
Ybrim tiene razón cuando asegura que sí, que hay gente imprescindible. El mundo seguirá, me temo, pero desde el día veintiséis será todavía un poco peor, todavía un poco más triste, todavía un poco más sórdido, todavía un poco más feo. Paul Newman era necesario para que el mundo fuera un poco más vivible.
Ayer leí un artículo de no me acuerdo qué periodista varón y heterosexual que decía con mucha gracia que la belleza de Paul Newman le hacía dudar de su propia sexualidad; yo lo que creo es que tanta perfección está por encima del sexo, que es sólo para estremecerse mirándole, como quien mira una obra maestra. Soñar con poseerlo son ganas de sufrir, igual que la pobre gata, ardiendo sobre el tejado de zinc. Porque es imposible poseer unos ojos líquidos que miran desde tan dentro y besar una sonrisa indescifrable. Siempre me han dicho que no se puede poseer a dios. ¡Qué méritos no tendrá Joanne Woodward!
Hace casi veintiocho años, cuando murió Steve McQueen, otro de mis amores, me daba vergüenza llorar pero pude camuflar mi llanto en una supuesta depresión post parto, aprovechando que acababa de tener a Marta. Ahora no se me ocurre ninguna excusa pero como soy mucho más vieja y tengo menos vergüenza, creo que me voy a permitir el lujo de confesar públicamente que siempre he amado en silencio a Paul Newman y que no sé como voy a poder superar este golpe.