lunes, 3 de octubre de 2016

NO LLOVÍA EN CÓRDOBA

Quién sabe cuántos días caben en el olvido.
(Rodolfo Serrano)

Aquel fue un día extraño, tan extraño
que en Córdoba llovía
como no recordaban los más viejos.

Pero no hay que volver
nunca al lugar del crimen
porque probablemente no haya lluvia,
el cielo será azul y no estarán
los rincones oscuros por los que nos besábamos
igual que adolescentes
en el barrio judío.
Apenas nos cubría tu paraguas
del chaparrón de besos.

Ocurre que el recuerdo se cambia en otra cosa,
las calles se confunden, no se encuentra
la plaza diminuta donde estaba escondido
aquel hostal con plantas en el patio
y todas las esquinas son exactas.

Los turistas invaden con sus cámaras
la curva infinitud de la Mezquita
donde quedó prendido nuestro asombro,
nuestras manos negaban el presente imposible
sin soltarse al pasar por las columnas.

Y ya no sé, después de algunos meses,
si aquello fue verdad
o fue tan irreal como la lluvia.

Lo único que sé es que quemaba el sol
y ese brutal azul no era el de entonces.
Mas yo pisaba charcos
y diluviaban besos por las calles de Córdoba.