miércoles, 13 de febrero de 2019

CANSANCIO

Se me ha cansado el alma de quererte.
Al fin he renunciado
a quererte, a soñarte, a desearte,
a que tu nombre llene mis insomnios
y mis amaneceres ateridos,
a que mis días tengan

un sentido más bello que pensar
cómo ahorrar en la lista de la compra,
cómo pagar la cuenta del dentista
o cuándo debo hacerme los análisis
para que este viaje -¡qué ironía!-
sea largo, feliz y con salud.

No he renunciado a que me quieras tú
-ni en mis mejores sueños lo pensaba-
sino a quererte yo, que es lo más triste,
lo que deja mi vida más vacía,
lo que alarga mis días sin sentido
y los vuelve más grises.

Se me ha cansado el cuerpo de buscarte
en el semáforo que siempre toca rojo,
en el banco de un parque sin columpios,
en una esquina de la madrugada,
en un anochecer sin luna y sin tabaco,
en un bar sin amigos ni gin-tonic.

Se me ha cansado el sueño de soñarte
en esta realidad tan desabrida,
en esta falsedad tan imposible,
en esta soledad mil veces sola,
en el frío que me entra por la espalda,
en ese despertar buscándote a mi lado.

martes, 5 de febrero de 2019

QUÉ ENVIDIA

Qué envidia esas mujeres que nunca se equivocan,
que no hacen tonterías, que saben dónde pisan,
que jamás se enamoran de quien no les conviene
y siempre tienen tiempo para darte un consejo.

Qué envidia ese control sobre sus sentimientos
—en el caso hipotético de que tengan algunos—,
esa cabeza fría, esa condescendencia
con las pobres pringadas que sufren por amor,

ese saber estar sin hacer el ridículo,
esa seguridad que emanan a su paso
diciendo aquí estoy yo pero no se te ocurra
ni siquiera mirarme o saldrás trasquilado.

Qué envidia que se duerman
sin sueños que soñar y una calculadora
que no les falla nunca
en el justo lugar del corazón.

Qué envidia de la imagen impecable, perfecta
que devuelve su espejo,
sin el rimmel corrido ni una lágrima
derramada a destiempo.

Yo me pregunto a veces si nunca han deseado
morderte suavecito
—apenas con el filo de los dientes—
la parte más carnosa de tu labio inferior

si nunca habrán tenido
esa necesidad perversa que me asalta
de que sufras por mí, cariño mío,
no mucho, solo un rato, al recordarme.

lunes, 28 de enero de 2019

EN LA VENTANA

Hace un día de perros, me acobarda este viento,
el cuerpo no me pide que me tire a la calle
a buscar compañía, una conversación
o simplemente un ruido que me aturda;
los árboles de enfrente se agitan a lo loco
y contemplo en silencio cómo bailan
una danza caótica,
igual que la que baila mi alma vulnerable
a merced de los otros,
de los que no sospechan siquiera que me hieren,
que podrían matarme sin intentarlo apenas.

Van pasando los días y comprendo
que es absurdo esperar que ocurra algo,
que es esto lo que hay, que las palabras
a las que me agarré no significan nada,
que mi tristeza es mía, solo mía,
a pesar de que llegue desde fuera,
y seré yo, tan sola como siempre,
quien trate de vencerla.

Miro por la ventana
cómo bailan los árboles de enfrente.
Me acabo de dar cuenta
de que toca que limpie los cristales.

domingo, 13 de enero de 2019

LA VIDA

De pronto te das cuenta de que has vivido tanto
que te duele la vida.
(Vicente Martín)
Es la vida, la vida toda entera
la que me duele dentro,
la que me oprime dentro
como un puño cerrado
a la altura imprecisa del diafragma.

Es la infancia perdida, ya tan lejos,
de aquella niña un poco marimacho
con las rodillas rotas casi siempre
y cara de enfadada
porque los niños nunca le dejaban
jugar al fútbol siquiera de portero
ni tampoco a las chapas o la pídola.
Tenía que jugar a las casitas
o a saltar a la comba, como mucho,
hasta que les brotaron los pelos en las piernas
y entonces sí querían jugar con ella a médicos.

Es una adolescente enamorada
de aquel chico imposible que cantaba tan bien
y siempre le gustaba alguna rubia,
pero ella era morena, muy morena
—ya ven qué mala suerte—
y lloraba mirando a las estrellas.
Mas dejó de llorar cuando otros labios
inundaron su boca
de una dulce humedad desconocida
que ya no olvidó nunca, aunque la muerte,
muchos años más tarde,
se llevara esos labios por delante.

Y me duele una novia virgen a pesar suyo,
pecando sin pecar como dios manda
que sean los pecados.
Y una madre muy niña, como sus hijos casi,
que le vino muy grande todo lo que le vino,
todo lo que la vida le había reservado
en un alarde de imaginación.

Por encima de todos los dolores
me duele el hijo muerto, como una porcelana
bellísima e inerte, una sonrisa eterna
sin voz y sin abrazo, que me hizo comprender
lo que significaba para siempre.

Me duelen los amores que me quisieron suya
como una propiedad indivisible,
que me quisieron tanto que mataron
lo mejor de mí misma
y que nunca entendieron
que hay miles de maneras de querer,
que no pueden borrarse los años ni la historia,
que no se recuperan
los jirones de piel que se dejaron
prendidos en los muros de la culpa
cuando sonó el portazo del adiós.
Que es imposible comenzar de cero
y olvidar las maletas en consigna.

Y me duelen los años que ahora tengo
y este cuerpo cansado que se obstina en vivir,
que se obstina en amar tan a deshora.

jueves, 10 de enero de 2019

FRÍO

Anuncian los diarios que viene mucho frío,
que las temperaturas bajarán doce grados,
recomiendan salir poco de casa,
abrigarse los pies y la melancolía,
no dejarse engañar por el sol traicionero
que pinta de colores la mañana
y llena la memoria de mentiras hermosas
tapadas por la escarcha. Está el campo tan bello
con los charcos helados, no se mueve una brizna
de hierba en los matojos, no canta ningún pájaro,
solo un silencio quieto se me posa en el alma
y camino despacio donde me lleva el perro.

Luego me iré a mi casa sin esperar milagros.
Buscaré algunos versos que me saquen del mundo,
quizá escriba un poema que es el mismo de siempre
y miraré los rojos de la tarde
antes de que anochezca definitivamente,
con mi dosis diaria de tabaco,
de alcohol y de tristeza.

jueves, 3 de enero de 2019

NO PASA NADA

Besarte sin decirte que te quiero,
no atreverme a sentir más de la cuenta,
solamente lo justo para que no haga daño.

Demorarme en tus labios
arañándole al tiempo la mitad de un segundo.

Luego apretar tu mano levemente
y sonreír con cierta displicencia.

Porque aquí, corazón, no pasa nada.

domingo, 16 de diciembre de 2018

LOS ÚLTIMOS VERSOS

Por las arrugas de mi voz
se filtra la desolación
de saber que estos son los últimos versos que te escribo.
(Joaquín Sabina)
No sé si esto es amor o es una enfermedad,
si es una hermosa forma de locura,
si es un ingenuo truco, una forma infantil
de mentirme a mí misma
fingiendo que en mi vida estás presente,
una absurda entelequia
que me ayuda a creer que no estoy sola,
igual que si colgara en la percha del baño
un albornoz de hombre que engañe a las visitas.

Y a mí qué más me da cómo se llame
si el efecto es el mismo,
si te pienso, te invoco, te deseo
cuando escucho en la radio los desastres que ocurren,
cuando voy por el pan
y cuando hago la lista de la compra,
si a diario me arreglo como si fuera a verte,
si te encuentro en las notas y en los versos
de la canción más dulce, si un poema
puede abrirme una herida en el costado,
si miro los más bellos colores de la tarde
como si tú estuvieras y en voz alta
te pido que los mires con mis ojos, 
que los mires conmigo.

Pero habrá que aceptar cómo es la cosa,
que me he abierto en canal mi corazón cansado,
me he mostrado desnuda y vulnerable,
me he jugado la boca y he perdido.

sábado, 8 de diciembre de 2018

EL PRETIL

Asomada al pretil sobre el vadillo
—ese mismo pretil donde nos separamos
después de aquella noche que tú sabes—
contemplo las siluetas de los chopos desnudos
las copas de los pinos como una alfombra verde
y se llenan mis ojos de pasado.

La tormenta furiosa que de pronto
nos sorprendió abrazados
y convirtió la tierra rojiza del camino
en un río de sangre.
El pantalón aquel color naranja
que te gustaba tanto
se me pegaba al cuerpo. Y me besaste.
Tu camisa tan blanca y tus vaqueros
chorreaban igual que mi melena.
Recuerdo que los truenos rebotaban
entre los farallones y nosotros,
empapados y libres, nos reíamos.

Pero desde el pretil también vislumbro
jugando entre las rocas a unos niños
que podría ser yo con mis hermanos
o tal vez son mis hijos o mis nietos.
Y a mi madre de joven —¡tan hermosa!—
sus paseos feliz entre los pinos,
independiente y fuerte,
y más tarde, ya anciana, de mi brazo,
con sus pasitos cortos mirándose los pies
y sus ojos cuajados de memoria.

He comprado en la plaza margaritas
que he dejado en la tumba de mis muertos,
por ellos y por todos los amigos,
por todos los amores
que ya nunca me encuentro por los bares.

lunes, 3 de diciembre de 2018

LA AVISPA

Hay un dolor pequeño que me ronda
como ronda una avispa; yo procuro
hacer como si nada, como si no estuviese
zumbando alrededor de mi cabeza
—dicen que lo mejor es ignorarlas—.

No es un dolor muy fuerte,
—esos los reconozco desde lejos—,
pero sí machacón, perseverante,
apenas un pinchazo, una punzada
diminuta, la sombra de un recuerdo
que sin querer me lleva 
a tu boca, a tu nombre, a tu voz, a tu imagen.

Pero cierro los ojos un segundo,
le doy un manotazo al aire, miro el móvil,
enciendo una vez más
el último cigarro de la tarde.

No sé cómo matarla
sin despertar su ira; tengo miedo
de una reacción furiosa
que me clave hasta el fondo
el maldito aguijón que dejó a medias.

martes, 20 de noviembre de 2018

MIEDO

Se reflejó el terror en tus pupilas
como si en tus espaldas
se hubiera desplomado todo el peso del mundo
cuando yo osé decir lo que te dije.
Debí haberme quedado con la boca cerrada,
pero tengo una edad
que ya me dan vergüenza pocas cosas
y menos que ninguna, enamorarme.
Parecías rezar a ese improbable dios
al que deben rezar los condenados,
el despiadado dios de los ateos.

Si es el miedo a sentir lo que te aleja,
puedes estar tranquilo, que no intento matarte.
Refúgiate de nuevo en el silencio,
escóndete en la paz de la rutina
e ignora mi existencia. Solo te pediría
que nunca te arrepientas de aquel beso
ni lo arrojes al saco del olvido.

Puedes estar tranquilo, que no es a ti a quien amo,
sino al que yo soñé y puse tu nombre.