sábado, 4 de julio de 2020

NOTICIAS DE LA MUERTE

En esta edad de canas y cansancio
luchamos contra el tiempo inútilmente,
dejamos que se mueran nuestros sueños
rendidos de antemano,
sin siquiera intentar acariciarlos,
mansamente conformes con un tiempo
que derrama tristeza a manos llenas,
cada día con una nueva muerte
de amigos queridísimos,
ya he perdido la cuenta del desastre.

Las heridas antiguas ya no duelen
son como costras secas que se caen y no sangran,
solo queda una leve marca sobre la piel
que nos acariciamos distraídos
con un cierto regusto del pasado;
mientras nos caen encima nuevas penas
pensamos resignados que lo que toca es esto:
contemplar impotentes cómo se va la vida
sin que acuda a la boca
ni una torpe palabra de consuelo.

Yo sé que en algún sitio existe la belleza,
existe la esperanza y la memoria
de lo que fui algún día.
Y que en algún rincón de estos despojos
queda un resto de fuerza y de deseo
que no quiero dejar que se me muera
sin que lo hayas tomado entre tus brazos.

NUBE NEGRA

domingo, 28 de junio de 2020

UNA COPA DE VINO

Después de tantas veces intentándolo
sin que pudiera ser, como si el mundo
se hubiera puesto adrede en contra nuestra,
no sé cómo expresar mi emoción infantil,
como una colegiala que hubiera hecho novillos.

Te vi venir de lejos, caminabas despacio
como el que no camina a ningún sitio.
−Acabo de llegar −te dije; era mentira;
me había adelantado casi quince minutos.

Y no fue apenas nada, poco más de una hora,
no sé ni de qué hablamos,
yo te hice alguna broma y nos reímos
y también nos contamos cosas tristes,
que la vida no cesa de hacer daño.

El reloj no hizo caso del bolero,
marcó las horas sin contemplaciones.
Como soy bien mandada, no intenté resistirme.
Mis labios dibujaban un gesto adolescente,
esa sonrisa boba de niña enamorada.

Y luego, al despedirnos,
un abrazo apretado más largo que el de siempre,
con mi mano trepando por tu espalda
y unas palabras tiernas
resonando después toda la noche.

Se me quedó en la boca
el sabor de ese vino como un recuerdo dulce
y me dio por pensar que poco a poco
vamos pidiendo menos a la vida.

O quizá es que la vida –lo sabemos−
no está dispuesta a darnos otra cosa:
un abrazo y un vino. No podemos quejarnos.

domingo, 21 de junio de 2020

NUEVA NORMALIDAD (O ASÍ)

Hoy han vuelto a sonar en el bar de aquí abajo
los ritmos caribeños, con envidia
los miro y los escucho,
en esta hermosa noche de verano
que renace la vida.

Es un pequeño bar en donde se reúnen
las mujeres que limpian nuestras casas,
que acompañan ancianos,
las cajeras del súper que preguntan
-con sonrisa prevista en el contrato-
tarjeta o efectivo a un cliente tras otro,
y los hombres que cuidan nuestros parques,
que abren zanjas –quién sabe con qué fines-
rompiendo el pavimento bajo el sol implacable.

Hoy se ha abierto su bar y han olvidado el miedo,
oigo sus carcajadas, sus bromas insinuantes.
Hoy han vuelto a bailar como antes del desastre,
quién puede reprocharles que se abracen,
que muevan sus caderas, que se besen,
que beban y que sueñen que son libres.
Quién puede poner puertas al río de la sangre.

Esto no se ha acabado, nos dicen en la tele,
cautela, precaución, distancia, mascarillas,
pero ahí está la vida reclamando lo suyo.

Yo me voy a la cama pensando que no puedo
ir a ver a mi nieta, me protegen,
soy población de riesgo, por lo visto.

Sin embargo podría entrar al bar de abajo
a tomarme tres copas, marcarme una bachata
e intercambiar tristezas y sudores
con un desconocido.

La vida es una puta contradicción.
Y es más fuerte que el miedo y que la muerte.

sábado, 20 de junio de 2020

DOMINGO

Un domingo apacible,
después de la comida con los chicos
regresas a tu casa. Te das cuenta
de que el vino se te ha subido un poco.

No importa, aquí no hay nadie,
reina esa luz ambigua
de las ocho cuarenta, aún no ha muerto la tarde.

El cielo se sonroja entre las nubes
mientras suenan los tangos de Marconi,
esos tangos sin letra,
bandoneón y piano, tan sensuales
que les puedes poner
las palabras que quieras, por ejemplo
la cogió tiernamente por los hombros desnudos,
que ahora leo en El año de la muerte
de Ricardo Reis, que me aconsejaste.

Y una siente la vida en todo el cuerpo,
otra vida distinta de ser madre y abuela,
con esta fronteriza luz de la atardecida
y un tango al que inventarle un poema de amor
aunque sea el peor que jamás se haya escrito.

martes, 9 de junio de 2020

AÑOS

Hay años que sería muchísimo mejor
habérselos saltado, dormir con la resaca
de aquella Nochevieja de uvas y champán
y no despertar más. Total ya da lo mismo
año más o año menos cuando ya no nos quedan
ni ilusiones ni sueños ni causas imposibles
por las que dar un grito ni dios al que rezar
porque hace mucho tiempo que dejó de existir.

Hay años que se tragan otros años,
que engullen en sus fauces la vida que vivimos, 
que nos borran las luchas, los amores
aquellos tan fugaces que fueron para siempre,
los números en rojo y los hijos pequeños
siempre con la pregunta mamá
al volver del colegio; y siempre estaba
-dónde iba a estar, si no, que más valiera-.

Hay años que tan solo traen tristezas
y muertes y amenazas de más muertes,
hay años que una siente que quizá fue feliz
y no se daba cuenta aquellos años
en los que aún creía en los milagros
y a veces los milagros ocurrían.

Hay años que el dolor y la miseria
de tantos y de tantos y de tantos
se hacen dueños del mundo y una piensa
que no tiene derecho ni a quejarse
de lo que se dejó por el camino.
Al fin y al cabo tiene una casa y la suerte
de una cena caliente, aunque esté sola.

Qué más vas a pedir, te dices a ti misma,
según como está el patio. No vas a pretender,
encima, que te abracen y te quieran.

jueves, 4 de junio de 2020

LLUVIA

Imagina que llueve y es de noche, imagina
que vemos caer la lluvia tendidos en la cama
y entra un viento fresquito que acaricia
nuestros cuerpos rendidos y gozosos,
imagina
que estamos compartiendo el de después
y tú me dices sabes que lo dejé hace tiempo
y yo te doy envidia con mi humo. Imagina
que apago el cigarrillo
y miramos llover sin decir nada.

Puestos a imaginar, imaginemos
que llueve sin parar toda la noche.

sábado, 23 de mayo de 2020

CUANDO SEAMOS OLVIDO

Cuando seamos olvido, todo esto
que ahora nos parece el fin del mundo
será una pura anécdota,
un episodio más de nuestra vida.
Nuestros hijos
seguirán con las suyas y, si acaso,
nos echarán en falta en Navidades
a la hora de los brindis o tendrán un recuerdo
en nuestro cumpleaños. El amigo
−si es que para entonces queda alguno
y tiene la memoria suficiente−
recordará un instante de belleza,
una canción, un verso, algún abrazo
y quizá se le escape una indiscreta lágrima
que limpiará con cierto disimulo
sin dar explicaciones.

Cuando seamos olvido, amor, nada ni nadie
hablará de nosotros los dos juntos,
de ti y de mí reunidos
en un punto concreto del recuerdo.
Nunca nadie sabrá cómo te amaba
ni cuánto te soñé en mis soledades.
Y no habrá para mí un sitio en tus memorias
ni tu figurarás en mi pasado,
yo no tendré derecho ni a llorarte
ni tú podrás decir que me quisiste.

Cuando seamos olvido, amor, no existirá
la distancia, la noche,
la noche sin tu espalda a mi costado,
todo lo que nos dio un poco de vida
en la recta final de nuestra historia.

miércoles, 20 de mayo de 2020

NO QUIERO

No quiero que me roben la tristeza
y la cambien por rabia y por inquina
quiero llorar por todos esos muertos
que son míos y suyos y de todos
y quiero que mis lágrimas
no estén contaminadas
de su siembra de odio.

No quiero que me roben la conciencia
de todo ese dolor de los hambrientos
y lo tornen en asco y en arcadas
esos patriotas de guardarropía
que envenenan el aire
y que ensucian las calles
de esta tierra que amo.

No quiero que me roben la esperanza
de abrazar a mi gente,
de besar a mis hijos y a mis nietos,
de que vuelva el amor a emborracharme
sin que pueda enturbiarlo
su miseria mental y su veneno.

Tanto, tanto dolor que hemos pasado,
y tanta soledad, tanto silencio
en las cuatro paredes de las casas,
tanto esfuerzo común, para que ahora
vengan estos malditos a joderlo,
esta peste peor que cualquier virus.

De este no hay vacuna que nos salve.

miércoles, 13 de mayo de 2020

MASCARILLA

Salí a la calle con la mascarilla
decidida a tomarme algunos vinos,
compartir unas tapas y, aunque canto fatal,
cantar esa canción que era tan nuestra
antes, en la otra vida. Iba contenta,
pero enseguida vi que no podía
beber ni degustar los caracoles
que sirve el Amadeo y que mi voz se ahogaba
detrás de esa pantalla protectora.

Pero lo que es peor, era imposible
besarte con la puta mascarilla
y, para colmo, estabas a dos metros
y tampoco alcanzaban nuestras manos
ni a rozarnos el borde de las uñas.

Y no sé si esos ojos eran tuyos
ni si tras de la tela sonreíste.

Así que volví a casa a refugiarme
de esa normalidad demoledora,
tiré la mascarilla a la basura,
encendí un cigarrillo y después otro
cogí dos copas como si estuvieras
y serví un par de vinos;
choqué una contra otra
y me bebí las dos y, de propina,
me puse una tercera y una cuarta
para acabar por fin de emborracharme.

Y mirando llover por la ventana
una vez más soñé que nos besábamos.

(El dibujo es de Tulia Guisado)

sábado, 9 de mayo de 2020

UNA MUJER CAMINA

Una mujer camina. Al salir del portal
ha mirado la hora, se asegura
de que empieza su turno,
el que le han asignado por razones de edad.
Lleva todo el equipo –la escafandra
y esos guantes azules- para que nadie piense
que es una irresponsable insolidaria.

Ha dejado la cama sin hacer,
-y qué más da, si aquí no viene nadie-
en la cocina queda
una taza manchada de café,
“Eres la mejor abuela del mundo
entero”, tiene escrito.

Camina a paso rápido, apenas sin mirar
que han plantado macizos de rosas en el parque,
llega hasta el campo, cruza
el pequeño riachuelo que separa
las amapolas blancas, las matas amarillas,
y los humildes cardos florecidos.

En el estanco compra un cartón de tabaco,
de algo hay que morir. Recuerda que le faltan
aceite, leche, huevos, patatas y champú.

Al regresar a casa,
por detrás de las gafas se ha encontrado una lágrima
por los sueños que no puede soñar
y un beso que se ha muerto contra la mascarilla.

Ahora se arrepiente
de esa debilidad, el desahogo
de haber dejado escritas
cosas que no debía, como en un testamento
que ya no importa a nadie;
no ha nombrado albacea ni notario
que repartan sus bienes intangibles,
esos que le pesaban tanto en el corazón.

Seguro que hoy tampoco ordenará los libros.