Está acabando el día y tengo que decirte
que ha resultado ser como otros tantos
desde la fecha incierta
en que me acostumbré a tu absurda muerte.
Es día diecinueve y no ha ocurrido nada
que no ocurriera ayer o hace tres años;
la vida ha continuado como siempre,
sólo la misma rabia silenciosa
de tus fotos estáticas,
de tu sonrisa quieta,
de la voz inaudible de tu ausencia.
Y ya no sé siquiera si me duele
o soy otra mujer distinta de tu madre;
ya no sé lo que queda de mi llanto,
se ha mezclado con otros
que hoy impone la ley del calendario.
Me estoy haciendo vieja mientras tú
sigues siendo tan niño como antes.
Tus amigos son hombres ya crecidos,
los veo y sólo pienso: así serías,
con el condicional eterno, inevitable.
Y es que la vida
ha seguido, mi amor, como si nada.
lunes, 19 de septiembre de 2011
lunes, 12 de septiembre de 2011
DOS EUROS
La anciana tenía buena pinta; cuidadosamente vestida con un conjunto mil veces lavado que bien podía ser el de los domingos, chaqueta y falda de color blanco o beige muy pálido con un estampado menudo en negro, o a lo mejor era marrón; bien peinado su pelo blanco, esa noche se había puesto los bigudíes; zapatos ortopédicos. Su cuerpo formaba un ángulo casi recto, encorvado desde la cintura; su mano derecha se aferraba a una muleta.
Dos mujeres -seguramente madre e hija- una joven y la otra de esa edad indefinida que puede abarcar desde los cincuenta a los sesenta y pico, charlaban de sus cosas plácidamente sentadas en una terraza delante de unas cervezas. Hacía muy buen tiempo ese domingo.
-¿Qué tal las vacaciones en la Toscana? -preguntaba la madre.
-¡Fenomenal, una verdadera gozada! Tienes que ir -respondía la chica joven entusiasmada.
-Imposible, estoy sin blanca -se quejaba la mujer madura- lo más que llego es a pasar una semana en Galicia, en una casa rural baratita.
-¡Pues anda que yo! -añadía la hija, señalando el borde deshilachado de sus pantalones- estoy tiesa, no puedo ni comprarme unos vaqueros nuevos; mira cómo tengo estos.
La madre y la hija siguieron conversando durante un buen rato de lo mal que está la cosa, del trabajo, de los amores; mientras, la anciana, apenas sosteniéndose sobre sus maltrechos pies, revolvía con la muleta entre la hojarasca amontonada en el surco del seto de aligustre que rodeaba las mesas. ¿Qué buscaría? pensaba la madre. ¿Un pendiente? ¿Quizá su alianza?
Casi terminando la caña no pudo resistir la curiosidad y se acercó a la vieja:
-¿Ha perdido usted algo? -le preguntó solícita- ¿Puedo ayudarla?
La anciana, torciendo con dificultad la cabeza y señalando con la muleta hacia arriba, respondió con gesto de consternación:
-Se me cayó por la ventana. Una moneda de dos euros y...
La mujer madura iba a echar mano al monedero, pero... ¿qué hacer? no era una mendiga, quizá se ofendiese si...
-¡Está aquí! -exclamó la hija levantando con júbilo la moneda que encontró entre la tierra.
-Pero... ¡si he mirado por ahí! -se asombró la anciana con los ojos sin color muy abiertos- ¡Ay qué alegría! ¡Muchas gracias, hija, muchas gracias!
Y se fue renqueando despacito, apoyada en su muleta. Sonreía.
-¿Qué le debo? -preguntó la madre al camarero.
-Poco dinero, sólo dos euros.
viernes, 2 de septiembre de 2011
POR SI ALGUIEN ME ESPERABA
Creo en ti,
anónimo enemigo o indescifrable amigo,
en todo lo que puedes hacer para cambiarme,
para secar al sol tanta tristeza que no tiene motivo y sí remedio.
(José Luis Zúñiga)
Sé que fallo mil veces cada día
a ti y a ti y a todos
los que de mí quizá esperaban algo
que no he podido dar
o no quise saber que lo esperaban.
Yo sé que casi nunca doy la talla,
que no estoy en el sitio ni a la hora
en que fuera mi abrazo necesario
y mi silencio se tornara sólido,
líquido o gaseoso,
pero diera calor a la tristeza
de todos los que amo,
y ni siquiera pueden sospecharlo.
Pero dejad que encienda un cigarrillo,
-uno más
y no sé ni me importa cuántos llevo-
y me sirva el penúltimo gin-tonic.
Prometo que mañana saldrá el sol
y una vez más haré buenos propósitos.
martes, 30 de agosto de 2011
EL PRESENTE
Hoy todo lo que escriba será un plagio
del anónimo verso endecasílabo
que tu aliento derrama por mi espalda
para borrarme el nombre y la conciencia,
las edades, las culpas y los miedos,
el pasado evidente y el futuro
que no quiero soñar por si se rompe.
Sólo soy este instante adormecido
en el cálido abrazo del presente.
del anónimo verso endecasílabo
que tu aliento derrama por mi espalda
para borrarme el nombre y la conciencia,
las edades, las culpas y los miedos,
el pasado evidente y el futuro
que no quiero soñar por si se rompe.
Sólo soy este instante adormecido
en el cálido abrazo del presente.
miércoles, 24 de agosto de 2011
LOS OTROS
¿Podrías comprender
que no te quiero menos
por amar a la vez a mucha gente?
¿Podrías entender que lo que aprendo
de todos los demás,
de las vidas que amo, me enriquece?
¿Podrías apreciar
que yo soy la que soy
por todo lo que absorbo de los otros?
Ahora llego hasta ti
tan cargada de vida
que me duele la espalda,
tan cargada de muerte
que me sangran las manos
y los ojos me lloran ginebra a borbotones.
Dibujo de Manuel Gago Quesada tomado de la red.
martes, 9 de agosto de 2011
EL ADIOS
Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas.
Por eso no esperes más, hazlo hoy...
(Gabriel García Márquez)
Toda la vida diciéndonos adiós,
siempre llegando tarde a nuestra cita;
nuestros caminos siempre se cruzaron
en el punto preciso del silencio,
ese desde el que no existe el retorno.
Solo una noche estuvimos a punto
de cambiar el sentido a nuestros pasos
y nos faltó valor
para saltar la valla establecida.
Quizá tuvimos miedo a disolvernos
en la gris realidad de la costumbre,
quizá quisimos preservar los sueños.
Nos hicimos mayores
volviendo levemente la cabeza,
diciéndonos adiós como el que muere.
Ahora,
antes de envejecer definitivamente
nos damos el adiós incontestable.
Yo seguiré viviendo, siempre sigo.
Solo queda el intento
de encerrar nuestra historia en un poema.
martes, 26 de julio de 2011
LA FUENTE NUEVA
A mis dieciséis años conociste
la exacta dimensión de mi cintura,
la virginal tersura de mi vientre,
la adolescente fruta de mi pecho
sobre el banco de piedra de la fuente
donde muy poco antes
todavía cazaba renacuajos.
El cielo de Sigüenza en esa noche
dilapidaba estrellas como si le sobraran
y nosotros, en tanto,
perdíamos la cuenta de los besos.
Era todo demasiado perfecto,
despertamos la envidia de los dioses;
de unos dioses siniestros e implacables
que unos años más tarde y sin invitación
vinieron a instalarse en nuestra casa
y a robarnos la vida, el sexo y la ternura.
A ti te arrebataron el futuro,
te dieron el cambiazo
por otro hecho de sombras y amenazas
y te quedaste solo,
acosado en tu mundo indescifrable.
Y de mí consiguieron con paciencia
digna de mejor causa
-les costó veinte años pero al fin lo lograron-
que dejara de ser buena persona.
Perdóname si no estuve a la altura
de tu sin par mente maravillosa.
Perdona que me fuera huyendo de mí misma,
de la maldita suerte, del destino,
de no saber amar lo suficiente
para encontrar en ti
lo que anduve buscando por ahí sola.
¡Qué te voy a contar que tú no sepas
de mis palos de ciego,
de los clavos ardiendo a los que me agarré
para luego caer
de nuevo con las manos abrasadas!
Por si acaso el expolio fuera poco
los dioses del dolor se llevaron al hijo
y no pudimos ni llorarlo juntos.
Hoy,
que han pasado mil años
y la muerte escondida nos acecha,
déjame que reviva al menos esa noche,
saber que hubo un momento en que fuimos felices
sobre la piedra de la Fuente Nueva.
Y el cielo de Sigüenza
dilapidando estrellas a lo loco.
miércoles, 13 de julio de 2011
SUEÑOS
Pero lo que hay en mí que vale algo,
eso, ni lo pudiste sospechar.
(Gustavo Adolfo Becquer)
Me acerco a tu recuerdo con sigilono quiero despertar a tu fantasma,
solo yacer callada a tu costado
y revivir el beso que tú sabes.
Me pregunto
si también tú te pierdes en la noche
cuando las cosas no son como soñamos.
Pero no me lo digas, tengo miedo
a amarte demasiado y que luego no existas.
¡Es tan duro saber que ni sospechas
lo que de mí merece ser amado!
Déjame que te sueñe mientras duermes
con las defensas bajas,
permíteme soñar que tú me sueñas.
martes, 12 de julio de 2011
EL CRISTAL
Voy hacia ti con miedo,
presintiendo el cristal que nos separa.
Sé que está ahí,
que detendrá mi impulso de abrazarte,
pero aun así me acerco por si hay suerte
y me vuelvo incorpórea y atravieso
la barrera de hielo que me quema.
Hace tanto calor en este invierno
que nuestras manos se han quedado mudas
y nuestra voz está paralizada.
Es necesario que una de estas noches
nos asalte una helada que nos funda,
que revienten las nubes,
que sobre nuestros cuerpos llueva a cántaros
y después la lujuria nos cobije.
Es preciso que el hielo nos abrase.
presintiendo el cristal que nos separa.
Sé que está ahí,
que detendrá mi impulso de abrazarte,
pero aun así me acerco por si hay suerte
y me vuelvo incorpórea y atravieso
la barrera de hielo que me quema.
Hace tanto calor en este invierno
que nuestras manos se han quedado mudas
y nuestra voz está paralizada.
Es necesario que una de estas noches
nos asalte una helada que nos funda,
que revienten las nubes,
que sobre nuestros cuerpos llueva a cántaros
y después la lujuria nos cobije.
Es preciso que el hielo nos abrase.
domingo, 10 de julio de 2011
EL DÍA QUE TE MATARON
Hoy te han matado y, rara paradoja,
te han devuelto a la vida
porque tus asesinos han logrado
que de nuevo volvamos a ser jóvenes.
No venimos tampoco nosotros
ni de aquí ni de allá,
somos de cualquier sitio y cualquier tiempo.
desde donde se atisben las razones
que viste con los ojos cegatos de tu perro,
Jhon Parker Dimitrisky.
Jhon Parker Dimitrisky.
Hace miles de años que estás muerto
en la bruma falaz de la memoria
y hoy tu sangre de nuevo te revive.
Te han matado los que vuelan tan alto
que no alcanzan a ver a los que sufren,
a los que viven,
a los que vuelan bajo, a ras del suelo
donde crecen las flores
y los hombres que dicen las verdades.
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