está cansado de soñarse
una noche tras otra, escuchando la lluvia
o llenando el silencio de canciones
que nunca oímos juntos. 
Es un sueño gastado por el uso,
está lleno de arrugas y le duelen los huesos.

Porque también los sueños envejecen.
Y un día de repente se nos marchan
y nos dejan más tristes y más solos.

sábado, 15 de septiembre de 2018

MASOCA

Yo sé que me hace daño, pero busco tu nombre
como una pobre adicta que se inyecta
la imprescindible dosis de mentira,

como una masoquista que se enfunda
unos zapatos rojos de tacón imposible
y se cree por un rato más feliz y más bella.

Yo sé que es imposible, pero quiero engañarme
como si fuera un niño que ya no cree en los Reyes
y se niega a crecer y disimula.

No importa que me duela,
me han dicho que a los muertos
nunca les duele nada.

lunes, 27 de agosto de 2018

CUANDO LO PIENSO

Cuando pienso lo poco que me queda
—quiero decir, de vida que merezca tal nombre—
antes de que me invada una decrepitud definitiva
si la muerte no viene a remediarlo,
cuando lo pienso, digo, me reafirmo
en que no me interesa casi nada.

Diréis que soy un monstruo de egoísmo,
pero es que ya no creo en causas imposibles,
me hastían casi todos los discursos
y me importan un bledo las banderas
y las luchas estériles cargadas de soflamas
tan falsas y mezquinas. Solo quiero
ver crecer a mis nietos,
perderme entre las líneas de algún libro,
tomarme un par de copas con amigos
y, si fuera posible,
pasar contigo algunos buenos ratos
engañando a los años con las manos cogidas,
decir que nos querremos para siempre
—ahora que “para siempre” es un plazo tan corto—,
dejando las maletas olvidadas,
como si nada hubiera sucedido,
como si todo comenzara ahora.

miércoles, 22 de agosto de 2018

CONFÍA EN MÍ

Amor, confía en mí, yo te prometo
que no moveré un dedo para verle,
que no le llamaré, que ni siquiera
responderé si llama y borraré
su nombre del teléfono,
desviaré mi mirada de sus ojos,
taparé mis oídos a cantos de sirenas,
me cruzaré de acera si de lejos
adivino sus pasos acercándose,
me mudaré de barrio o de planeta
con tal de no encontrarle. Te prometo
que te voy a ser fiel toda la vida.

Pero lo que no puedo prometerte,
porque no está en mi mano,
es que no me reviente algo por dentro
y muera sin poder dejar de amarle.