jueves, 22 de junio de 2017

LAS DOS ESPAÑAS

Se conocieron en un bar de barrio
con tragaperras y fotos del Atleti
y, entre café y café, se contaron sus vidas.

Él le hablaba de hambre, de cárcel y de muerte,
de torturas y exilios, 
de libertad robada, de odio, de injusticia;
y ella, a su vez, su historia de niña de derechas
-nadie le dio a elegir dónde nacer-
que creció con la copla esa de que en España
se quemaban iglesias y se mataban curas
hasta que vino aquél a poner orden.

-Verás, yo es que no tengo
ningún muerto enterrado en las cunetas,
ni presos, ni mujeres con el pelo rapado,
aunque sí fusilados que llorar en las tapias
de ciertos cementerios; si quisieras
mezclaría mi llanto con el tuyo
porque es el mismo llanto y es de todos.

Y me declararía apátrida contigo,
en la exclusiva patria de tu cuerpo
para no besar nunca otra bandera
que la que ondea dentro de tu boca.

lunes, 19 de junio de 2017

MI CASA

Y está tan solo
que ni al deseo llama
(Francisco Caro “Locus Poetarum”

Mi casa es un silencio de libros y recuerdos,
un teléfono mudo casi siempre,
la música que suena como fondo
de lo que no me atrevo ni a soñar.

Me dicen que la vida
se puede improvisar a cada instante,
pero si a una le atrapa
esta droga terrible de estar sola
y no sabe si llora por el tiempo pasado,
por lo poco que queda por  vivir
o si es por esos versos
que acaba de leer y que le han puesto
a Dorian Gray delante de los ojos,
poco se puede hacer más que fumar
y esperar que anochezca
escribiendo el peor de los poemas.

El que hable de una casa grande y llena de niños,
que al volver del colegio preguntaban
está mamá, pidiendo la merienda.
Y mamá, casi siempre
estaba  en la cocina, porque entonces
eso de escribir versos aún no entraba en sus planes.
Había que hacer la cena, mandarlos a la ducha,
revisar los deberes y pensar qué facturas
eran las más urgentes,
al tiempo que miraba de reojo
el rictus de tus labios,
o el ritmo que llevaban tus rodillas,
tratando de intuir tus pensamientos.

Y, al final de la noche, con un poco de culpa,
soñar en otra cosa.

Muchos años después
-tantos que aquellos niños ya son padres,
menos el que será un niño para siempre-
mi casa se ha encogido
y se me está olvidando cocinar.
Mi casa se ha encogido
hasta el mínimo espacio imprescindible
para llamarse casa. Y ni siquiera es mía,
aunque eso no me apena
siempre será más leve mi equipaje.

Perdonad, no era esto, no era esto
lo que quise escribir, solo quería
tratar de comprender de dónde vienen
estas jodidas lágrimas.

Tan a destiempo ya, tan a destiempo.

domingo, 18 de junio de 2017

DEBERÍA CONTARTE

Debería contarte
que este año no ha habido primavera,
que un verano asesino y a destiempo
ha agostado el cantueso
antes de que pintara los campos de violeta,
que las flores de jara han abortado
-pobres muñones secos sin perfume-
y la rubia retama está desnuda,
solo es una melena de hebras deshojadas
a merced de la brisa.

Yo sé que todo esto a ti no no te interesa,
pero yo te lo cuento
porque el campo moría mientras tú te morías
y ahora, cuando paseo por este secarral,
pienso en ti; voy sin prisa
porque ya no me esperas.

Y en medio del dolor
me gustaba saber que me esperabas.

sábado, 17 de junio de 2017

GINTONIC

Hoy, tras mucho pensar, he decidido
inventarme una vida,
dejar de lamentarme por lo que ya no tiene
ninguna solución ni vuelta atrás
y fabricar recuerdos que nunca sucedieron.

A quién va a interesar, al fin y al cabo,
que sea o no verdad lo que yo cuente;
a esta edad lo que importa es tener una historia
que despierte en los otros una pizca de envidia
y una añoranza dulce en nuestras noches.

¿Recuerdas aquel día -¡qué torpeza!-
que se vertió el gin tonic?
Cayó por la abertura de mi escote
y estabas tan sediento que bebiste
las gotas que rodaban por mi pecho. 
Era tanto el calor que nos pasábamos
los cubitos de hielo, goteaban
en tu boca y la mía.

Y más tarde encontraste
una piel de limón sobre mi vientre
y algún granito de pimienta rosa.

-Ya no me gusta el whisky, tomaría...
un segundo gintonic.

-Pero esta vez será con cardamomo...

jueves, 15 de junio de 2017

QUÉ NO DARÍA YO...

A lo largo de mi vida, creo que he sido feliz dieciocho días. 
Pero no seguidos. (Antonio Gala)

Qué no daría yo por recordarte
con un escalofrío de gozo entre las piernas,
o porque me llegara el eco de tu risa
en medio del insomnio,
o quizá que tu abrazo
me hubiera consolado alguna noche
de esas que a veces vienen tan oscuras.

Qué no daría yo, qué no daría,
por haber refugiado mis tristezas,
tantas, de tantos años,
en el arco sedante de tu espalda,
porque tu voz me hubiera renacido
de alguna de mis muertes,
porque mi soledad no estuviera tan sola.

Pero no te reprocho,
que bastante tenías con lo tuyo.
Solo me quejo de no tener ahora
algún recuerdo dulce al que agarrarme,
salvo algunos instantes imprevistos
que encontramos acaso entre las calles
de una ciudad extraña.
Roma, Paris, Salzburgo,
el casino del Lido o Lisboa encubrían
un sueño parecido a la carroza
que pronto devenía en calabaza.

No me malinterpretes, si este duelo
aún no tiene visos de acabarse,
no es por la enfermedad ni por la muerte
-con toda su crueldad innecesaria-.
Es por todo lo hermoso que te robó la vida
cuando su deber era ser hermosa.

sábado, 10 de junio de 2017

UN MES

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna...

(Manuel Machado, Adelfos)


Ha pasado ya un mes de aquella noche
en que la luna llena te vino a recoger.
Un último suspiro me cubrió de silencio,
apenas me quedaban lágrimas que llorar

No sé si lo hice bien en esos meses,
supongo que podría haberlo hecho mejor,
pero me diste el gozo de amarte sin medida,
como no pude hacerlo en los tiempos de entonces,
cuando esta perra vida me hizo sucumbir.

Nunca, en todos mis años, me he sentido más plena
que al lograr levantar entre mis pobres brazos,
como un bebé gigante, tu corpachón enfermo,
-vámonos a la calle, hace un precioso día-
siempre me agradecías como el mejor regalo
cada nueva mañana que arañar.

Hoy no encuentro mi sitio en ningún sitio.
Me ha quedado un dolor en la cintura,
una tristeza hueca en tus zapatos,
esa absurda incoherencia de tu ropa
esperando perpleja en el armario,
tu música, tus fotos con los niños,
el cuadro que compramos tan barato,
en plena Via Veneto,
porque estaba empezando a diluviar.

Qué te voy a decir del resto de recuerdos.
Te has llevado los tuyos; los míos, que son otros,
creo que me los guardo para mí.

jueves, 18 de mayo de 2017

VACÍO

Oigo la radio
y no sé lo que cuentan esas voces;
es como si la lluvia, como el viento,
un sonido de fondo que acompaña
esta perplejidad que me ha dejado
el instante supremo en que saltaste
la línea que separa la vida de la muerte.

Me he quedado cautiva al otro lado,
prisionera de mi insignificancia,
de mi incapacidad para entender
lo que quiere decir irreversible.
Es tan inabarcable esa palabra
en un mundo cambiante, donde dicen
que siempre nos espera otra oportunidad...

Sólo sé que de pronto
las cosas han perdido su sentido,
que todo lo que antes despertaba
una leve emoción en mi conciencia,
una reacción humana,
ahora me resbala por la piel,
mi anestesiada piel impermeable.

El trino de los pájaros, la música,
el sexo, las tormentas, la ira o la sonrisa,
el sol cuando se pone en mi ventana,
la barra de aquel bar donde bebí
un gintonic de más y algunos besos,
todo es extemporáneo, improcedente,
tan fuera de lugar como de tiempo.

Solamente tu nombre,
las fotos de estos meses grabadas en mi mente,
tu ilusión infantil por las cosas pequeñas,
tu esperanza de niño, tu ceguera
ante lo inevitable y esa imagen
de tus manos tan blancas,
me consiguen sacar de este marasmo.

Sólo sé que estoy viva cuando lloro.





viernes, 12 de mayo de 2017

DESPEDIDA

Hoy mi llanto es de lluvia silenciosa,
me penetra despacio, me recorre,
reconforta el dolor, lo dulcifica.
No es el mismo de todos estos meses,
cuando me sacudía todo el cuerpo
y debía esconderlo en tu presencia
para que tu pudieras fingir ante la mía.

Hoy me dejo llevar; en la ventana abierta
miro este cielo gris con balcones azules,
suavemente me abraza la frescura del aire.
Hoy no pongo la radio 
para que las noticias no distraigan
mi mente de lo único que importa.

Da igual la hora que sea, ya no hay ninguna prisa,
ya no esperas que llegue hasta tu lecho,
nada tengo que hacer más que pensarte,
más que pensarme a mí y juntar mis despojos.

Quiero recuperar a cada hombre
de todos los que has sido.
No me quiero quedar con tu imagen postrera
porque yo soy la dueña de todas tus imágenes.
Tus hijos, nuestros hijos, no conocen
más que una sola parte de la historia.
Por cierto, que te quieren… ¡por Dios, cómo te quieren!
Y te diré que ayer, cuando lloraban
nuestros nietos mirando cómo te daban tierra,
vi de forma palmaria que ya no hay vuelta atrás,
que de ese único golpe ya se han hecho mayores.

Hoy mis manos no saben qué hacer, en qué emplearse.
Mi casa es como un caos desconocido
con objetos absurdos, maletas destripadas,
te has marchado desnudo al último paseo;
no sé qué pinta aquí esta silla de ruedas
si ya no nos espera ningún parque.

Da lo mismo que llueva, que haga frío
o que el sol me reciba sonriendo.
Hoy no voy a salir,
me quedo aquí, llorando lentamente,
por la vida que nos robó el destino
y que ahora tengo muerta entre las manos. 

viernes, 21 de abril de 2017

GRACIAS A LA VIDA


Gracias a la vida,
que me ha dado tanto.
(Violeta Parra)

Hoy quiero dar mil gracias
por mi casa pequeña, inundada de luz,
por tener estos hijos, 
tal como son y no de otra manera,
por todos los amigos que acompañan
mis horas de dolor y lo iluminan.

Porque hubo algunos hombres que me amaron
-¡Ay, el modo de amar de algunos hombres!-
y creí ser feliz, tal vez lo fuese
a juzgar por lo mucho
que los eché de menos.

Porque también la vida
me ha dado la ocasión de cambiar mis esquemas,
aquellos que mamé,
de ver otra verdad y otra memoria
y de poder vibrar con las vidas de otros.

Y, sobre todo,
por ser capaz aún de apreciar todo eso,
porque mi corazón absorba cada instante
de gozo, de tristeza, de injusticia,
y ría y llore y grite
según soplen los vientos.

Y porque sigo aquí, contra pronóstico.

jueves, 20 de abril de 2017

ESAS LÁGRIMAS

Ese momento dulce de la noche,
cuando muerta de pena y de cansancio
una cae en la cama y se sumerge
en una ensoñación repetitiva:
¡Ay, si no amaneciera!

Pero de nuevo entra la luz por la ventana,
hay que empezar un día
y salir a la vida con el cuerpo doblado,
tomarse un analgésico
y tragarse las ganas de llorar.

Esas lágrimas tontas que se escapan
tan solo con el roce del aire matutino
o con cualquier noticia de la radio.
Esas malditas lágrimas que tienen vida propia
y se resisten a pudrirse dentro.