

Me desgañité gritando hay mucha gente con el Presidente, Za-pa-te-ro noes-tás-solo y contra ETA u-ni-dad, u-ni-dad, porque me parece una indecencia la utilización que se ha hecho del terrible atentado de la T4. Y no vale todo para recuperar el poder.
A mí la boca me pierde, y no sé si un blog es el sitio más indicado para hablar de estas cosas. A lo mejor debería decir que estábamos en la calle para condenar un atentado. Pero eso es innecesario. Las manifestaciones son un arma política y esta vez nos ha tocado a nosotros, que ya era hora. Llevamos asistiendo a un embarramiento premeditado de la política desde hace casi tres años. Viendo a los líderes del PP bajo pancartas en las que se llama asesino al presidente del Gobierno, escuchando insinuaciones de que el 11-M poco menos que lo preparó el Partido Socialista. Ya está bien, señores, hasta aquí hemos llegado. Ayer la calle fue nuestra y se respiraba aire fresco. No hubo insultos, sólo alguna coña ¿Donde están, no se ven los obispos del PP?, ¿Dónde está, no está aquí el alcalde de Madrid? y se presentía que la Espe no venía, pero ni una mala palabra para nadie; aplausos a los ecuatorianos y el manifiesto, impecable.
¿Cuánta gente? No lo sé, mucha. La suficiente para sentirnos fuertes. Una inyección de moral frente a tanta insidia. Abrazos, sonrisas cómplices, buen rollito, no estamos solos, somos muchos, que parecía que nos habían acojonado. Me encantaría ser tan optimista como para creer en la b

La Cibeles nos contemplaba desde su trono mojado y sonreía. Ahí está, ahí está la Puerta de Alcalá, recibiendo nuestro optimismo, nuestra fuerza y ofreciendo al pueblo ecuatoriano un Madrid abierto a todos. Sentí que el corazón se me esponjaba. Fue una terapia de reencuentro con los míos. Repito, llevaba muchos meses tragando quina y necesitaba esta inyección. Luego estuve por Huertas. La mani por la PAZ se fue de copas. En todos los baretos había gente con pegatinas Por la PAZ y contra el terrorismo. ¡Qué bien me sentía!