domingo, 18 de diciembre de 2016

RESONANCIAS

Todavía me quedan, entre versos
que nunca te escribí,
unos besos perdidos apenas sin usar,
en buen estado.

Y son de buena ley,
de los que no se agrían con los años,
aunque pueden guardar
un antiguo regusto a despedida,
cierto aroma a sarmiento y resonancias
de roble y de derrota
que duran en la lengua
cuando en algunas noches
quema la soledad.

domingo, 11 de diciembre de 2016

FELIZ AÑO



No lo tomes a mal, 
lo hago en defensa propia; me hace daño
tu fría indiferencia, esos dos besos
apenas sin rozarnos las mejillas,
que me cuentes que todo va muy bien
y que ni un pestañeo te delate
si me echaste de menos una noche,
no sé, al mirar la luna o escuchando
la voz de Diana Krall.

De sobra me conoces, sabes que no podría 
fingir que no me importa, sonreír
y hablar de que este invierno no hace frío
pero ha llovido fuerte por el sur.
Tendría grandes dudas, entre comerte a besos 
o arrojarte a la cara el Marqués de Riscal,
ambas opciones fuera de lugar.

Que tengas feliz año y mejor vida,
esa que has elegido y en la que yo no estoy.
Mas no puedes pedirme que te vea,
no sirvo para tanta corrección.

Por cierto,
te olvidaste en mi casa mil abrazos
y una maquinilla de afeitar.

viernes, 9 de diciembre de 2016

DEL SUFRIMIENTO

En esta sociedad tan hedonista en la que estamos inmersos para bien o para mal, el sufrimiento está muy mal visto; a todo trance hay que ser feliz, y si no se es, se finge serlo. Nos bombardean con mensajes que proclaman el valor infinito de la sonrisa, como si la sonrisa se pudiera separar de la sensación que la produce, como si no fuera sino el reflejo de un sentimiento placentero más o menos profundo, más o menos duradero. Se aconseja huir del sufrimiento, evitar las situaciones que nos hacen sufrir, como si no fueran incluidas en el pack de la vida, como si se pudiesen apartar con el tenedor, igual que hacen los niños con los guisantes que se encuentran en el guiso. Como si fuera posible disfrutar el estofado saltándose los sabores amargos.

Incluso hay pensadores ilustres que nos dicen que el dolor es real y el sufrimiento opcional. Y más aún, que el sufrimiento es una pérdida de tiempo cuando hay tantos motivos para disfrutar. A mí que me lo expliquen, porque yo no sé cómo se hace eso, cómo se puede decidir: esto lo siento, esto lo vivo y esto otro, no, porque el sentimiento no es algo voluntario. En lo que se refiere a lo más próximo a nosotros, a los seres que amamos ¿cómo podemos no implicarnos, no sufrir cuando los vemos sufrir a ellos?

En estos casos siempre hay alguna mente preclara que nos dice cosas como "¿Pero por qué te preocupas si no puedes hacer nada? La respuesta me parece obvia: pues precisamente por eso, porque no puedo hacer nada. Si pudiera hacer algo, no me preocuparía, lo haría. Otra cosa es que cuando se trata de una situación dolorosa de larga duración, pongo por caso una enfermedad terminal de un ser querido, no sea necesario tomar de vez en cuando un poco de aire, buscar una evasión momentánea que nos oxigene el corazón y nos arranque una sonrisa, para luego poder seguir al pie del cañón. Es una terapia imprescindible para no quemarnos y poder dar algo bueno de nosotros, para seguir haciendo lo que debemos hacer y estar donde debemos estar. Aunque muchas veces, inmersos como estamos en la dinámica del dolor, tengamos que forzar nuestra voluntad para salir de esa dinámica un rato.

Además de los dolores de ámbito privado, los desastres generales con los que nos bombardean las noticias también nos hacen sufrir, pero hay que reconocer que muy poco, mucho menos que lo particular. Podemos contemplar, por poner un ejemplo, las calles de Alepo arrasadas, los niños llorando a gritos sin consuelo, niños que por su edad no han conocido nunca otra vida, que han nacido y crecido entre los escombros y guardan en sus ojos todo el dolor del mundo, adultos como nosotros, con unos sueños y proyectos como los nuestros, a los que les han robado todo obligándoles a huir a otro mundo, un mundo que además no les quiere, y después de ver eso sentarnos a cenar tranquilamente, tomarnos la ensalada y la tortilla de patata  e incluso después disfrutar un gin-tonic. En el mejor de los casos, se nos caerán unas lágrimas a los más impresionables y a los que aguantemos unos pocos minutos sin cambiar de canal. Y, con suerte, nos sirve para hacernos comprender que, a pesar de todo, somos afortunados. Y para dejar, al menos por un breve instante, de mirarnos el ombligo.

Sí, el dolor, querámoslo o no, forma parte de la vida. Y por si fuera poco con los dolores que nos vienen dados, nosotros solitos con demasiada frecuencia nos buscamos otros sufrimientos gratuitos y estériles, sobre todo los derivados de las cosas del querer. El amor es una droga alucinógena que nos vuelve adictos e irracionales, porque las sensaciones que produce, tanto las positivas como las negativas, son extraordinariamente intensas. Y ejerce sobre nosotros una atracción fatal que nos empuja a tirarnos de cabeza a una lucha cuerpo a cuerpo -en el sentido literal de la expresión- que en muchos caso sabemos perdida de antemano, a cambio de la remota esperanza de alcanzar una sensación de felicidad, muy intensa, sí, pero fugaz y engañosa, que solo nos deja dolor, pérdida de autoestima y frustración. De este tipo de sufrimiento, previsible y evitable, es del que hay que huir como de la peste bubónica, pero casi nunca lo hacemos. Parece que nos va la marcha. O quizá es señal de que estamos vivos, yo qué sé. Con el agravante de que cuánto más jodidos estamos, cuánto más nos acogota la tristeza, más vulnerables somos y más propicios a caer en las garras de esa droga.

Tal vez la solución esté en la poesía. Celaya nos dejó dicho:

No quedarse en suspenso preguntando
por qué existen los seres y no el cero.
No solo contemplar, neutral y ausente,
el mundo de los hombres y los dioses.
No lavarse las manos ante ciertos
horrores cotidianos. No negarse
y pedir el descanso de la muerte
cuando hay tanto que hacer y tanto fango,
sin haber aportado nada al orden.
Tu deber es vivir: luchar alegre.

domingo, 4 de diciembre de 2016

LA LUZ

Al cabo de mi vida he muerto muchas veces
pero siempre volvía a pesar de mí misma.
siempre nacía una célula rebelde
negando que el dolor fuera mi hábitat,
que la tristeza fuera una costumbre
o un vicio malsano.

Y encontraba un resquicio entre mi carne
para volver al mundo de los vivos,
un fulgor con la forma de un abrazo,
un deseo impreciso o una lágrima
por un tiempo imposible, una sonrisa
que brillaba a lo lejos, que brillaba.

Hoy he muerto, por fin, definitivamente.
Me ha vencido la vida, ya no veo
esa luz redentora allá en límite
de todos los dolores, ni siquiera
cuando miro hacia atrás puedo encontrarla,
ya no me reconozco en ningún cuerpo.

Ya no sé cómo hallar el camino a mi casa.

sábado, 26 de noviembre de 2016

IDIOSINCRASIA (Magnífico poema de José Pozo Madrid contra la violencia machista).

Con mi gratitud porque un poeta varón grite contra estos crímenes.

Te he dejado
una nota pegada en la nevera
con la lista de cosas 
que quedan por comprar,

he lavado las sábanas
con los restos de sangre de los últimos golpes
y en el tercer cajón
de la segunda puerta
tienes recién planchadas las camisas.

Tendrás para ir tirando
unas cuantas semanas, más o menos decente
a los ojos de todos.

No te olvides
de llamar a tu madre cualquier día.

De paso
me llevo la basura y los recuerdos
hasta el contenedor.

(José Pozo Madrid)


jueves, 17 de noviembre de 2016

FUERA DE NOSOTROS

Yo sé que fuera, fuera de nosotros,
de ti y de mí, de este dolor doméstico
siguen pasando cosas.

Yo sé que en nuestro hermoso
mar Mediterráneo
no caben más cadáveres, 
que aquí mismo
se mueren las ancianas abrasadas,
paradójicamente
por engañar al frío, a la negrura
que a las seis de la tarde las envuelve.

Que se cuentan por miles las mujeres
asesinadas,
violadas,
torturadas,
humilladas
solo por ser mujeres.

Qué los niños vagan a la deriva
a merced de los ogros de los bosques;
que sobre escombros aún vomitan llamas
los dragones del aire.
Que no hay más dios ni amo que el dinero.

Que un jodido lunático fascista
va a gobernar el mundo
y esto es solo el principio, 
ya se frotan las manos sus acólitos
aquí, en la vieja Europa.

Yo todo eso lo sé, no se me olvida.
Pero no me da el ancho
para llorar por causas imposibles,
ya he agotado todas mis reservas de lágrimas.

Y si me queda un poco de energía
creo que la usaré por aquí cerca,
en lo que está a mi alcance, que no es poco.

domingo, 13 de noviembre de 2016

LOS VAQUEROS

Solo me juzgo por lo que siento, no por lo que razono. (Montaigne)
Recuerdo aquel verano -el del sesenta y cinco-
cuando eras aquel chico tan guapo que cantaba,
al que mejor sentaban los vaqueros.
Tú eras el capricho de las nenas,
el terror de los novios,
el sueño húmedo de suegras potenciales,
y yo apenas entraba en una adolescencia
boba y muerta de miedo, sin conciencia de mí
ni de que yo pudiera valer algo.

No sé por qué demonios te fijaste
en esa chica tímida
de la pandilla de los más pequeños,
el caso es que cualquier posible contrincante
regresó a sus cuarteles y replegó sus fuerzas
ante un rival con semejante historia.
Me dejaron inerme, teniendo que lidiar 
contra todas tus armas.
Dieciséis años contaba por entonces.

No hace falta que cuente lo que vino después
-largo noviazgo de pecados tristes,
muchas visitas al confesonario,
lunas llenas de cuernos,
propósito de enmienda,
dolor de corazón y al fin la boda
con el tul ilusión hecho jirones.

Cuatro hijos contando al que se fue
-revisando las fotos me preguntas
qué niño es cada uno de esos niños
que nos sonríen desde la memoria-,
el oscuro enemigo que se instaló en tu mente
hasta echarme de casa. Y los papeles rotos.

Muchos años perdida en espejismos
queriéndome morir más de mil veces,
pasiones desbordadas y un futuro imperfecto
por no saber cortar el hilo de la culpa
porque estabas ahí, tú siempre estabas,
tú y tu inmisericorde soledad,
la que todas las noches dormía a mi costado.

Pero ya no es cuestión
de andar pidiendo cuentas a la vida.
Ahora que no eres
ese chico tan guapo y los vaqueros
no te sientan tan bien, sabrás que existe
otra forma de amar
que no entiende de orgasmos,
que no va a derretirse entre gemidos,
pero que hoy, precisamente ahora
no va a dejarte solo.

sábado, 5 de noviembre de 2016

LA FUENTE NUEVA

(A J. G. B. porque se lo debía)

A mis dieciséis años conociste
la exacta dimensión de mi cintura,
la virginal tersura de mi vientre,
la fruta adolescente de mi pecho,
sobre el banco de piedra, 
junto al pilón donde muy poco antes
todavía cazaba renacuajos.

El cielo en esa noche
dilapidaba estrellas como si le sobraran
y nosotros, en tanto,
perdíamos la cuenta de los besos.

Era todo demasiado perfecto,
despertamos la envidia de los dioses,
de unos dioses siniestros e implacables
que unos años más tarde y sin invitación
vinieron a instalarse en nuestra casa
y a robarnos la vida, el sexo y la ternura.

A ti te arrebataron el futuro,
te diron el cambiazo
por otro hecho de sombras y amenazas
y te quedaste solo
acosado en tu mundo indescifrable.

Y de mí consiguieron, con paciencia
digna de mejor causa
-les llevó veinte años pero al fin lo lograron-
que dejara de ser buena persona.

Perdóname si no estuve a la altura
de tu sin par mente maravillosa.
Perdona que me fuera huyendo de mí misma,
de la maldita suerte, del destino,
de no saber amar lo suficiente
para encontrar en ti
lo que anduve buscando por ahí sola.

¡Qué te voy a contar que tú no sepas
de mis palos de ciego,
de los clavos ardiendo a los que me agarré
para luego caer
de nuevo con las manos abrasadas!

Por si acaso el expolio fuera poco
los dioses del dolor se llevaron al hijo
y no pudimos ni llorarlo juntos.

Hoy,
que han pasado mil años
y la muerte escondida nos acecha
déjame que reviva al menos esa noche,
saber que hubo un momento en que fuimos felices
sobre la piedra de la Fuente Nueva
mientras el cielo aquel
dilapidaba estrellas a lo loco.

(De Plantas de interior. Ed. Cuadernos del Laberinto 2012)
La foto es de un cuadro de Goyi Alguacil al que le he quitado el color porque era de noche.)

domingo, 30 de octubre de 2016

LA ÚLTIMA VEZ

Cuando nos despedimos
ninguno de los dos imaginábamos
que era la última vez.

Nos dijimos adiós igual que siempre,
con un poco de prisa y un abrazo
que nada hacía pensar que fuera póstumo.

Si hubiéramos sabido que era el último
tal vez hubiese sido algo más largo
o quizá me estrecharas con más fuerza
mientras yo con las uñas, sujetando una lágrima,
te habría acariciado levemente la nuca.

O puede que intentaras convencerme
de que aquello era amor, que era la vida
la que se había puesto en contra nuestra.
Y yo, seguramente, una vez más
me habría conformado con las sobras.

Pero no pudo ser, tú no estabas conmigo
cuando yo me rendía a la evidencia
de que es la soledad mi territorio,
mi hábitat natural, mi única casa.

Y ahora ya es muy tarde, he aprendido
a no esperar prodigios, que las peras
nunca caen de los olmos.

jueves, 20 de octubre de 2016

GRIS

Reivindico la duda
y el color gris con todos sus matices,
la verdad absoluta me da miedo.
Miro a los ojos a esa incertidumbre
que casi siempre esconde la certeza. 

Reivindico el derecho a discrepar
incluso de los míos
y a poner en cuestión todos los dogmas.

Reivindico el derecho a equivocarme,
a tropezar mil veces con la piedra
en la que construí toda una vida
y a caerme de bruces nuevamente.

Reivindico el error
y mis contradicciones sucesivas.
Y mi debilidad. Y mi nostalgia
por algunos hermosos disparates.

Y el grito de la carne.
Y esa necesidad, ineludible 
para sobrevivir, de que me quieran.

domingo, 16 de octubre de 2016

LUNA DE OCTUBRE

Recuerdo aquella noche
de copas y secretos que alguien puso,
en la luna de octubre,
justo en aquel lugar para nosotros.

Recuerdo que yo estaba
levemente borracha, lo preciso
para abrir en canal mis soledades
y derramarte encima
todas esas absurdas confidencias
que tú ya suponías de antemano.

Y recuerdo que hablaba como un loro,
tan pronto me reía sin motivo
y tan pronto lloraba
por todos los motivos de mi historia.

Hasta que me callé. No seguí hablando
porque tú me tapaste la boca con la tuya
mientras me retirabas el pelo de la cara.

Ya no recuerdo más. O sí, quizá no quiera
entrar en más detalles
porque lo más hermoso fue aquel beso
que alguien había puesto,
en la luna de octubre,
justo en aquel lugar para nosotros.

sábado, 15 de octubre de 2016

DYLAN

Cuántas veces debe un hombre levantar la vista
antes de poder ver el cielo.
Cuántas orejas debe tener un hombre
antes de poder oír a la gente llorar.
Cuántas muertes serán necesarias
antes de que él se dé cuenta
de que ha muerto demasiada gente.
La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento.
La respuesta está flotando en el viento.
(Bob Dylan)

Me sorprende cómo ha escocido a algunos la concesión del Nobel de Literatura a Bob Dylan y no acabo de entender el porqué. Los versos que encabezan este post son solo una mínima muestra de las cosas que ha dicho en sus poemas. Repito, en sus poemas, a los que después ha puesto música. Porque Dylan es básicamente un poeta y el hecho de que cante sus poemas no los desmerece como obra literaria. No sé si su obra es merecedora o no de tan alto galardón, pero tampoco lo sé de los otros ciento quince premiados desde que se comenzó a entregar el Nobel en 1901, o por lo menos tengo serias dudas respecto de muchos de ellos. Pero nunca antes había visto que se organizara tal polémica ni que se escribieran cosas tan ofensivas y tan cargadas de desdén de ninguno de los premiados. Lo que me lleva a pensar que esa reacción se debe más a motivos espurios -como la ruptura con el establishment, que eso no se perdona así como así- que a los puramente literarios. Y es que todos somos muy progreso pero que no nos toquen las narices. Vamos a cambiar todo para que todo siga igual, ¿no era así lo de Lampedusa?

Me he tomado la molestia de repasar los ciento quince premiados anteriores a Dylan --entre los que, dicho sea de paso, solo hay catorce mujeres- y debo confesar que de ellos solo conocía a cuarenta y siete. Claro que mi incultura es enciclopédica, pero me atrevo a asegurar que muchos de los que critican este premio conocen a bastantes menos que yo, ni siquiera de nombre. Y de algunos solo han sabido de su existencia cuando les han concedido el Nobel -y seguramente ya los han olvidado-, sin embargo nunca se les ha ocurrido poner en tela de juicio el premio. Pero a Dylan sí, a Dylan hay que machacarle aunque ni siquiera sepan inglés para entender sus letras. Es más, tengo para mi que si Dylan no hubiera sacado los pies del tiesto, si nunca hubiera puesto música a sus poemas y se hubiera limitado a ser un poeta minoritario, solo para "iniciados", sin salir del oscuro e ignoto rincón donde debemos permanecer los poetas, nadie hubiera cuestionado su premio, como ha ocurrido con tantos otros Nobel a los que no conocía ni su vecino.

El Nobel no se lo dieron nunca a Borges ni a Cortázar ni a Rulfo ni a tantos y tantos autores que admiro. Sí se lo han dado, en cambio, a Mo Yan, que no dudo de sus méritos, pero que no he tenido el gusto de conocer ni antes ni después del Nobel, aunque esto sin duda es una imperdonable carencia mía. Sin embargo a Dylan le conoce todo el mundo porque, tan solo armado de su guitarra y de sus versos, ha llevado su grito contra todas las guerras y contra todo tipo de injusticias hasta el último confín de este inhóspito mundo.

¿Por qué, entonces, esta airada reacción a su premio? La respuesta está flotando en el viento.

lunes, 3 de octubre de 2016

NO LLOVÍA EN CÓRDOBA

Quién sabe cuántos días caben en el olvido.
(Rodolfo Serrano)

Aquel fue un día extraño, tan extraño
que en Córdoba llovía
como no recordaban los más viejos.

Pero no hay que volver
nunca al lugar del crimen
porque probablemente no haya lluvia,
el cielo será azul y no estarán
los rincones oscuros por los que nos besábamos
igual que adolescentes
en el barrio judío.
Apenas nos cubría tu paraguas
del chaparrón de besos.

Ocurre que el recuerdo se cambia en otra cosa,
las calles se confunden, no se encuentra
la plaza diminuta donde estaba escondido
aquel hostal con plantas en el patio
y todas las esquinas son exactas.

Los turistas invaden con sus cámaras
la curva infinitud de la Mezquita
donde quedó prendido nuestro asombro,
nuestras manos negaban el presente imposible
sin soltarse al pasar por las columnas.

Y ya no sé, después de algunos meses,
si aquello fue verdad
o fue tan irreal como la lluvia.

Lo único que sé es que quemaba el sol
y este brutal azul no era el de entonces.
Mas yo pisaba charcos
y diluviaban besos por las calles de Córdoba.

sábado, 24 de septiembre de 2016

A MI AMIGO ALFONSO

Me despertó la luz titubeante,
las seis de la mañana
no es hora de empezar a desvivirme.
De nuevo me abracé a un cuerpo que no estaba
y mi escasa consciencia 
se sumergió en el sueño. Luego supe
que a esa hora morías. No sé cuándo
fue la última vez que discutimos,
-tú me llamabas roja y yo a ti facha-
para luego tomarnos unas copas
y reírnos del mundo, recordando
que siempre nos odiamos tiernamente,
que siempre nos quisimos a pesar de la vida.

Yo sé que fuiste fiel, que me acogiste
-seguramente en contra de tu lógica-
cuando me quedé sola a la espalda del mundo,
cuando salí corriendo por la calle de en medio
y todos se apartaban a mi paso.

Miraba al infinito con la mente dispersa 
ante el café humeante y el aroma a tostadas.
Sonaban en la radio las noticias de siempre
pero mi pensamiento andaba distraído
quién sabe en qué entelequias,
aún no había tomado conciencia de mí misma.

Aún no sabía
que ya nunca tú y yo discutiríamos.
Que te fuiste al lugar donde te esperan
tantos, tantos amigos.

lunes, 19 de septiembre de 2016

A MI MANERA




Si lo que quieres es cumplir cien años
no vivas como vivo yo.
(Joaquín Sabina)

Mis amigos me dicen
que deje de fumar, que eso es muy malo
y que si sigo así acabaré muriendo
-parece ser que algunos
piensan quedarse aquí la eternidad entera-.
Pues va a ser que este mundo no merece
tamaño sacrificio.

Y que no corra tanto con el coche,
que más vale llegar aunque sea tarde.
Seguro que alguien los está esperando,
pero a mí no y prefiero
no perderme un instante
de los pocos que quedan
dignos de ser vividos.

Y que no tome copas, 
que si el colesterol y otros horrores
que amenazan mis días. Pero yo no renuncio
a las noches que vienen repletas de palabras,
de vida compartida,
de amigos que me quieren por un rato
-yo sé que es solo un rato, pero ayuda-,
para morir de asco sobra tiempo.

Dicen que haga ejercicio y que duerma ocho horas,
como si una pudiera mandar en el anárquico
reloj de sus insomnios. No pienso regalarle
ni un minuto de más a una existencia
sin ninguna emoción, sin calor y sin frío
ni vivir por vivir, sin más empeño.

Afortunadamente, amigos míos,
no soy imprescindible,
nadie me necesita con apremio
-así es la soledad, es lo que tiene-.
Ya tengo los deberes presentados,
aunque lleven tachones en algún ejercicio
y otros estén borrosos por las lágrimas.

Pues dejadme vivir a mi manera.

lunes, 12 de septiembre de 2016

DEFINITIVAMENTE

Definitivamente
parece confirmarse que este invierno
que viene, será duro.
(Jaime Gil de Biedma)

Hace apenas tres meses
este inmisericorde secarral
era un vergel 
cuajado de retamas y jarales,
el cantueso cubría las praderas
de cintas color malva
y unas flores sin nombre, diminutas,
tapizaban rincones en la umbría.

En pie quedan tan solo las encinas
resistiendo agarradas al rastrojo
el envite brutal de la canícula,
este sol infinito e implacable
que asesina los brotes de esperanza.

Pero vendrá la lluvia y en noviembre
el oro vestirá las ramas de los chopos
compitiendo en belleza con el ocre del fresno
y, una vez más, el paso de los meses
traerá la primavera.

¡Ojalá fuera igual para nosotros!

Hace apenas mil años todos éramos
tenaz, impenitentemente jóvenes,
como si aquello fuera a durar siempre.
Pero no somos chopos ni jarales,
lo que se fue no vuelve, se transformó en dolor
la feliz inconsciencia; cada día
recibimos noticias de la muerte,
la vemos acercarse a los amigos,
se agazapa, ladina, entre las sombras
que cubren el recuerdo de esos años.

No es el miedo a morir lo que me mata.
Es el miedo a vivir esto que queda.
Es el miedo a un invierno amenazante.
A que la primavera no regrese.

martes, 6 de septiembre de 2016

ARREPENTIMIENTO

Si de algo me arrepiento es de haber sido
cobarde cuando entonces,
cuando correspondía ser valiente,
de no haber cuestionado los axiomas,
las verdades eternas que se me dieron hechas,
de haber pecado apenas sin pecar
unos pecados tristes y estreñidos,
de haber amado a medias,
de haber creído en las hadas y en los príncipes
cuando no había más hada que yo misma
y el príncipe besaba a las intrépidas.

Pero de qué me sirve a estas alturas...
He llegado tan tarde a tantas cosas
que aunque intente correr hasta extenuarme
jamás alcanzaré el tiempo perdido.
A no ser que aprendiera
a correr hacia atrás, hacia los años
en que vivir era esperar sentada
el día en que la vida me sacara a bailar
marcándome los pasos, sin salirme
del ritmo establecido
y empujando al deseo con los codos,
no le fuera a rozar la curva de mi pecho.

Si eso pudiera ser
volvería a llorar todas las lágrimas
ahora que sé, por fin, por qué lloraba.

lunes, 5 de septiembre de 2016

EL TIEMPO

A mi nieto Álvaro, que algún día lo entenderá.

El tiempo es un concepto tan extraño
que corre más deprisa que nosotros
cuando más falta hace que se pare
y que nos dé una tregua
en la que remansar la soledad.

Esos días felices
que vienen a avivar nuestra ternura,
a arrancarnos sonrisas
y a pintar la tristeza de colores brillantes,
se marchan tan veloces
que apenas nos permiten disfrutarlos.

Son una suave brisa momentánea.
unas gotas de lluvia que refrescan
por un instante nuestra piel sedienta.

Luego llega de nuevo lo de siempre,
los días largos, tristes y vacíos,
inexplicablemente interminables,
las horas por llenar con algo que nos mueva,
con alguna emoción que nos despierte
de este letargo gris, de esta apatía.

De esta desconcertante sensación
de no pertenecer a ningún sitio.

lunes, 1 de agosto de 2016

ESTO ES SIGÜENZA, SEÑORES

No os lo vais a creer, pero me he despertado a las seis de la mañana con frío y eso que estaba durmiendo con manta. Esto es Sigüenza, señores. He cerrado la ventana pero ya no he cogido el sueño en condiciones. He oído las siete y las ocho en el reloj de la Catedral, con sus correspondientes cuartos, y a las ocho y media me he levantado. Después de un desayuno liviano y sigiloso para no despertar a nadie, me he echado al monte camino del cementerio arriba, hacia el pinar.

Cuando yo era pequeña el Pino Solitario hacía honor a su nombre, pero ya no; no sé cuándo le rodearon otros muchos ejemplares y ahora solo se distingue de los demás por su copa redondeada, mientras los otros apuntan hacia el cielo. En aquellos años corría la voz de que una mujer extranjera -francesa por más señas y, por lo tanto, de dudosa moral- iba todos los días a tomar el sol desnuda a los pies del famoso pino, con lo que se organizaba un peregrinaje más nutrido que el de la Vírgen de la Salud en Barbatona. No sé si alguien consiguió verla alguna vez, pero eso se decía.

Desde arriba he contemplado la alfombra verde del Pinar Grande que, aunque llevo toda la vida mirándola, no deja de extasiarme. Me gusta el mar, claro, pero soy de tierra adentro y no puedo negar que el campo me resulta mucho más evocador.

He bajado al camino que llega hasta el Castillo, contemplando los impresionantes farallones de roca y recordando mi infancia. No sé por qué, a medida que me iba haciendo mayor, esa roca erecta que de pronto aparece en el camino y que mis hermanos y yo llamábamos "La Roca Gigante", se ha ido haciendo más bajita, pero sigue siendo enorme. Hay gente que la llama "El Dedo" y algunas mentes calenturientas ven en ella un símbolo fálico. Yo ahí ni entro ni salgo, allá cada cuál con sus fantasías.

Siguiendo el camino he llegado hasta el Castillo -que desde que lo arreglaron y lo hicieron Parador Nacional, se marchó el fantasma de Doña Blanca de Navarra que antes habitaba sus ruinas y a la que íbamos a rondar las noches de luna llena para aliviarle un poco el cautiverio al que la sometió su esposo D. Pedro I el Cruel nada más casarse y sin consumar el matrimonio, solo para seguir solazándose con su amante María de Padilla, que los hay cabrones- y he rodeado la muralla hasta la Puerta del Sol, que sale a la Calle Mayor a la altura de la Iglesia de Santiago, que después de muchos años en ruinas, la restauraron y ya no es iglesia sino una sala de exposiciones, conciertos y distintas actividades culturales.

Y, claro, me he encontrado con la Catedral de frente. Ya solo me quedaba subir la cuesta hasta esa casa cubierta de yedra donde tengo el privilegio de que mi hermana me dé cobijo.

jueves, 28 de julio de 2016

OJALÁ (Otra versión)



Ojalá que el recuerdo venga limpio de culpa cuando asome
para que no se pueda convertir en dolor
ojalá que los años no guarden la memoria de los tiempos amargos
ojalá no me acuerde de lo que padecí
ojalá que no vuelva nunca a echarte de menos.

Ojalá mis poemas no te nombren siquiera
ojalá que la noche no me traiga tu sombra
ojalá que tu nombre sea el nombre de nadie
ojalá que la vida me regale otra vida
en la que no estés tú, ni tu voz ni tu cuerpo
ojalá que el rencor no haga nido en mi alma
para poder mirar frente a frente a otros ojos
ojalá que mi espalda nunca extrañe tus manos.

Ojalá que amanezca un día sin que encuentre a tu fantasma
compartiendo el aroma del café en la cocina
ojalá la tristeza se borre de estos muros que nos vieron amarnos
ojalá que me fume un cigarro después
sin que el humo te busque en el vacío.

Ojalá mis poemas no te nombren siquiera
ojalá que la noche no me traiga tu sombra
ojalá que tu nombre sea el nombre de nadie
ojalá que la vida me regale otra vida
en la que no estés tú, ni tu voz ni tu cuerpo
ojalá que el rencor no haga nido en mi alma
para poder mirar frente a frente a otros ojos
ojalá que mi espalda nunca extrañe tus manos.

domingo, 24 de julio de 2016

EL CANTO DEL CISNE

Como dicen que canta el cisne ante su muerte,
nosotros entonamos el canto más sublime
cuando era inevitable la agonía.

¡Qué fuegos de artificio iluminaron
las noches más oscuras!
¡Qué luces de neón nos aturdieron!
¡Cómo falsificamos la cruda realidad
sabiendo que morir en el intento
era lo previsible!

Quizá fue la certeza del fracaso
lo que nos hizo amarnos de aquel modo
y entonar nuestro canto de cisne agonizante.