miércoles, 1 de agosto de 2018

LA CITA

Llevaba dos semanas de dieta hipocalórica
y cien abdominales cada día;
se compró un modelazo
discreto e insinuante al mismo tiempo;
y cremas milagrosas que, según le vendieron,
dejarían su piel como la seda;
planchaban las arrugas, recobraban
la luz que hubo algún día en sus mejillas
y una mascarilla que, al quitarla,
se llevaba detrás todas las penas.

En la peluquería
le quitaron las canas y pintaron
unos rayos de sol en su flequillo
—en total, cuatro horas de tormento
y un enorme mordisco en su tarjeta—.

Tras una ampolla mágica de belleza instantánea
se maquilló con mimo, sin pasarse,
se puse un pintalabios resistente a los besos
separó sus pestañas una a una
y una sombra de ojos
como el cielo en un día de tormenta.

Renovó lencería por si acaso,
se hizo la pedicura
y se pintó las uñas de los pies
de color amapola. Y faltaba el perfume:
tenía que ser fresco, natural como el aire
después de haber llovido entre las jaras
y a la vez duradero.

El mensaje decía —Hoy no va a poder ser.
Me ha surgido una cena
con el mejor cliente de mi vida.
Cena de matrimonios,
sabes cómo funcionan estas cosas.

Un rojo corazón y el emoji del beso.

domingo, 29 de julio de 2018

QUÉ CULPA TIENES TÚ

Qué culpa tienes tú
de que yo le haya puesto tu nombre a mi vacío,
de que mi soledad se haya agarrado
a ti como si fueras
el clavo ardiendo, el árbol
donde poder ahorcarme dulcemente.

Y qué derecho tengo a perseguir tu rastro,
a echar de menos algo que no existió jamás.

Tendría que romper algún espejo
o cambiarme la piel igual que las serpientes,
mudarme de país, de mundo o de galaxia, 
para no preguntarme
dónde estás ni en qué piensas
y para no escribirte
un horrendo poema de amor desesperado
perdido en las hipérboles,
plagado de adjetivos y de adverbios
que no se corresponden
con una realidad mucho más cutre.

Tendría que morirme y reencarnarme
en una mujer cuerda,
con esa sensatez tan aburrida,
sin frio ni calor ni sobresaltos.
Y esperar a que llegue, definitivamente,
la paz del cementerio.

TE QUIERO MUCHO

Cuando me dices que me quieres mucho
pienso que está muy bien, que “mucho” ya es un límite,
y que ojalá pudiera quererte solo un poco,
cuarto y mitad de amor
en pequeños bocados, con prudencia,
no vaya a ser que luego
me duela demasiado el corazón
o me produzca insomnio si me empacho.

Lo malo es que no sé dosificarme,
yo no tengo medida en estas cosas,
querer o no querer —es la pregunta—
no sé si es poco o mucho, pero es todo.

Y lo que, por favor, te pediría
es que no me quisieras como hermano,
salvo que ese amor fuera
tiernamente incestuoso.

sábado, 21 de julio de 2018

CONSEJOS DE AMIGA

Pero cómo te atreves, pobre ilusa
a soñar ni siquiera que le importas
¿no comprendes que no eres enemigo,
que no puedes luchar contra una larga historia
de luchas, de dolores, de esperanzas
vividas entre dos codo con codo?

¿Qué a pesar del hastío y la rutina
y de la tentación escondida en tu rostro
que le pueda atacar de vez en cuando
son más fuertes los hijos
y los miles de años a su lado?

Te decía que no eres enemigo,
que en tu insignificancia, a ella
ni siquiera le inquietan tus abrazos
y puede permitirse un gesto de indulgencia.

Le ampara la hipoteca pagada con sudores,
el rincón de su casa, la cocina,
los guisos que le gustan y que tú desconoces,
los amigos de siempre y el árbol del jardín
que seguro plantaron muy pequeño
y que ahora ha crecido con sus nietos
y da sombra al pasado y al presente,
las noches de hospital,
la memoria común y los olvidos,
los miedos, las victorias y las muertes.

¿Tú pretendes luchar contra una vida?
Deja ya de creer en los arcángeles,
cómprate en Amazon un juguetito,
alquílate por horas un chulazo,
da lo mismo del Este o africano,
pero que sea guapo y cariñoso
y que tenga argumentos para hacerte creer
dos veces por semana que te quiere.

Ya está bien de joder con tus tristezas.

lunes, 9 de julio de 2018

SOBRE LA TIERRA

Te modelo a mi gusto como si fueras barro
(Vicente Martín)
Algunos días pongo los pies sobre la tierra,
dejo de levitar y me doy cuenta
de que he vivido fuera de misma
y de que tú no existes
tal como te imagino; no me piensas
y nunca has dedicado
ni siquiera un instante de tus noches,
antes de caer rendido,
a soñar que yo estaba a tu costado,
que jamás recordaste,
al entrar a ese bar que era tan nuestro,
el vino que bebíamos ni la canción aquella
que yo tarareaba tan mal y te reías;
supongo que tampoco
te asaltará el recuerdo de cómo, avergonzada,
ocultaba la cara en tu camisa
y te abría un botón y te rozaba
un beso pequeñísimo.

Pero qué culpa tienes de que mi soledad
tuviera que engañarse de algún modo.
He de reconocer que es imposible
que tú recuerdes nada, porque nunca
existió ningún bar para nosotros
ni una canción que uniera nuestras voces
ni un vino que mojara nuestros besos.

Simplemente no estabas, nunca estabas.

lunes, 2 de julio de 2018

DIGNIDAD

Después de pensar mucho he comprendido
lo que es la dignidad.

Dignidad, por lo visto, es asistir
digamos que al entierro de tu hijo
de riguroso negro,
tacones y un collar de perlas falsas.
Y no llorar; si acaso, enjugar una lágrima rebelde
antes de que humedezca las pestañas
y se te corra el rimmel.

Dignidad es contar a los amigos
que a él no le gustaba la poesía
que chocabáis en temas de política,
y os separastéis de común acuerdo,
y no reconocer, ni aun bajo tortura,
que te dejó por otra
más joven y más hábil en la cama.

Dignidad es no confesar a nadie
-ni siquiera a un psicólogo argentino-
que te mueres por él,
que no puedes dormir, que por las noches
te persigue su voz, su cuerpo, su latido,
que a veces en la calle
le confundes con un hombre cualquiera
que ves entrar a un bar o a una farmacia
y corres. Y te paras en la puerta
porque te está mirando como a una alucinada.

Dignidad 
es no decir te quiero a quien más quieres,
es mantener a raya la vida en lo correcto.
Dignidad es ser otra, amigos míos.


sábado, 30 de junio de 2018

DIÁLOGO

Al entrar en el bar te me acercaste,
me tomaste de frente por los hombros,
me miraste a los ojos y dijiste:
—¿Sabes que estás jodidamente guapa?

Se me paró el reloj. Y el calendario
retrocedió de golpe treinta años.

No me entendiste bien porque de fondo
lloraba Billie Holliday
pero dije bajito
—Será porque sabía que iba a verte.

jueves, 28 de junio de 2018

IDIOTA

Me dicen los amigos
que hay muchas formas de llenar el tiempo,
que me haga voluntaria —¡voluntaria!—
de alguna oenegé que se dedique
a salvar niños pobres, cocinando
en algún comedor de caridad,
administrar un banco
—ya sea de alimentos o de sangre—
acompañar ancianos
una vez por semana un par de horas,
visitar hospitales y regalar abrazos
para que alguien se crea que le quiero.

Algunos me aconsejan que me apunte
a una escuela de bailes de salón
o que cante en el coro de los desesperados,
que haga senderismo o que aprenda alemán
o, mejor, chino —dicen
que el chino es el idioma del futuro,
lo que no deja de tener su gracia—
o que practique yoga o sexo tántrico
para encontrar mi karma y mi energía.

Pero yo no hago nada de provecho
más que mirar sin ver al infinito,
más que pensar en ti como una idiota.

martes, 26 de junio de 2018

PATÉTICA

Se hace larga la tarde de finales de junio
como en esas películas que nunca pasa nada
y una espera, comida por el tedio,
que se besen por fin o que se olviden.

Ya se ha acabado todo, pero no han terminado
los años de propina. Pasaron muchas cosas,
demasiadas incluso y demasiado juntas
cuando apenas tenía la suficiente edad
ni las armas precisas para hacer frente a tanto,
ni a los crueles dolores ni a todos los caballos
que galopaban ciegos en mi pecho.

Me equivoqué mil veces, si a buscar
dónde enjugar las lágrimas,
dónde encontrar la cara más dulce de la vida,
se le puede llamar equivocarse.
Pero no me arrepiento ni siquiera de un beso
de todos los que eran para siempre.
Eternidad fugaz como esa lluvia
furibunda que deja la tormenta.

He llegado hasta aquí,
a transitar por este triste páramo
en el que a duras penas sobreviven
los recuerdos riéndose en mi cara.
Porque ahora me dicen que ya no tengo edad,
que es absurdo y patético
pretender ser feliz a estas alturas
y que no pierda el tiempo soñando tonterías,
que debía bastarme con mis nietos
si fuera una mujer como Dios manda.

martes, 19 de junio de 2018

¡OH QUÉ LUNA!

A mí me habían crecido quince años
casi sin enterarme, tu mostrabas
apenas diecisiete y una hombría
que quizá te venía un poco grande.
Pelegrinos lorquianos recorríamos
el sinuoso camino adolescente.

Desvirgaste mi boca como es propio
una noche de luna irrevocable; luego
sin consultar, la vida decidió por nosotros.
La mía se hizo añicos muy temprano,
la tuya resistía a duras penas,
pero siempre acechaba
el beso primerizo y otras cosas
que quedaron pendientes.

Lo sabíamos ambos aquel día
que el azar nos reunió con otra luna
en aquellas callejas estrechísimas.
Ya nos faltaba poco
para cumplir cincuenta y a la espalda
dos mochilas repletas de fracasos.

Y la noche acabó como debía,
disolviendo el pasado y las tristezas
en semen, en saliva y en sudores,
en besos y en tequieros a destiempo.

Fumando un cigarrillo preguntaste
que por qué lo dejamos cuando entonces,
y yo me puse cínica y te dije
que a mí también me habrías engañado
tal vez con la mujer con la que vives.

Y que casi prefiero ser la otra.