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Recuerdo una vez, hace algunos años, una noche que el Real Madrid había ganado algo importante, no sé si era la liga o la novena copa de Europa, que nos fuimos a Cibeles tocando alegremente el claxon por la carretera de La Coruña, pi, pi, pipipi, entre otros muchos coches que sacaban banderas blancas por la ventanilla. Uno de aquellos conductores, contestó muy serio a nuestros pitidos que menos fútbol y más leer, como si fuera incompatible. -A mí no me interesa el fútbol, yo leo, nos espetó con infinito desprecio, seguramente era un intelectual. Los que no son futboleros no pueden entender ni la euforia desatada ni la desolación colectiva que se desparramaba por las calles de Madrid este 2 de mayo en el que la carga de los mamelucos nos laminó en el Bernabeu. Los que somos futboleros tampoco lo entendemos ni lo podemos racionalizar. No tiene ningún sentido que una victoria nos haga olvidar -aunque sólo sea por un rato- las angustias y los problemas de cada uno ni que una derrota tan aplastante como la de anoche nos hunda en un pozo de amargura, afortunadamente, también por un rato. -Sólo es un partido, repetimos como un mantra tratando de conjurar nuestra tristeza y nuestra rabia. Y es que esto del fútbol es un vehículo para canalizar las pasiones, sobre todo los más bajas; hasta el punto de que no sé qué nos produce más placer, si la victoria de los nuestros o el hecho de que los rivales muerdan el polvo. Sólo hace falta escuchar con un poco de atención los gritos de las hinchadas ganadoras, que en un altísimo porcentaje están más dirigidos a humillar al contrario que a ensalzar al vencedor. Esto es así, e intentar imbuir de racionalidad al forofo es perder el tiempo, entre otras cosas porque se desvanecería gran parte de su esencia, que consiste básicamente en joder al adversario.
Cuando esta mañana he bajado a comprar el pan a una tienda de mi barrio, el tendero ha despedido a un parroquiano diciéndole con un punto de mala leche: -adios, hombre, que te lo pases hoy mejor que anoche. Y, bueno, así es la cosa.
Siendo políticamente correcta -o correcta a secas- no me queda otra que felicitar a los culés, aunque me ha brotado un sarpullido de envidia en lo peor de mi misma y estos picores sólo se me aliviarán si el Chelsea los elimina de la Champions.
Pues eso, que enhorabuena al Barça y a esperar tiempos mejores, que llegarán tarde o temprano. Por lo menos no marcó Eto'o, hubiera sido demasiado.
No voy a colgar el himno del Barça que sería lo suyo, porque no soy masoquista. Así que entonemos el "Gracias a la vida" que, a pesar de todo, nos ha dado tanto.