sábado, 14 de octubre de 2017

SÁBADO

Ha amanecido sábado y hoy tampoco llueve.
Poco a poco la vida se adueña de mi pueblo.
Mujeres con el carro de la compra,
parques llenos de niños,
cervezas en las barras de los bares,
parejas que se besan riendo en las terrazas,
ancianos que pasean muy despacio
del brazo de emigrantes. Mi vecina
restriega los cristales mientras canta un bolero.
Alí, el senegalés que monta guardia
a la puerta de mi supermercado,
me regala su sonrisa blanquísima
y me dice feliz fin de semana.

Mientras tanto
unos seres perversos se reúnen
en despachos siniestros
a jugarse a las cartas el destino
de la gente corriente, la que solo
pretende convivir, tener trabajo,
ver crecer a sus hijos, a sus nietos
y morir en la cama, a ser posible.

Discuten con empeño la estrategia
para poder robarnos la sonrisa,
la música, los libros y las lágrimas
que nos identifican como humanos.
El amor, la amistad, el sexo, la ternura,
los jóvenes, los viejos, los enfermos,
los besos, los abrazos y las conversaciones,
los juegos de los niños y los perros,
el ansia de ganar las causas justas,
los recuerdos felices, la nostalgia
de los tiempos de entonces.

Ellos hacen sus planes
al margen de nosotros, solo piensan
cómo podrán rasgar la luna llena,
cómo sembrar el odio en nuestras vidas,
cómo hacernos dejar de ser personas.

sábado, 30 de septiembre de 2017

CHARLIE PARKER

No me amenaces con amor, cariño. 
Vamos a ir a caminar bajo la lluvia.
(Billie Holiday)

Desgrana Charlie Parker sus notas como lágrimas
o como carcajadas de borracho
—quién puede descifrar lo que esconde la música
que nace del infierno más íntimo del hombre—.

Yo me dejo enredar en la madeja
de emociones antiguas,
ese desbarajuste de la vida y la muerte
y no sé por qué lloro.

Ya no tengo memoria de mí misma,
me parecen de otro los versos que escribí
hace un millón de años,
cuando aún era capaz de estremecerme.

Sé que todo ha pasado,
que a mi lado se acuesta
la ausencia de un fantasma
sin nombre y sin semblante.

Quisiera echar de menos
una voz, unas manos, un abrazo o un rostro,
algo que me recuerde
que alguna vez fui cuerpo.

Y es que solo me queda
una cruel soledad intransitiva
sin nada que añorar, que se deshace
en las notas de un saxo drogadicto.

martes, 19 de septiembre de 2017

UN CUARTO DE SIGLO

Al cabo son poquísimas las cosas
que de verdad importan en la vida:
poder querer a alguien, que nos quieran
y no morir después que nuestros hijos.
(Amalia Bautista)

Era el año triunfal de la Expo y los Juegos,
Sevilla y Barcelona se vistieron de gala.
Quimeras de ladrillo y alta velocidad
nos hacía creer que éramos grandes
y felices y ricos y famosos.

Pero tú habías muerto.

Hace un cuarto de siglo, fecha clave
en la que las parejas celebran que resisten
y revisten de plata su amor y sus derrotas
y brindan con champán, tras la cena con velas,
por otros veinticinco años de paz.

Hace un cuarto de siglo
que estás muerto, amor mío,
que estás muerto.

Yo brindo con champán por todos los dolores
que no tuviste tiempo de sufrir,
por el niño que fuiste y serás siempre,
por el hombre imposible que no conoceré.
Porque no he olvidado tu rostro, el sobresalto
gozoso de tu risa.

Porque hay algunas noches que vienes a mi insomnio
y percibo tu aroma a tiza y a colegio.
Porque tuve la suerte de que hubieras nacido.

Y porque me he hecho vieja y sigues muerto.
Sigues muerto, amor mío, sigues muerto.

lunes, 18 de septiembre de 2017

PROPÓSITO DE ENMIENDA

Si lo que quieres es vivir cien años
haz músculo de cinco a seis.
(Joaquín Sabina)

Voy a hacer un propósito de enmienda,
—no es dejar de fumar ni ir al gimnasio,
es algo todavía más difícil—
es dejar de soñar pequeños sueños
—los grandes hace tiempo que no existen—
que tengo el feo vicio de creerme.
Pequeñas ilusiones, nimiedades
que le dan un sentido,
por más que sea fugaz y transitorio,
a esta sinrazón de ver pasar la vida.

Reconoced conmigo que es más duro
que negarse el tabaco o hacer abdominales,
pero también te ahorras un pinchazo en el alma
cuando al abrir los ojos te das cuenta
de que siguen las cosas como siempre.

Intentaré lograrlo así, a las bravas,
pero quizá precise
alguna otra pasión sustitutoria
que me vuelva a engañar por unos días,
me quite la ansiedad
y borre los silencios poco a poco.

Y cuando esté viviendo en la nada absoluta,
ese nirvana zen que no me extraiga
ni el más leve suspiro,
ya no habrá desencanto que me pueda matar
porque ya estaré muerta,
encogida de hombros y sin sangre.

sábado, 9 de septiembre de 2017

DESORDEN

Si me llega la muerte y estoy sola,
recordad que la llave la tiene la vecina.
Disculpad si encontráis cierto desorden,
pero a veces me dejo llevar por la desgana.

Probablemente halléis sobre la mesa
las fotos de mis hijos y mis nietos 
-quién no ha sufrido nunca
alguna acometida de nostalgia-
un libro de poemas con versos subrayados,
un cenicero sucio y una copa
con un resto de hielo derretido.

Tal vez esté sonando 
el disco de Eric Clapton que escucho con frecuencia
mientras cierro los ojos y evoco aquel abrazo
que nunca adiviné que era una despedida.

Y si acaso encontráis en la pantalla
un poema de amor al que le falten
las últimas estrofas,
terminadlo vosotros. Es posible
que haya un final feliz en vuestros versos.

lunes, 4 de septiembre de 2017

SIMPLEMENTE

Nunca porque esté sola,
nunca porque me aburra,
nunca porque los días
se extiendan ante mí como pueblos vacíos,
nunca porque me asfixien los números en rojo,
ni porque se subleven los electrodomésticos 
y el coche ya agonice,
nunca porque no logre
arreglar un enchufe o trasladar un mueble,
nunca porque la vida entre dos sea más fácil.

Nunca porque ya enseñe la patita
la vejez por debajo de mi puerta
diciéndome que, acaso
me sorprenda la muerte cualquier noche.

Nunca porque se pierdan mis besos en la nada
ni porque esté mi cama más triste que un erial
y algunas madrugadas lleguen con los pies fríos.

Si alguna vez te busco, no lo dudes,
simplemente será porque te quiero.

sábado, 2 de septiembre de 2017

CAMINO DE VUELTA


Quisiera recorrer
en sentido contrario este camino,
no para subsanar error alguno
sino para volver a tropezarme
en todas esas piedras que me hicieron feliz.
Pero ya no podría pasar de la mitad
por una elemental cuestión de tiempo.

Volver a dar un beso equivocado
que dejara en mi boca ese gusto dulcísimo
que deja la mentira.
Y volver a reír a tumba abierta
con dos copas de más, 
no mirar el reloj y que marchara
el penúltimo tren y luego el último
y tú dieras cobijo a mi locura.

Y volver a creer que no estoy sola,
que me pueden querer a pesar de mí misma,
a pesar de ser yo de esta manera.
Y es que hay ciertos abismos que engullen corazones.
y silencios que cortan como el hielo.

Me refugio en mi cueva,
tengo frío.
Creo que esta mañana
oí mi propia voz
diciéndole a mi perro vida mía.

domingo, 27 de agosto de 2017

EL LUGAR DE LOS CRÍMENES

Cuando a veces regreso al lugar de los crímenes
una tristeza sorda, insoportable
se me posa a la altura del diafragma
como si fuera un ave moribunda.

Paseo entre los pinos, los parajes que vieron
el lienzo de mi vida, aún sin manchar
por el burdo pincel de la derrota.

Se aparecen mis muertos con su mejor sonrisa,
solo ellos me acompañan;
los vivos me saludan -cómo estás,
me he alegrado de verte-
y siguen su camino.
Yo les miento que bien, que no me quejo,
tratando de esconder tras una broma
y una sonrisa falsa
esta vulgaridad de estar llorando.

La soledad aquí es más evidente,
más cruel y más impúdica;
me aferro a la correa de mi perro
y desando los días.

Ni siquiera hace falta despedirse,
hace tiempo que han muerto los adioses.

miércoles, 23 de agosto de 2017

A LOS HOMBRES DE MI VIDA

Mi padre me sentaba en sus rodillas
y hacía redondeles con el humo
de su eterno cigarro, yo intentaba
ensartarlos con el dedo
pero se deshacían en el aire, y más tarde
se deshizo la vida que él quiso para mí.
Era, como el poeta, en el mejor sentido
de la palabra, bueno.

Tengo un hijo varón que es hombre hace ya tiempo,
con todo lo que encierra esa palabra
—padre, hijo, pareja, trabajador, persona—
que lucha con sus miedos y esconde su ternura
y aun así se le escapa por los bordes
de una sonrisa tímida
cuando toma en sus brazos a un bebé
y que tiene muy claras esas cosas
que la gente decente tiene claras.

Tuve otro que no pasó de niño
—me lo robó la muerte en un rapto de envidia—
que vive en mi recuerdo y crece y se ha hecho hombre
mientras yo envejecía sin remedio
añorando su risa y sus abrazos.

Y tres nietos varones que los quiero
igual que a mis tres nietas
que los veo crecer con la inocencia
asomada a sus ojos y espero que la vida no les robe
la luz, la claridad, sencillamente,
esa hermosa limpieza con que miran el mundo.

Me gusta que haya hombres en mi vida
porque de ellos aprendo
cómo se ven las cosas desde enfrente,
su soledad distinta, el lastre inaguantable
de no ser nunca débiles, las lágrimas ocultas
¡Quién os habrá engañado, compañeros!

Me gusta compartir con ellos esos ratos
de ironía, de risas, ese punto sutil
que a veces se insinúa detrás de la amistad
y que me hacen sentir tal vez hermosa.

A algunos los amé con toda el alma,
—que es igual que decir con todo el cuerpo—
y luego los odié o eso creía
cegada por la rabia y el orgullo
—¡A mí, que soy tan alta, tan rubia, tan perfecta,
a mí, que les di todo!—
apenas sin pensar que ellos me amaron
lo mejor que sabían y no fue suficiente.

No os vayáis de mi vida, compañeros.
Quedaos a este lado, en la misma trinchera,
defendiendo el amor frente al espanto
de la violencia cruel que nos machaca.
No somos enemigas, compañeros,
estamos en lo mismo, en ser felices juntos,
en disfrutar la vida, que es muy corta,
y separados no valemos nada.

lunes, 21 de agosto de 2017

PARECÍA IMPOSIBLE

Parecía tan raro al despertar
encontrar a mi izquierda un espacio vacío
en lugar de tu cuerpo, parecía
difícil levantarme
sin haber escuchado el agua de la ducha
y esperar que volvieras
fingiéndome dormida, dejarme espabilar
a golpe de caricias, encenderme
y comenzar el día entre tus brazos.

Parecía imposible
deambular por la casa sin oírte
trastear al poner el desayuno,
aspirar el aroma del café, en un silencio
que gritaba tu nombre, parecía
que el mundo se acababa en esa casa
que de pronto se había vuelto inmensa,
deambular por la vida maldiciendo,
como un zombie rabioso.

Han pasado tres años y ya ves, compañero,
he aprendido a quererme un poco más
aunque a veces me aprieta un pellizco en las tripas.

Han pasado tres años y ya ves, compañero.
Contra todo pronóstico, vivimos.